Disimulando entre los escasos traperos bebiendo vodka RedBull en la recta de Santana llegamos a una sala Fever aún sin el habitual gentío que abarrota los exteriores cada fin de semana. Atravesando la sala principal , la sala “Black”. Al entrar Serpiente ya había empezado con su arriesgada y valiente apuesta. Una formación curiosa, con la batería de pies y un sintetizador acompañando la voz. Tres chicas que, aunque faltas de fuerza por momentos, sorprendieron al público dando la vuelta a una velada que a priori se presentaba como la típica noche punk testosterónica. Agradecimos que finalmente no fuese así.

Biznaga no se lo pensaron ni un segundo. Salieron del camerino como quien se remanga para la faena, tuvieron que llamar hasta al técnico, que pensó que tendría tiempo para el cigarrillo entre conciertos. Empezando con “Nigredo”, “Cul de Sac” y la magistral “Brigadas Enfadadas” (¡Solo quieren ver el mundo arder!) nos obligaron a ir a por la segunda ronda casi sin haber empezado ni siquiera a bailar. Pero cada incursión a la barra podía significar perderte uno de tus hits favoritos. Y es que los madrileños no pararon ni para coger impulso. Ni el “mila esker” de rigor ni hostias, hemos venido a lo que hemos venido.

Siguieron desgranando temas tanto de su primer y exitoso álbum (coreamos “Fiebre”, en la Fever de Bilbao, todo muy corporativista) como de su primer EP y por supuesto del nuevo disco que venían a presentar: “Sentido del espectáculo”. Temazos como “Una ciudad cualquiera” y “Mediocridad y confort” hicieron que el variado publico (ojo, no solo había punkies) nos desgañitásemos puño en alto y que por fin apareciese el tan ansiado pogo. Aunque un poco duro al principio, por fin se dejó bailar, y realmente ni Cubillo (que andaba, inusualmente por las primeras filas) se libró de algún empujón. Sonrisas, abrazos, gritos y sudor e himnos, así de sencillo.

Terminaron casi sin darnos cuenta, con “Adalides de la nada” cerrando un set corto, que no llegó ni a la hora pero nos dejó con una sensación de desahogo que hacía tiempo que no sucedía en un concierto de punk en Bilbao. Quizás algo tiene que ver el ímpetu de Biznaga por extender su palabra más allá de los márgenes del género. Saliendo a tomar el aire, esos chicos de la esquina (los que te consiguen todo lo que pidas) nos confirmaron que efectivamente el show de Yung Beef había sido un auténtico bluff. Para seguir confiando en el trap como “el nuevo punk”.