Para un servidor es muy complicado hablar objetivamente de un concierto de la banda de Maryland. Hablamos de 25 años casi impecables de carrera, una evolución perfecta hacia una suerte de Hardrock stoniano con toques de miles de estilos distintos (psicodelia, funk, blues) pero con una personalidad apabullantemente única, un directo potentísimo y marchoso como pocos hacen del análisis de una actuación suya, algo complicado y demasiado sujeto a interpretaciones pasionales.

Pero es que después de la actuación de este jueves en la sala Zentral de Pamplona, no queda otra cosa más que decir que el hecho incontrovertible de que son una de las mejores bandas de rock y merecen un status a la altura de los grandes. Presentando finalmente su último disco de estudio “Psychic Warfare”, los de Germantown volvían al norte tras una última actuación en Bilbao en la que el sonido no les ayudó aunque su inagotable actitud y potencia suplió las carencias de entonces. En el caso del concierto actual, no se puede decir nada malo. Estuvieron potentes, impecables, directos a la yugular, con el público totalmente entregado y un Neil Fallon totalmente poseído por el dios del rock pesado, mientras sus huestes reventaban la velocidad del sonido con un nivel instrumental estratosférico. Jean Paul Gaster y Dan Meines y su batería y bajo dirigiendo la andanada mientras las guitarras de Tim Sult, sutiles y pulverizadoras según conviene llenaban de matices un setlist trufado de sorpresas como “Yeti” o “Algo Ha Cambiado”, pero que aunque quizá abusando del álbum que presentaban y del anterior “Earth Rocker” (más de la mitad del repertorio) hizo ver en realidad que poco importa cuál canción elijan del amplio y consistente cancionero del que disponen.

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En los pocos momentos en los que hubo un respiro para la audiencia, los virginianos atacaban con hits que llenaban de sonrisas y energía a un público en general muy conocedor. “Cypress Grove”, “Mob Goes Wild”, “The Regulator”, “Burning Beard”, canciones que amenazan con convertirse en clásicos, si ya no lo son.

Especial mención merecen las bandas teloneras Lionize (con Tim Sult) calentando con una versión más relajada y jamaicana de la fórmula y unos Valient Thorr (foto inferior) que aunque genéricos, acabaron de cargar las pilas para lo que se venía encima al respetable. Otro triunfo el de Clutch, un cuarteto inigualable, enérgico, instrumentalmente espectacular, sin artificios, directo al grano que enseña al público donde está el presente y la vitalidad del hard rock americanista más audaz y auténtico.

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