“Expectativas” ha significado el regreso de la mejor cara de Bunbury. Tras unos pasos interesantes pero irregulares, el inquieto artista ha logrados sintetizar en un disco a cómo suena en su cabeza el rock moderno. A la estupenda colección de canciones hay que sumar su cuidada y siempre estudiadísima puesta en escena de sus conciertos, casi tan importante como el contenido.

Bunbury es elegante (en esta ocasión, enfundado en un impecable traje blanco), sabe tratar con educación a su público, se engalona y deleita con un precioso juego de luces, arregla con gusto y originalidad nuevas y viejas composiciones y deja en libertad ese animal de escenario que encierra en el corazón. Una bestia insaciable que sabe recoger el buen sentido del espectáculo de David Bowie, Bono, Elvis e, incluso, Michael Jackson.

No le costó adueñarse del escenario y de todo el Pabellón Príncipe Felipe. Arrancó con vigor, reivindicando su presente, con “La ceremonia de la confusión”, “La actitud correcta” y “Cuna de Caín”, de su nuevo disco. Pero el setlist se convirtió rápidamente en un grandes éxitos del músico aragonés, rescatando temas de casi todas sus etapas. Ya no titubea e incluye en el repertorio grandes éxitos de Héroes del Silencio, empezado con “El mar no cesa”, pero a lo largo de hora y media también llegarían “Héroe de Leyenda”, “Mar adentro” y una espléndida “Maldito duende”, con la que cerró la primera parte del recital.

¿Se puede basar un concierto en un casi grandes éxitos de 30 años de carrera sin caer en el autocomplacencia? Sí. Y Bunbury lo logra mutando las canciones, añadiendo arreglos, otorgándoles coherencia con su visión musical actual. Ya puede sonar éxitos “prehistóricos” como ya modernos (“El hombre delgado que no flaqueará jamás”, “De todo el mundo”, “Más altos que nosotros sólo el cielo”, “En bandeja de plata”), que todo suena nuevo y excitante. Todo ello, en parte, gracias a labor titánica de Los Santos Inocentes, que saben sonar rock cuando corresponde, pero saben aproximarse sin esfuerzo a pasajes de jazz, blues y músicas mediterráneas. De quitarse el sombrero.

Aún así ,lo mejor llegó en los bises, con las apoteósicas “De Mayor” (que sonó todavía más a Tom Waits), “El extranjero” (coreada hasta la afonía), “Infinito” (espectacular, como siempre), “Si” y ese homenaje nada escondido a su adorado Bowie que es “Lady Blue”. Cerró la noche, con “La constante”, no prevista, y que sirvió como recompensa al entregado público de su tierra. Ovación cerrada sin discusiones para uno de los mejores conciertos que ha entregado este aragonés errante.

Bunbury en Zaragoza. Por Jaime Oriz