No cabe duda de que resulta mucho más sencillo lanzarse a los brazos de mil quinientos fans reconocidos (las entradas, como todo el mundo sabe, se sorteaban mediante la web oficial de la banda) que abrirse frente a nuevas audiencias. Coldplay serán lo que sean, pero de tontos ni un pelo. De ahí que su actuación casi exclusiva se convirtiese en una auténtica ceremonia para iniciados de esas que generan la indignación de la prensa intransigente y de los desaboridos. Esperar que, ahora, con la publicación de “Viva La Vida Or Death And All His Friends”, Coldplay jueguen un juego distinto al que les ha caracterizado siempre sobre un escenario sería absurdo. Los británicos son buenos en su campo, con el calzado idóneo, con su hierro del nueve o cuando consiguen un Birdie. Y si algo han demostrado hasta la fecha es que no importan las dimensiones del recinto por el que se paseen. Coldplay han nacido para moverse con soltura en los grandes estadios, pero también funcionan en el modesto entarimado de una sala para algo más de dos mil personas. Todo suena en la forma en que debe hacerlo, sin sorpresas (el obvio set acústico en uno de los palcos de la sala no supuso una), pero sin decepciones. En su concierto barcelonés no hicieron más que subrayar todo eso y dejar claro que van sumando ya una buena lista de hits coreables a lo largo de cuatro discos, que fueron esparciendo entre el inicio con “Live In Technicolor” y la despedida definitiva con “The Escapist” –que se queda sin título en el disco-. Desde “Yellow” a “Clocks” pasando por “In My Place”, “Got Put A Smile Upon Your Face”, “Violet Hill” o sobre todo ese nuevo clásico que es “Viva La Vida”, sin duda uno de los grandes momentos de la noche, por lo menos antes de las explosiones de confetti de “Lovers In Japan”. Quizás falló algo en “Chinese Sleep Chant”, que suena infinitamente mejor en estudio, o en “Square One”, pero no hubo queja por lo demás. A su favor sumó también lo modesto, pero efectivo de sus nuevos trucos escénicos (los tambores gigantes de “Viva La Vida”, el cuarteto de cuerda en la pantalla de una pequeña televisión, unas manos grabadas tocando mientras él escondía las suyas tras el aparato…). En septiembre, en otras dimensiones, con otro sonido, pero con las mismas intenciones. Ahí estaremos.