En su quinta edición, el festival Convenanza, comisionado por Andrew Weatherall (uno de los gurús más proclamados y activos de la música electrónica de todos los tiempos), cambió su emplazamiento, pasando de comer Cassoulet en el castillo de Carcassonne a degustar ostras en Sète en un teatro estilo griego sobre el mar. A priori parecía una edición de transición, pero al final se rebeló como un paso más al frente en la historia del festival. Las brisas del Mediterráneo sentaron bien a un evento en el que se pudo degustar una buena mariscada de frutos del mar y de esas ostras que son emblema de esta ciudad costera francesa. Hubo buena pesca y se saboreó una magnífica selección de propuestas cuidadosamente seleccionadas. Tanto fue así que este año los grupos musicales estuvieron a una altura casi mejor que las sesiones de Dj programadas, y eso es mucho decir, atendiendo a las buenas cualidades que tiene el Convenanza. Si hay que ponerle alguna pega a esta edición, fue la incomodidad del emplazamiento y que la oferta culinaria fue escasa en comparación con anteriores ediciones.

Viernes 22 de septiembre

Andrew Weatherall cortó la cinta de inauguración del festival con un set dedicado en exclusiva al dub a base de ambientes sosegados y atmosféricos, delays, reverberaciones jamaicanas y reptantes beats electrónicos.
El primer concierto del día lo dieron los suecos Fontän, uno de los emblemas del sello de música electrónica Höga Nord Rekords, en el que el mismo Weatherall acaba de publicar “Qualia”, su nuevo trabajo. Su concierto resultó ser mucho más interesante que sus grabaciones. Sonaron muy compactos y con matices, con una atrayente unión entre psicodelia, guitarras y atmósferas electrónicas que nos hizo viajar a otros mundos sensoriales.

A continuación Autarkic presentaba su bien acogido disco de debut, “I Love You, Go Away”, publicado por Discos Halal, llevándose el gato al agua como el mejor concierto del festival. Y eso fue así gracias a una progresión rítmica y quirúrgica que fue de menos a más. Con la mesa repleta de artefactos y sintetizadores, fue de las atmósferas oscuras y densas hasta las subidas explosivas de traca con patina de synth pop. La voz de Navad Spiegel, funciona como una envoltura oscura de terciopelo que va vistiendo y dando forma viva a sus composiciones.

La noche del viernes se cerró con el clásico duelo entre Weatherall y Sean Johnston con su proyecto ALFOS (A Love From Outer Space), en el que ambos mantienen la regla de no pinchar temas que superen los 122 bpm’s. Desgraciadamente, en esta ocasión no se produjo la química de otros años, ni en la cabina ni en la pista. Johnston parecía ausente y pinchó durante muy poco tiempo, lo que se notó mucho en el resultado. Esta vez no hubo sorpresones, ni temas apabullantes, ni momentos clave, con lo que el set sonó más bien lineal y muy controlado, demasiado en comparación con otras sesiones a las que nos tenían acostumbrados. Y es que no siempre se puede tocar el cielo.

Sábado 23 de septiembre

El sábado volvió a abrir Weatherall, aunque en esta ocasión con el visir de la electrónica otomana, Baris K, quien fue el gran descubrimiento de la edición de hace dos años en Carcassone, con una selección de rarezas propias de “Las mil y una noches”. Esta vez la sesión de apertura estuvo más subida de bpm’s para lo que nos tiene acostumbrado el festival a primeras horas. El DJ set fue correcto, sin muchos riesgos, a ratos diría que hasta comercial. Le faltó brillo y pecó plano al no destapar del todo la caja de Pandora para descubrirnos las rarezas que ambos esconden en sus maletas. En todo caso, no fue más que un calentamiento para lo que vendría más tarde.

Los protagonistas de la segunda jornada provenían de la ciudad de Glasgow. Por un lado The Junto Club, una jovencísima banda que sorprendió con una propuesta que escudriñaba entre bases rítmicas de efectos electrónicos ondulantes y unos bajos que dibujaban oscuras melodías robustas y saltarinas que parecían tener alma propia. Sumados a la voz de su cantante, particular y de varios registros, se llevó el premio a correcaminos del festival por la cantidad de metros corridos sobre el escenario. Su directo fue subyugante, entre el mantra y el loop infinito, y de difícil escapatoria.

Les siguieron Happy Meals, un dúo formado por Suzanne Rodden y Lewis H. Cook que la lío parda en su actuación sobre el Théâtre de la Mer, por su amplio abanico sonoro electrónico y por tener una frontwoman que es una bestia escénica de múltiples personalidades en el escenario, capaz de pasar de lo dulce y lo sensual a la posesión casi infernal. Brillaron sobre todo cuando extrajeron las notas más acid house a sus máquinas.

El broche final del festival fue el segundo B2B de la noche entre The Guv y Baris K, con el que hubo un verdadero hechizo. Pusieron toda la carne en el asador y se estableció una sintonía celestial entre ambos. Se escucharon joyas de la corona cósmico arábica que reparte el turco, siempre bien secundado por un Weatherall de pata negra inspiradísimo y a punto de implosionar por su control de tiempos y su excelente selección. Para muestra el momento mágico que quedará grabado en la memoria del festival, cuando de repente sonó “The Chase” de la banda sonora de la película “El expreso de Medianoche” que Giorgio Moroder grabó en 1978. El público en pura catarsis, sonrisa en boca y los puños en alto bailando en una comunión de felicidad total; eso es lo que mejor resume la esencia del Convenanza, un festival de wheaterallistas de pro que comulgan como una gran familia a base de una selección musical de calidad, cuidada hasta el más mínimo detalle y redondeada con el mayor de los mimos. Cada año el listón sube y sube. El lema de esta edición era: “convierte a quienes te escuchan en tus creyentes”. Están avisados porque quién prueba, repite.