La casualidad quiso que dos bandas relativamente nuevas y claramente alejadas de la faceta más alineada de la actual escena estatal coincidiesen el mismo día en Zamora, presentando sus respectivos últimos trabajos. Tanto Calavera como Joe La Reina pueden (y deben) presumir de marcada personalidad artística, con una querencia poética que dota de valor e impacto emocional a la narrativa de sus respectivas canciones. La buena relación existente entre los responsables del Avalon Café y La Cueva del Jazz -las dos salas con más solera a la hora de organizar conciertos en la ciudad- motivó un pequeño reajuste de horarios, para que el público más valiente pudiese hacer doblete y disfrutar así con las peculiares virtudes de ambos grupos.

La noche comenzó con la presencia de Calavera en el Avalon Café, quienes después de varios EP’s imprescindibles, publicaban el año pasado su primer larga duración, “Exposición” (Mont Ventoux, 17). Los zaragozanos, que visitaban la ciudad por segunda vez, ofrecieron un concierto impecable en ejecución, y en el que demostraron que si en disco convencen, sobre el escenario su presencia se potencia exponencialmente. El cuarteto lleva tiempo desarrollando su proyecto, además de aprovechar la experiencia previa adquirida en dos bandas muy respetadas en Zaragoza como fueron Limnopolar y Kyoto. Los maños adornan sus canciones con teclados y sintetizadores, acompañando a una batería consistente, guitarras meticulosas, un bajista de lo más fiable, y la siembre embaucadora voz de Alejandro Ortega definiendo el alma de canciones con calado. Temas recientes como “Esqueleto”, “Desfiladeros” o “Atlas” compartieron protagonismo con “clásicos” del combo como “De Cactus” o “Escalador”. La versión de “El Hombre Bombilla” de El Niño Gusano, que la banda lleva maravillosamente a su terreno, puso el punto y final a una actuación que dejó excelente sabor de boca entre el público.

Joe La Reina

Joe La Reina

Sólo cinco minutos a pie separan una sala de la otra, y tocaba desplazarse hasta La Cueva del Jazz En Vivo para evaluar la que también era segunda actuación de Joe La Reina en la ciudad, en este caso para presentar su segundo álbum “Esas Nuevas Modas” (Subterfuge, 17). Los guipuzcoanos resultaron igualmente intachables a nivel interpretativo (y eso a pesar de los problemas sufridos con una de sus guitarras), y probaron que su inclasificable mezcla de estilos ha crecido hasta convertirse en un gigante intimidante. Una formación que se mostró sensiblemente más descarada y ambiciosa con respecto a su anterior visita de hace algo más de tres años, probando que con el tiempo han sabido consolidar virtudes. El sexteto es capaz de remitir en la misma canción al rock de raíces de Triana y al progresivo de King Crimson, todo ello sin renunciar a algunos ecos mediterráneos (e incluso exóticos). Saben además como llevar esa anarquía estilística al escenario, sin perder la esencia algo caótica de la mezcla pero controlando siempre el producto final. Una actitud que engancha e invita a no perder detalle a lo largo de piezas como “Nadie me representa”, “Leonor”, “Otro día”, “Nada me falta” o recuperaciones de su anterior elepé del tipo de “Oh, la mía pena” y “En una casa junto al mar”.

Dos grupos contrastados y a la vez todavía en plena evolución, que han firmado sendos discos destacables en castellano, pero que muestran su mejor cara sobre las tablas y actuando al margen de modas y tendencias. Dos bandas que demostraron que esa resistencia ante lo aceptado de antemano puede traducirse en experiencias tremendamente interesantes, intensas y emocionantes para los oídos inquietos. Aún hay esperanza.