Después de colar “Heavyweight Champion Of The World” en el Top Ten británico, John McClure (Reverend) y sus Makers vieron como su popularidad bajaba algunos enteros con su primer larga duración, “The State Of Things” (Wall Of Sound/Pias, 07). Por suerte, su directo resulta bastante más ágil de lo esperado, aunque McClure, amigo desde años atrás de Arctic Monkeys, sea el único artista sobre el escenario capaz de mantener el peso de la actuación. Gustaron y consiguieron que la gente bailase al ritmo de su hit, pero también de “Bandits” o “He Said He Loved Me”. Por lo que respecta a los cabezas de cartel, los de Sheffield demostraron varias cosas. Que cada día suenan más rasposos, eficaces e igualmente destartalados (esa es una de las caracterÌsticas de su sonido); que no van a dar su brazo a torcer y que, conforme más populares se hacen, más complicado parecen ponérselo al oyente (lo demostró el material nuevo); o que agotar entradas una y otra vez no debe significar obligatoriamente hacer bromas estúpidas u obligar al público de la izquierda a gritar más que el de la derecha. Arctic Monkeys no suenan sobre un escenario impecables, ni mucho menos, pero sí sinceros y sobre todo muy íntegros. Donde algunos ven antipatía, otros intuimos la necesidad vital de cuatro chicos de Sheffield de enfrentarse a la audiencia como si estuviesen ensayando con público, de no dejarse llevar por la apisonadora del éxito rápido, de no convertirse en unas caricaturas de si mismos. Está claro que “Brianstorm”, “Teddy Picker”, “Do Me A Favour”, “Fluorescent Adolescent”, “I Bet You Look Good In The Dancefloor”, “Fake Tales Of San Francisco” o “Dancing Shoes” podrían haber sonado mejor de lo que lo hicieron–de eso no cabe duda-, pero Alex Turner y los suyos las han compuesto y las defienden como mejor saben, que no es poco.