Había ganas de disfrutar en directo de la Gainsbourg. La castradora protagonista de “Anticristo” de Lars von Trier se presentaba ayer por primera vez en Barcelona para presentar las canciones de su último disco, “Stage Whisper”, acompañada de un invitado de excepción, el andrógino y misterioso Connan Mockasin.
La historia de amor entre el músico neozelandés y la cantante anglo-francesa se inició cuando el primero se animó a hacer un dueto con ella en “Out Of Touch”, canción que cayó ayer en Razz dejando claro la indudable química que desprende este particular romance creativo. Charlotte Gainsbourg, que estuvo casi todo el concierto sentada en un taburete e iba vestida de riguroso blanco como el resto de su competente banda, demostró en directo que, a pesar no haber inventado la sopa de ajo, es una intérprete solvente capaz de dotar a su pop atemporal de un encanto especial. Muy bien en lo vocal (no solo tiró de suspiros y voz susurrante) y muy concentrada en la faena, la hijísima de Serge Gainsbourg y Jane Birkin solo rompió el protocolo cuando se animó a tocar la batería en “It’s Choade My Dear”, una de las dos canciones de Connan Mockasin que cayeron ayer (la otra fue “Forever Dolphin Love”).
Dejando de lado esas dos canciones, destacar la pizpireta versión que se marcaron del “Ashes To Ashes” de David Bowie (uno de los momentos más celebrados de la noche), y la coreada “Heaven Can Wait”, incluida originalmente en “IRM”. De “Stage Whisper” clavaron “Terrible Angels”, “Paradisco” y “Got to Let Go”, entre otras. Aunque lo más sorprendente fue el ninguneo a “5:55” (no sonó ninguna canción de ese disco), y el hecho de que Gainsbourg recuperara tres canciones de “Charlotte for Ever”, polémico álbum que editó con su padre en los ochenta cuando tan solo era una adolescente. Fue un verdadero lujo disfrutar en directo de “Ouvertures Éclair”, “Don’t Forget To Forget Me” y “Pour Ce Que Tu N’étais Pas”.