La fórmula del éxito es en muchas ocasiones injusta, pero pocas veces aleatoria. La segunda jornada de la decimosexta edición de Bilboloop vuelve a sorprendernos gratamente con propuestas sólidas de aquí (Cavaliere) y de allá (Jerry Williams). Hinds desata la euforia adolescente con un garaje lo-fi descafeinado.

La velada comienza con un público a medio gas cuando el trío Cavaliere (foto inferior) irrumpe en escena. Poderosos riffs caleidoscópicos, bases que van del blues-rock al stoner. En definitiva, rock arácnido que te atrapa sin ambages. El conjunto tiene tablas suficientes como para comerse el escenario del Kafe Antzokia con solvencia. El cantante y guitarra Álvaro Segovia, ex Atom Rhumba, ha participado en numerosos proyectos y le hemos visto colaborar por ejemplo junto a Abraham Boba -telonearon a León Benavente el pasado mes de enero en esta misma sala-. Decidió aliarse con “el genio de la percusión, matemático a tiempo parcial y coronel de francotiradores” Galder Creo (Bilillo y Los Sullos, Penadas por la Ley, Adam Giles Levy…). Poco después se les uniría al bajo otro viejo conocido de la escena alternativa vizcaína: Eneko Cepeda. Desgranan los temas de su EP, Vol. 1, con franqueza, precisión y mala leche, contenida y desatada en función del momento. Segovia tira de product placement y nos recuerda que son “Cavaliere, de Bilbao” al término de cada canción. Con chulería típica de frontman, también nos pregunta si tiene bien el pelo. La verdad es que no se despeina.

Instrumentalmente suenan impecables, tal vez se podrían limar un poco más las letras, añadirles algo más de profundidad acorde con la fuerza áspera de su música. Y saben hacerlo, sólo hay que escuchar la descarnada e imbatible “Demasiado” o la irascible e inflamable “No Me Esperes Más”. Asimismo, se echan un poco de falta algunos coros que arropen a Segovia. “Cuando salgáis de aquí, haced lo que sea pero que sea violento”, nos pervierte el líder de la banda, como introducción a “La Hora de la Violencia”. Reverencia ante su versión de “Meet Ze Monsta” de PJ Harvey.

Esta banda tiene rodaje y mucho que ofrecer, sin duda se merecen un mayor reconocimiento que esperemos les llegue pronto, al igual que su esperado debut en LP, el cual seguro tendrá muy buenos resultados si se ponen de nuevo en manos de Martin Capsula, en cuyo estudio (Silver Recordings) grabaron Vol. 1. Como dicen ellos en “No Me Esperes Más”, “todo es cuestión de sobrevivir”.

Que no les engañen sus pintas de Hannah Montana, ataviada cual cowboy girl arcoiris. Jerry Williams, (foto inferior) a sus 21 años, demuestra una madurez en sus composiciones y una seguridad en sí misma sobre el escenario impropias de su juventud. Lo cierto es que empezó a componer y a estudiar guitarra clásica a los 12 años, edad en la que la mayoría de los presentes aún nos sorbíamos los mocos y poco más. A los 17 dio su primer concierto. La talentosa cantautora británica tiene en su haber tres EPs autoeditados. El más reciente, Let’s Just Forget It (2017), fue galardonado con el premio a la Mejor Producción en los Unsigned Music Awards. Emisoras como la BBC la tienen muy en cuenta, por no citar que está pulverizando el cosmos Spotify. No es de extrañar que su primer LP ya esté en camino.

Pop luminoso y revitalizante, es decir, bien hecho, desde su tema de apertura “Mother”. Rezuma dulzura y buen rollo a raudales; termina cada canción con un tímido “Thank you/grasias”, acompañado de una sonrisa inocente, que a medida que avanza el concierto se convertirá en una pícara tipo “yo no he sido”. Calidez que nos mece y convence en “I’m Not In Love With You”. Su voz melosa se adhiere como el “Velcro”, como una de sus canciones.

No sólo le canta a los enamoramientos pegajosos (“Stalker”) o a los corazones compungidos. “David At The Bar” cuenta la historia de un alcohólico que conoció en un pub y que le dijo que si le dedicaba una canción, dejaría la bebida. Así que la buena de Jerry Williams brinda “a la buena vida” en esta canción enternecedora con la que espera el pobre diablo cumpla su promesa. Prescinde de su banda durante un par de temas que canta sola en acústico. Vuelven a unirse a ella en la última parte de “Let’s Just Forget It”, con un final guitarrero soberbio.

Pese a su radiante y cándida juventud, a esta chica ya le han roto el corazón. “Lo he intentado pero él no quiere”, canta en la pegadiza “Boy Oh Boy”. Por dios, a quién no le ha pasado. Empatía total. Oda al optimismo en “Grab Life”, al estilo del eslogan Choose life de Trainspotting, pero pasado por un filtro multicolor y de algodón de azúcar. En sus composiciones basadas en su vida cotidiana, desde los desamores al homenaje a su peluquero (“A Hairdressers Called Sids”), Williams mezcla el pop más bailable con ramalazos country, folk y R&B. Termina de conquistarnos por completo con su entrañable versión de “Boys Don’t Cry”, de sus admirados The Cure. Ya sin guitarra pero sin dejar de sonreír, se despide con melodías más optimistas que invitan a bailar despreocupados.

La sala está ya en plena ebullición (de hormonas adolescentes), a punto de comenzar el bolo del cuarteto madrileño Hinds. Intentamos zafarnos de los prejuicios: ¿Se ha cebado la crítica con estas chicas, simplemente por ser mujeres y jóvenes? ¿Es para tanto el fenómeno Hinds? Suena Hot Chocolate con su clásico y canalla “You Sexy Thing”, que introduce a la banda. Funden “Garden” y “Fat Calmed Kiddos”, ambos de su álbum debut Leave Me Alone (2016). Esta es la tercera vez que actúan en Bilbao, recuerda su cantante, Carlotta Cosials. La primera fue en el BBK Live, y la segunda, “fue muy raro, tocamos en una sala a las tres de la mañana…”, rememora.

Un espontáneo del público no para de chillar enérgico un desconcertante “¡Reina de España!”. Pegadizo “parabara-barabapa” del pop naíf de “Warts”. Dream pop bailable con la infantiloide “Caribbean Moon”, a la que se une sobre el escenario Diego García, de la banda-amiga The Parrots y productor además de su primer disco. Tras una aberrante “Castigadas en el granero”, Ana Perrote (guitarra y voz) comenta que no suelen hacer giras por España, pero que llevan cuatro conciertos seguidos y, cómo no, el de Bilbao es el mejor (intro gran ovación del entregado público, oé oé).

“¡No se oye!”, grita alguien del fondo sur. Más bailecitos ensayados y alguna pose estudiada ante la cámara. Desenfado garajero, ¿espontaneidad calculada? Nos regalan un par de nuevos temas del que será su próximo disco, con el que prometen regresarán pronto por estos lares. La primera parte del bolo transcurre sin ton ni son, pero al final al público le pueden las ganas de fiesta, y temas como “Chili Town” y “Davey Crockett” hacen botar a las primeras filas, así como su homenaje a Los Nastys con “Holograma”, en los bises.

Se lo pasan bien y el público, juvenil y con un alto porcentaje guiri, parece que también. Nada que objetar. Sensación de estar en una fiesta a la que no hemos sido invitados. Retirada pacífica.