Los que hayan tenido la oportunidad de consultar, durante estas dosúltimas semanas nuestra Mondoweb ya habrán constatado queJuan Motos de Badalona fue el afortunado lector al que le toco en graciaviajar a Munich para presenciar el macro-concierto que nos ocupa. Él,Rosa (su simpática acompañante), Gloria de Dr. Music y unservidor, en su humilde rol de redactor de esta revista, nos embarcamosen una experiencia que además de acelerada e intensa resultóhúmeda. Alemania nos acogió con una lluvia fina pero insistente.Una lluvia que estuvo incordiando durante todo el concierto pero que mágicamentedesapareció a última hora, respetando a los cabezas del cartely a los infortunados latinos que, listos de nosotros, habíamos olvidadoel chubasquero. Afortunadamente, no hay mal que por bien no venga, y yade buena mañana nos íbamos a llevar la primera sorpresa. No estaban incluidas en el cartel, pero tras frotarnos repetidamentelos ojos… ¡eran ellas!. Donita Sparks y sus L7. Las aguerridas californianasdesgranando los temas que componen su espectacular último Lp “TheBeauty Process”, con una energía y entrega poco habitual paraun grupo al que le toca abrir un cartel que contiene bandas de inferiorcategoría e historia que ellas. ¿Cuándo las trataremoscomo realmente merecen estas perversas y salvajes damiselas?. A L7 les sucedióFluke, una banda alemana que se sumerge en las últimas tendenciasde baile a las que son tan aficionados sus compatriotas. DespuésApollo 440, otro combo de baile, que gracias al sampler de un riff de VanHalen han cosechado el reconocimiento masivo del público menos exigente.Demostraron que en directo su propuesta gana enteros por aumentar la intensidadeléctrica, perdiendo parcialmente los ritmos anodinos que acabanimponiéndose en su segundo y reciente nuevo trabajo “ElectroGlide in Blue”. Cuando Biohazard salió a escena la lluvia caía de talforma que de hacerse el concierto en estos lares se hubiera suspendido almomento. Sin embrago, y frente a un público totalmente entregadoal hardcore atronador de los de Brooklyn, el concierto no sólo serealizó, sino que ganó en espectacularidad bajo aquella intensatromba. Llegados a este punto, y calados literalmente hasta los huesos,tuvimos que escapar rápidamente a cambiarnos, perdiéndonosla actuación de New Model Army. Por suerte cuando regresamos la lluviahabía cesado y Bad Religion se entregaban sin demasiada pasióna eso del directo. Cada día más añejos y másautofagocitados en sus propios tics, nos confirmaron que su reino ya noes de este mundo. Por fin David, el gran David Bowie hace acto de presencia.La capacidad que tiene este hombre para adaptarse a cuanta tendencia vanguardistase le ponga por delante, renovándose sin perder ni un ápicede su estilo y carisma es francamente encomiable. “Earthling”,sin ser un trabajo espectacular, está lleno de buenos momentos yde temas muy aprovechables en directo como se encargaría de demostrarbajo el cielo alemán. Salió a escena enfundado en un trajede lino blanco y ataviado con una levita del mismo color. Inicia élsólo su set acompañado de una acústica para interpretarun clásico de la altura de “Quicksand”, su figura rezumaelegancia, dominando el escenario y al público con una sonrisa kilométrica.Se lo está pasando en grande y lo celebra con “Dead Man Walking”de su último disco. Más tarde, tal y como hizo en Escalarre,se desmarca con una versión del clásico de la Velvet “WhiteLight…” que suena actualizada al igual que “Seven Years in Tibet”también de su último disco, un tema que conecta con una renovadarevisión de “Fame”. Pequeños trucos sampleados apoyanla extraordinaria precisión de una banda en la que destaca ReevesGabrels a la guitarra, auténtica mano derecha del jefe. “UnderPresure” y la figura de Mercury en nuestras mentes nos embarcan enun viaje hipnótico rematado por una impresionante recuperaciónde “Scary Monster”. El pop, el blues, el trip hop y el carismadel gran Duque copulan juntos y por fín puede afirmarse que ÉLha encontrado su sitio. Tras sus despistes y devaneos populistas de losochenta o sus raros inventos de los primeros noventa (léase Tin Machine),un status que confirma en su directo con temas como “Hallo Spaceboy”o “Little Wonder” con la que finalizó. Y lo que deberíahaber sido un loco fin de fiesta con la banda de moda del momento, Prodigy,acabó en unos desangelados cincuenta minutos de esta nueva parodiadel modernismo radical. A Prodigy le sobra morro y le falta dotar a susdirectos de mayor espectacularidad. Porque a mi, francamente, por muchoque el angelito de los pelos de punta se pase meneando la cabeza como unborrego de una lado a otro del escenario, mientras escupe al públicoy luce piercing en la lengua, me la trae bastante floja. Cierto es que supropuesta invita al baile más salvaje, pero en directo le falta consistenciay no estaría de más que ensayaran algún numerito circensea lo Jim Rose Circus para impactarnos visualmente tanto como lo hacen sussingles. Cincuenta minutos escasos y abucheo generalizado por parte de unpúblico que quería más tras haber soportado una durajornada de doce horas.