Desde que allá por el mes de diciembre fuese confirmada la presencia del vocalista de Smog en la capital aragonesa, la expectación para degustar su actuación no hizo sino aumentar hasta el mismo día del concierto, saldándose como no podía ser de otra manera, con rotundo aforo completo. Neal Morgan, batería acompañante de Callahan, sorprendió inaugurando las tablas con un desconcertante desarrollo de ocho minutos distribuidos a lo largo de una única composición. Tras la anécdota, los locales Big City aprovecharon ocasión y emplazamiento para presentar varias canciones que incluirá su inminente tercer disco, `Celebrate It All´, además de recuperar algún tema poco habitual en sus directos. La banda demostró de nuevo por qué es una de las grandes tapadas del país, con una precisión y distinción en la ejecución por encima de la media. Sin embargo, para elegancia con mayúsculas hay que remitirse a la interpretación del norteamericano. Una voz impoluta, tan profunda como amable, apoyada en imprescindibles y sobrios punteos que transportan al oyente hacia sinceros parajes de emotividad pura, acompañados por la inestimable habilidad del socio percusionista. Tras desmigar casi al completo `Somentimes I Wish We Were An Eagle´ (Drag City, 09), memorables paradas en “Jim Cain”, “All Thoughts Are Prey To Some Beast” o “Too Many Birds” incluidas, el compositor regaló piezas como “Rock Bottom Riser” o “Say Valley Maker” de su anterior proyecto. Los aplausos tomaron cada una de las pausas evitando onomatopeyas que hubiesen resultado casi obscenas para con la obra brotada desde el escenario, rasgando la magia tejida por el impertérrito artista. Hay veladas tras las que te sientes en equilibrio con el mundo, únicamente por haberte permitido disfrutar de un espectáculo tan enriquecedor como el ofrecido por Bill Callahan a su paso por Zaragoza.