Posicionados delante de las canciones del último disco de Remate, Cabello de ángel, tocino de cielo (Relámpago, 2016), pasamos a ser fans, irremediablemente, de las cenas de Navidad y otros eventos familiares de Fernando Martínez: filonazis, homofóbicos, alcohólicos, adoratrices visuales de Leni Riefenstahl… Todos ellos pueblan el mundo real de Remate. Y enfrentarse a sus miedos, en solitario humano, como ajuste de cuentas, sobre un escenario vacío, acompañado exclusivamente de un piano, guitarras, banjos, ukuleles varios y un Korg, es, cuando menos, una muestra de cordura, por mucho que pudiera parecer lo contrario. Remate, tras el calentamiento previo llevado a cabo por la novísima “chanson” del francomalagueño Alexandre Lacaze, salió a las tablas para enfilar su pequeña hagiografía musical. “El urogallo”, tal como nos lo imaginamos, disecado sobre el televisor de tubo, dio inicio a un repertorio con el que vimos al bardo de El Escorial más suelto que de costumbre: “Vamos a cantar cosas chungas y a pasárnoslo bien”. Remate, a pesar de su formación academicista, hace tiempo que va por libre. Inclasificable para el estándar pop de nuestros días, “De toda la vida”, sintetizador mediante, “Coreografía” o “Shock” alimentan esa figura de outsider de ala ancha. Además, gratifica saber que Remate sí tiene familiares de bien: Nelson, el mayor de sus tres infantes y a quien Martínez dedicó su “Nelson es perfecto” (Relámpago, 2014), tiene en “Marca de nacimiento” su canción favorita. Buen gusto el del chaval. Nosotros, por qué no decirlo, nos quedaríamos también con “Su madre está enamorada de Kafka” o con el abrigo mugriento pero elegante de “Por lo que tiene de romántico”. Olvidadas ya sus piezas shakesperianas, las letras en castellano de Remate hace tiempo que se convirtieron en la razón de su existencia. Claro y a la vez onírico, su universo nos hace sonreír mientras su presencia bien vale una fiesta. ¿Cómo explicarse si no, la traca final de “Marica y drogadicto”, ayudado en los coros por un desconocido voluntario llamado Ángel, y más calvo que la vida, en la presentación de “Cabello de ángel, tocino de cielo?