Por cuarto año consecutivo se ha vivido, con mucha intensidad y durante cuatro días, el festival Clownia en Sant Joan de les Abadesses (Ripollès, Girona). Y recuerdo que terminaba la crónica del año pasado remarcando el desafío que Txarango, como promotores, asumían al querer mantener un festival pequeño que no puede crecer en aforo, pero sí quiere crecer en valores y en la calidad de sus propuestas. Hoy hay que empezar diciendo que se ha conseguido con creces y que, cómo Alguer Miquel (cantante de la banda) repite una y otra vez en las entrevistas, éste ha sido un éxito colectivo.

El triunfo de una propuesta que no se basa solamente en su cartel musical o en los espectáculos de circo o en ofrecer la comodidad de unos espacios agradables. El secreto es más complejo y está en la búsqueda de la conexión entre las personas y su participación. Este año se ha potenciado un espacio de relación y reflexión, con el nombre de “Espai Consciència”, en el que han tenido lugar talleres y charlas con centenares de participantes y una feria con gran diversidad de entidades. De esta forma se va concretando la voluntad de Txarango de generar un espacio de transformación social donde los valores convivan con la música, el humor y las ganas de fiesta.

El otro ingrediente intangible del éxito del festival es la conexión con el pueblo que lo acoge. Cómo los habitantes de Sant Joan participan de mil maneras y cómo la gente que nos visita (y que duplica la población) se mueve por el pueblo. Unos visitantes, en su mayoría muy jóvenes, pero también familias con niños pequeños que afirman querer volver en otro momento. Los conciertos gratuitos en la plaza mayor del pueblo son en gran parte la causa de esta conexión, otro acierto que se mantiene.

Foto: Bernat Almirall (Cortesía de Vibra Comuniaciones)

En lo musical el cartel del escenario principal ofrecía éxitos seguros para ese público de jóvenes catalanes que llenó el festival de energía y buen rollo. Empezando por los anfitriones Txarango que nos ofrecieron, a pesar de los evidentes problemas de voz de Alguer Miquel, un show contundente en pleno baño de multitudes. Demostraron ser profetas en su tierra, y provocaron una entrega total de un  público que coreó hasta la afonía cada una de las canciones de su engrasado repertorio. Sin duda se trata de uno de esos fenómenos populares que deben disfrutarse más que ser analizados y que, como han demostrado en su reciente “El cor de la terra”, se encuentran en un estado de gracia envidiable a la hora de elaborar auténticos himnos que trascienden hasta convertirse en piezas que la gente hace suyas. ¡Qué mejor regalo que saber que tu obra adquiere esa dimensión, y qué gran responsabilidad la que asumen!. Sin embargo, su energía, las tablas acumuladas y ese desparpajo tan natural que explotan de forma innata, logran mantener la propuesta en lo más alto, y vence cualquier contratiempo que se presente sobre el escenario sin que nadie lo note. Algo que está en manos tan solo de los elegidos.

Ante esa demostración de fuerza de los amos del corral, el resto de grupos lo tenían muy difícil para proyectar la más mínima sombra. De hecho diría que ni lo intentaron. Puede que tan solo la enérgica y contundente, como viene siendo habitual, actuación de los valencianos  Zoo fuera la única en estar a a altura de las circunstancias. El resto quedó en evidencia. Y  eso a pesar de que todos los allí reunidos tenían muy claro que el espíritu del festival impone de entrada un “Jo comparteixo” (Yo comparto) más que un “Jo Competeixo” (Yo compito). Sin embargo, es inevitable en una crónica no establecer comparaciones. Por eso no deja de ser curioso que fueran precisamente Manel, quienes a priori parecían más desubicados en un cartel de ascendencia mestiza, los que mejor supieron sobreponerse a todos los contratiempos para ofrecer un show contundente y eléctrico, en el que realizaron un exhaustivo repaso a  un repertorio con temas como “Al Mar”, “Benvolgut”, “Boomerang”, “Ai Dolors” o la ya infalible “La serotonina” capaces de jugar en cualquier cancha y hacerla suya. Por el contrario y en el otro extremo estarían La Pegatina, a los que les tocó lidiar con la siempre difícil papeleta de salir tras el grupo más esperado del cartel. Pese a todo tiraron de oficio, haciendo gala de sus múltiples y habituales recursos escénicos que pasan por intercalar pasajes  de temas como el “What You Know” de Two Door Cinema Club o el “Quizás, quizás, quizás” de Osvaldo  Farrés, y mostrar todo ese dominio de las tablas que les ha servido para meterse a público de medio mundo en el bolsillo.

Por el escenario principal también desfilaron algunas repeticiones de ediciones pasadas como las de La Sra. Tomasa  con una propuesta cada vez más contundente y engrasada, y unos efectistas hasta la exageración Oques Grasses.  Aunque lo que quepa remarcar este año, sean las dos propuestas de músicas del mundo con los Terrakota de Portugal y su música afrobrasileña y Pascuala Ilabaca desde Chile y su música de raíz que han puesto matices a la programación.

En otros espacios actuaron grupos como Che Sudaka, Microguagua, Arco, Sense sal, Gertrudis, Atupa, Cesk Freixas… y Gossos que cerraron el festival el domingo por la tarde en una plaza todavía llena. Mención especial para unos Di-versiones que volvían por aclamación popular y que traen el espíritu de fiesta mayor al festival un sábado por la mañana. También hay que destacar este año las propuestas de animación infantil de calidad y para todos los públicos con Jaume Barri, Guillem Roma y Xiula. El circo ha estado presente con los espectáculos de Fané Solamente, Psirc, Cia de Luto y Pam i peu.