Un cartel cargado de grandes estrellas, momentos históricos, algún que otro “guilty pleasure” que aceptan hasta los más puritanos y una ristra de nombres nacionales que mueven masas. Así fue como el Dcode se marcó una de sus ediciones más multitudinarias y nos convenció de que está sano y listo para crecer. Ha sido un gran año para el festival, su edición más conceptual, con el rock como bandera, ha conseguido darles el reconocimiento que llevan buscando desde hace años. Es innegable que desde su primera edición no han parado de tener ciertos altibajos, se han dejado la piel buscando su identidad y han luchado por captar y retener a un público fijo. Y sí, puede que con la cita del 2017 hayan obtenido la posición que se merecen.

Colocar a dos potencias nacionales como son Iván Ferreiro y Miss Caffeina en horario de mañana les aseguraba llenar desde primera hora. Una enorme cola rodeaba el campus de la complutense cargada de comentarios y nervios por la posibilidad de no llegar a tiempo para verles. Coros interminables, una entrega total del público y grandes carencias sonoras. Así se resume el paso de Miss Caffeina por el festival. La banda tiene muy claro su posición en la industria de este país. Lo que ha supuesto entrar en las radios y medios comerciales con su último álbum. Por esta razón, no dudan en jugar con sus fans como si de una banda llenaestadios se tratara. Bromear, charlar, seducir a sus seguidores, olvidarse de los grandes éxitos y entregarse a “Detroit”. Y no, no salió Iván Ferreiro a interpretar “Oh Sana” con ellos pese a la cercanía de horarios. Los problemas de sonido fueron evidentes en temas como “Hielo T” donde costaba distinguir un solo acorde entre tanto ruido. Aún nos cuesta entender cómo dándole tanto peso al Escenario 3 la calidad técnica de éste no fuera equiparable a la de los otros dos.

Por otra parte, Iván Ferreiro salió perezoso al escenario desde el minuto cero. Se marcó algún que otro parón, volviendo a repetir los temas hasta lograr que le gustaran y nos dejó con la boca abierta invitando a Dani Martín al escenario para cantar con él “El equilibrio es imposible”. Una visita que provocó euforia y críticas a partes iguales. Y es que seguramente muchos de ellos no recordaban que no era la primera vez que ambos compartían escenario. Hace once años, Dani Martín cantó con Ferreiro “Promesas que no valen nada” en un multitudinario concierto en el Vicente Calderón. Y sí, aún era El Canto del Loco.

Llegada la tarde, aún estábamos estacionados en el tercer escenario esperando dos de las propuestas más interesantes y llamativas del cartel. La sombra está cara y Marem Ladson nos invita a seguir tostándonos junto a ella y eso hacemos. Cantos de sirena en los que caemos rendidos en pocos segundos, demostrando que es la justa ganadora del concurso Bdcoder de este año, con una voz sedosa y mucho magnetismo y presencia sobre el escenario. Anuncia que su primer disco verá la luz en 2018 y ganas tenemos ya de hincarle el diente, tras el buen sabor de boca que nos dejan cortes pop folk como “All my storms” o “Coming Home”.

La Femme pisan el Escenario 1 y cuelgan la bola de espejos en la primera nube que pasa, haciéndola girar con cada uno de sus temas. Pop yeyé vaporoso de los 60, con toques rockabilly y surferos, cargado de teclados y sintetizadores que nos teletransportan al guateque más psicodélico de la novelle vague. Así nos contoneamos en la deliciosa “Où vale monde’, nos quebramos las caderas en “Sur la planche 2013” y saltamos en el ojo del huracán en la apoteosis final de “Antitaxi”, con el teclista harinado a lo Tony Montana entre el público dando empujones. Uno de los shows más divertidos y efectivos de esta edición.

Band Of Horses

 

Carlos Sadness, melena al viento y ukelele en mano, cierra gira junto a su banda y nos sumerge una vez más en los ritmos tropicales y festivos de su repertorio, con adelanto incluido de un tema que formará parte de su próximo disco. Miles de incondicionales cantan cada uno de sus hits, de “Amor Papaya” a “Miss Honolulu” o “Qué electricidad” de su último largo “La idea salvaje” (2015), pasando por “Au Revoir” y “Hoy es el día”, dejando la traca final para la versión que han hecho suya de “Groelandia” y “Monteperdido”.

La fiesta continua a poco metros con los alemanes Milky Chance, que repiten su formula ganadora en el nuevo disco que traen bajo el brazo, “Blossom” (2017), con “Cocoon” como tema más afilado en directo. Pero la sombra de “Stolen Dance” es alargada (en un mundo mejor habría sido canción del verano) y con ella llega la cima y el fondo de su actuación.

Sobre las cinco y cuarto, una adictiva y cañera Charli XCX nos demostró que con poco se puede conseguir todo lo que quieras. Con una puesta en escena repleta de espejos y rosas, la británica no dejó de saltar y bailar desde el minuto cero. Con una capacidad vocal bastante correcta, una entrega total con el público y unas coreografías dignas de las mejores clases de step; nos conquisto a todos por completo. Pudimos disfrutar del mítico “I Love It” de Icona Pop en directo, ya que ella es la compositora, de “Fancy” aquel “summer hit” del 2014 que lanzó junto a Iggy Azalea y como añadido ese “1 Night” que lanzó junto a Mura Masa. Un repertorio que nos hizo entregarnos a la pista de baile y tener ganas de más.

Tras ella, Daughter conseguía firmar uno de los conciertos más emocionantes y especiales del día. Bastó solo la subida al escenario de Elena Tonra para ver cómo el público se dejaba las manos aplaudiendo y levantaba carteles con la frase “I need my medicine” en relación con uno de los primeros temas de la banda. El espectáculo prometía y los seguidores del grupo tenían muchas ganas de tenerles cerca de nuevo. La selección daba igual, todos los discos de Daughter han sido acogidos por los fans como auténticas joyas. Eso sí, “Youth” sigue siendo una de esas canciones que te ponen los pelos de punta en directo desde el primer acorde y volvió a pasar. La voz de Elena es especial, pero lo mejor era ver la riqueza instrumental de la banda, cómo crecían al margen de su líder y empastaban de forma perfecta. Además, los británicos se mostraron enormemente sorprendidos por la acogida y no pararon de agradecer la entrega del público hasta el final del espectáculo.

El baile ha terminado, los altavoces escupen “Fuckin’ in the Bushes” y llega la hora de recibir a la “Rock n roll star” de la noche, tema que elige Liam Gallagher para romper el hielo y primer grito colectivo que gana la nostalgia: “Tonight I’m a rock ‘n’ roll star”. Seguida de una enérgica ‘Morning Glory’, himno brit pop que nos hace frotarnos los ojos, demostrando que, si Noel es el alma de Oasis, Liam sigue siendo la carne y los huesos. Ese fraseo nihilista, voz intacta de una rabiosa generación, acompañada de su pose chulesca marca de la casa (manos atrás y cabeza erguida con los labios pegados al micro), más indumentaria de barbacoa fallida por la lluvia en el jardín de su casa, acentúan ese aura canallesca y pasota que, odiosamente, tan bien le sienta. Lástima que falten unas semanas para que vea la luz “As You Were”, ya que ante tanto hit generacional, el bloque de cuatro temas del nuevo disco, del que cantará poco después dos más, queda un poco plano y desdibujado, aún cayendo de pie y sonando potente, sobretodo las dos piezas con las que ya están familiarizados nuestros oídos, “Wall of Glass” y “For What It’s Worth”. Hasta “Soul Love”, de sus también desaparecidos Beady Eye, suena extranjera entre “Slide Away”, Cara B con espíritu de Cara A, o una “Be Here Now” cantada a tumba abierta. Y para el final la eternidad y un día con “Wonderwall”, karaoke de combustión instantánea en el que se desgañitan y salvan los 25.000 presentes, mientras se pierde más de una lágrima en el césped.

Interpol

Frente a Band Of Horses, Maga buscaba su hueco en el festival tirando de clásicos y grandes éxitos que todos nos sabemos. Nos pasamos para ver a la banda en formato eléctrico con su último álbum. Nos gusta la precisión de Miguel para que cada guitarra dé lo que cada canción necesita. Para que los sintes no tapen la voz, la letra, lo más bonito de cada uno de los temas. Por esa razón, nos dio rabia que de nuevo en el escenario tres el sonido volviera a fallar y nos encontráramos con unos Maga entrecortados, con silencios, problemas con el micrófono y grandes desajustes. Nos llegamos incluso a plantear si de forma previa la banda tuvo tiempo de realizar una prueba de sonido o se tuvieron que enfrentar al festival de forma directa. No pudimos disfrutar de Maga como se merecían pero igualmente nos gusto ver que pese a la competencia aunaron a un gran número de asistentes.

El festival ha alcanzado ya velocidad de crucero y toca adentrarse en el bosque épico y armónico de Ben Bridwell y sus Band Of Horses, otra de las apuestas ganadoras que repiten en el festival. Banda que también cierra la gira mundial de su “Why Are You OK?” (2016) por estos lares, con “Casual Party” de bandera y un ramillete de clásicos que iluminan más que las luces de los tres escenarios Dcode juntos, como “Is There a Ghosh”, “No One’s Gonna Love You” y los fuegos artificiales finales de “The Funeral”.

Luces rojas, nervios, llantos, gritos y emoción. No todos los días se vuelve a vivir en directo un álbum tan inmenso como el “Turn On The Bright Lights” de Interpol. Era una gira importante, la banda debería demostrar al público acumulado a lo largo de los años las razones por las que su debut les catapulto de golpe hasta lo más alto de la música independiente. “Untitled”, “Obstacle 1”, “Nyc”… Fueron cayendo en orden y sin tiempo para respirar todos los temas del álbum. Precisos, seductores y potentes. Interpol no suelen fallar demasiado con sus directos. Eso sí, conforme avanzaban los temas de su debut, las ganas de escuchar los grandes hits del resto de la carrera de la banda crecían. Interpol no han parado de evolucionar en todos estos años y, aún con muchos enemigos por el camino, se les reconoce un repertorio de hits intachables. “Bueno, me encanta estar aquí en Madrid tocando nuestro primer disco. Me falta solo una canción. Este es nuestro último concierto de la gira y queremos dar las gracias a todos”, Paul Banks no dudó en hablar en español a la hora de dirigirse a los fans y hay que reconocer que el resultado fue bastante digno. Tras el cierre del “Turn On The Bright Lights”, recuperaron tres temas de “Antics” (“Not Even Jail”, “Slow Hands” y “Evil”), posiblemente el disco que más ha marcado a la banda, consiguiendo así una despedida por todo lo alto.

Exquirla

A Exquirla le tocó compartir franja horaria con Franz Ferdinand (el supuesto concierto más esperado del festival). Aún así, el atractivo del proyecto hizo que el público más crítico y alternativo apostara por ellos. La intensidad de Niño de Elche, la armonía que consigue junto a la tensión y fuerza de Toundra. Hace que en el directo consigan reflejar a la perfección esa atmósfera tan especial que han conseguido en su disco debut. Eso sí, la propuesta no era la más idónea para las condiciones del festival. Terrible posición horaria, penúltimo concierto del escenario más pequeño del festival, mala acústica… Todo llevaba a que un trabajo tan cuidado como Exquirla se convirtiera en una propuesta más de relleno del festival. Una pena.

Comenzaba a refrescar la madrugada y Alex Kapranos, con cabellera oxigenada, salía a escena con un bidón de gasolina en una mano y en la otra un puñado de cerillas. Pocas bandas tienen un repertorio tan incendiario y divertido como Franz Ferdinand, así disparan las pulsaciones desde que pisan el escenario con “Stand on the Horizon”, seguida de “Walk Away” y ese bajo que enciende la mecha de la explosiva “Jacqueline”. La Luna baila en “No You Girls” y “Ulysses”, y saltamos como sino hubiera mañana en “Love Illumination”, “Do You Want To”, “The Fallen” o la esperadísima “Take Me Out”, en la que tiemblan los cimientos del recinto deportivo de Cantarranas y de toda la Ciudad Universitaria. La corona era suya antes de salir y no hay tregua hasta el final, con tema nuevo incluido, “Always Ascending” y dos ases más de su disco homónimo de 2004, “Darts of Pleasure” y la llamarada incontrolable de “This Fire”, que termina por arrasar con todo en otro karaoke de azufre: “This fire is out of control, I’m going to burn this city, burn this city!”.

Franz Ferdinand

Nos acercamos a la clausura y The Kooks conseguían mantener aún el buen rollo y las ganas de fiesta que arrastrábamos desde Interpol. Efectivos y con un repertorio de temas de los que sin darte cuenta terminas cantando prácticamente en su totalidad. La banda se encuentra en plena celebración de 10 años de carrera y lo han hecho con un grandes éxitos en la calle. Ningún lanzamiento posterior ha podido aún tapar la fuerza del debut de los británicos y en sus conciertos esto se aprecia en su mayor expresión. “She Moves In her Own Way”, “Ohh La” y “Naive” fueron los temas más coreados y aplaudidos de la cita. Aunque, curiosamente, siempre hay un hueco para aquel “Junk Of The Heart” con el que cambiaron de sonido y nos conquistaron desde la primera escucha.

Al terminar The Kooks el desalojo del recinto fue evidente. Una gran marea de gente abandonaba la edición y dejaba de lado a las últimas propuestas de la noche.La batería se nos acaba y aunque la velada ha trascurrido en el mejor de los ambientes, ya empiezan a florecer personajes pasados de rosca a los que poco les importa la música, por lo que decidimos ir recogiendo, pero no antes de despedirnos del Escenario 3 con Varry Brava, que tienen montada una buena fiesta con “Sonia y Selena” de la que no podemos escapar, hasta desaparecer en el asalto final de “Fantasmas”.

Suena la cabecera de “Stranger Things”, con las letras de Él y Ella bordadas en neón rojo sobre el escenario (misma tipografía que el título de la serie), remezclando la sintonía con el “Wonderwall” de Oasis, cerrando el círculo y reavivando las llamas bajo una lluvia de confeti, en la que se rompe bailando hasta el mismísimo Demogorgon.  El escenario #1 decía adiós mientras tanto con unos desorientados Yall que intentaban dar un punto de electrónica a la cita. Una enorme falta de gusto en la selección de los DJs donde reinaba una electrónica de corte comercial, un par de vistosas proyecciones y una actitud chulesca. Yall no consiguieron convencer al público de que son algo más que un grupo destinado a crear música para anuncios de televisión. Eso sí, puede que esta edición se les quedara un poquito grande y no fuera la cita perfecta para demostrarlo.

Al terminar, como si de una batalla de la tierra media se tratara tocaba luchar por sobrevivir e intentar conseguir pillar un taxi para regresar a casa. Las colas para acceder al autobús eran interminables y el paseo de vuelta a Moncloa es la elección más dolorosa. Pero bueno, este año nos vamos con una sonrisa y muchas ganas de conocer el cartel de la edición 2018. Larga vida al Dcode.