Joe La Reina visitaban por primera vez la capital zamorana, con el objetivo de defender en directo las canciones de su notable debut publicado este mismo año bajo el título de “Bailamos por miedo” (Subterfuge, 14). La sincera y ardua propuesta de la banda resulta de compleja asimilación, al presentar en crudo un compendio de pop, rock y folk donde las raíces tienen peso propio, realzando la fuerza de una lírica ardorosa, indisimulada y visceral.

Un efecto multiplicado sobre el escenario, donde las canciones se desprenden de la producción imaginada en estudio para protagonizar un nivel adicional de aspereza e inquietud. De este modo el aspecto radicalmente pretérito y oscuro de su música, la inherente profundidad emotiva de ésta y una honestidad brutal, marcan a fuego el carácter del cuarteto sobre las tablas.

Es precisamente en lo manifiesto de esas peculiaridades donde radica la fuerza emotiva del combo, con la interpretación vocal de Lucas Malcorra marcando los tiempos de las propias composiciones en una circunstancia que también ejerce como principal inconveniente a la hora de motivar una conexión continuada con el público. De este modo el concierto fue creciendo en intensidad desde la desconfianza inicial, mientras una hipnótica empatía surgía lenta y progresivamente a lo largo de temas como “Oh, la mía pena”, “En una casa junto al mar”, “Caravana de fuego” o la misma “Bailamos por miedo”.

Una extraña complicidad que sin embargo no derivó en cuajo definitivo, tras cesar con el final de los cuarenta y cinco minutos programados por el grupo justo cuando el asunto comenzaba a coger forma. Los donostiarras disponen de margen de mejora sobre el escenario, sobre todo cuando adapten concluyentemente sus cualidades al entorno, pero sin duda albergan un talento valioso por su especificidad