Brillar, brillaron, aunque sólo para sus incondicionales. Especialmente el tipo de las baquetas, Chris Cester, centro neurálgico de la banda por excelencia. Con y sin bandera inglesa a la espalda, el batería y cantante de los Jet aceleró el pulso a los asistentes (un más que entregado público que desbordaba la sala) durante los primeros siete disparos de la banda (repaso a los temas trallazo de “Shine On”, incluido el “Put Your Money Where Your Mouth Is”). Luego llegaron los rescates, a destacar el de “Rollover DJ” y, por supuesto, el único tema de la noche: “Are Your Gonna Be My Girl”, que la banda dejó caer quizá demasiado pronto. Porque lo que empezó siendo un tiroteo de temas disfrutables (a punto para el despegue en estadios: hubo momentos en que parecían los últimos Bon Jovi encerrados en un garito underground. Demasiados “c’mon, c’mon, c’mon”), acabó en un ir y venir de canciones que, de tanto repetir fórmula, pasaron sin pena ni gloria. Eso sí, en los dos últimos temas antes de la tanda de bises, la cosa remontó el vuelo hasta hacer bailar a Cameron Muncey en una de las barras del local, al ritmo de su propio solo. Ataviado con una bufanda-corbata, el cantante y guitarrista, parecía haber hecho todo aquello un millón de veces: potencia hubo y mucha (se la curró Chris Cester), pero nada más, sólo cinco tíos tocando un tema tras otro hasta acercarse a la hora y media (o cumplir con el contrato). Aunque tampoco puede pedírsele mucho más a una banda de un solo tema, que nunca ha sido lo que parecía.