Como el montaje que Coldplay había elegido para el Vicente Calderón no tenía techo y lucía todo el escenario al aire, destacando notablemente cuatro pantallas redondas y las obligatorias torres de sonido, se tuvieron que improvisar unas jaimas para los recitales de Rita Ora y Marina and The Diamonds, ya que a última hora de la tarde una gran tormenta descargó en la capital.
Nada más entrar al estadio el público recibía una pulsera que incorporaba un sistema de luz accionada por remoto, y que formaba parte del show. Un detalle más de cómo Coldplay juega con las nuevas tecnologías aplicándolas a su espectáculo. El “99 Problems” de Jay Z que sonaba a todo trapo por los altavoces y la grada que hacía la ola en los minutos previos, consiguieron que el ambiente se calentase lo suficiente hasta que el grupo saliera a escena. Todo empezó cuando se hizo completamente de noche y arrancaron los primeros acordes de “Hurts like heaven”, entonces unos inesperados fuegos artificiales dieron paso al espectáculo de Coldplay en todo su esplendor, las pulseras del público se encendieron llenando de colores todo el recinto, los rayos láser hicieron dibujos en las paredes más altas del estadio, los cañones de confeti funcionaron al máximo durante unos minutos y unos balones de playa gigantes sobrevolaron las cabezas del público. Poco más se podía pedir. Mientras manteníamos aún la boca abierta cayó “In my place” ya con el grupo corriendo por las pasarelas, luciendo palmito y dejándose fotografiar de cerca. Más tarde vendría “The Scientist” con Chris Martin sentado al piano, y también “Yellow” con el típico subidón en la parte inicial.
Fue un poco extraño verles a todos juntitos en el centro del estadio interpretando “Princess of China” con la voz de una Rihanna que salía proyectada en las pantallas cantando y bailando. Bastante mejor les quedarían piezas como “God put a smile upon your face”, “Warning sign”, la coreada “Viva la Vida”, “Charlie Brown” o el también muy aplaudido “Paradise”, hechas desde el escenario al estilo de siempre, dejando tecnologías a un lado para demostrar lo bien que se lo pasan haciendo música y lo resultones que siguen siendo como banda.
Tras muchos agradecimientos y unas cuantas palabras en castellano llegó el momento del bis y la despedida definitiva. “Clocks”, “Speed of sound” y “Every teardrop is a waterfall” fueron el broche final para hora y media de recital. El cabreo del respetable se hizo notar, acostumbrado a obtener un par de horas de set-list cuando se trata de un macro-concierto como este, pero poco se pudo hacer con Chris y los suyos, excepto  emprender el camino a casa.