La banda madrileña de punk por excelencia volvía a visitar la villa unos seis meses después de su concierto de presentación de “Sentido del espectáculo en una gira discreta pero extensa que les llevó el viernes a Hondarribia y la semana que viene vuelve a Gasteiz. Su disco es de lo mejor del año pasado. Un retrato de la realidad actual y un puñetazo en la cara al conformismo y la pasividad. La banda llevaba desde su primer EP siendo un grito a voces, pero a critica y publico general les ha costado. Y eso que tiene todos los ingredientes: letras ácidas e inteligentes, melodías pegadizas y mucha pegada.

La cerveza de rigor se nos hizo larga en el gélido frío bilbaino. La media de edad era evidentemente mayor que la de otras veces con Biznaga. Como siempre, no solo punks sino un amplio abanico de público mainstream, pero esta vez sorprendió la madurez del público. Media hora después de la entrada que rezaba el cartel aun seguíamos esperando apelotonados en el Satelite T. Comentarios de “hay mas sitio en el escenario que aquí” y “¿nos ponemos a la derecha o a la izquierda de la columna?”.

Los impacientes redobles de Milky anunciaron el comienzo del simulacro. “¿Os gusta el trap?” preguntó el bajista siempre tan ironico. “Porque hoy no lo vais a escuchar”. Y arrancaron con “Cul-de-sac”, de su primer álbum. El público, más bien cuarenton, impasible. Un auténtico himno y la gente ni se movia. Enlazaron magistralmente con “Brigadas enfadadas”, single del ya citado “Centro Dramático Nacional”. Y nada. Si, alguna cabeza asentía, pero por lo general flequillos tapando entradas, gorras pasadas de moda, rockabillies de H&M…

Por fin dos chavales se abren paso birra en mano. No acierto su edad, pero aunque no vayan de punks son los más excitados del local. Casualidad o no, empezaron a sonar los primeros acordes de “Jovenes Ocultos”, del último álbum de la banda. La pareja de teenagers movía el flequillo entre miradas prejuiciosas. “…la gente imagina que se folla o se asesina”, pero no se atreveran a decirles nada, no tienen sangre ni para moverse. Y eso que la potencia de Milky a la bateria es apabullante. Una pegada bestial, velocidad y redobles imposibles. Jorge al bajo seguia chisposo: “Somos los Rodriguez” anunció antes de una perfecta versión de “Fiebre”, con las guitarras de Pablo adornando a un volumen más bajo, al fondo, discretas pero totalmente necesarias.

Una cosa que no ha cambiado en el Satélite es el sonido. Con Flosh siempre sabes que será sonidázo. Esta vez no fue diferente. Se agradece la profesionalidad de Oscar, gracias a la cual pudimos disfrutar de una voz totalmente entendible. Alvaro rabioso se desgañitaba con todas sus ganas ante el micrófono mientras seguían desgranando temas de su amplio repertorio. A nada que dejaban algo de tiempo entre canciones, la masa elevaba su voz con comentarios como “si yo escucho de todo: hiphop, trap…”. Dejemoslo claro: estaba lleno de cuñados, con todo el respeto del mundo. Gente charlando con los amigos, algunos incluso de espaldas al escenario… Algún puño se levantó en “Nigredo”, pero en ocasiones les faltó fuelle, no por esfuerzos, que lo estaban dando todo; sino por falta de apoyo desde el público.

Después de “Adalides de la nada” preguntaron si había alguien menor de 25 en la sala, para dedicarle la cancion “Cachorros”. Efectivamente la pareja de chavales, que ya se había abierto paso en primera fila tenía 23 años. En un intento de pogo entre miradas que decían “estos chavales, se van a matar”, se fue la luz. La banda incluso baciló con dejarlo asi: “nos vemos en Vitoria”. Un trago había caído sobre uno de los links de corriente. No fue demasiado problema y reanudaron con “Una nueva época del terror”. El bajista seguía tirando pullas e intentando crear complicidad con el público, pero nada.

Para el final arrancaron un par de bailes con “Una ciudad cualquiera” y el hit “Mediocridad y confort” y el colmo: gente grabando con el movil en primera fila. Alucinante. El público obvió que era la primera vez que veía a la banda pidiendo el “beste bat” que el cuarteto de Madrid jamás ha dado. El show, como de costumbre no superó una hora, en la que tocaron casi 15 temas.

Siempre he pensado en cuánta responsabilidad tiene el público para que un show funcione. O si la tiene, vaya, o es totalmente cosa de la banda. Pero una cosa está clara: si hemos disfrutado del concierto de hoy no ha sido ni por el ambiente ni por el buen rollo ni por el público… sino por una banda que lo ha dado todo. Aún se oía a alguno “pues a mi esto me gustaría oirlo con mejor sonido”. Pues lo escuchas en casa, abuelo.