Jueves 9 de julio
B.R.M.C ganaron el pulso a la puesta de sol, liberando los espacios cerrados a los sampler hacia atmósferas hipnóticas e inmediatas del rock con un set corto. Future Islands hicieron gala de un soberbio Samuel T. Herring como frotman que pareció encontrarse muy cómodo por Kobetamendi y no estar reñido con ofrecer directos viscerales e incluso con un punto de actitud punk. Triggerfinger atronadores calentaron la carpa a base de sudor, luces y humo que costaba divisarles encima del escenario. Regreso por estos lares de Counting Crowes que se hacía palpable en la audiencia que agradeció el temprano hit “Mr. Jones”. El paso del tiempo en la formación no hace mella en seguir considerándola una de las grandes bandas del grueso rock alternativo. Bleachers sonaron certeros por su gran descaro propio, tan influenciado en los 80. Cortinas electrónicas que ocultaban punteos agudos de propios de melena al viento. Una pequeña desbandada de público hacia saber la llegada de una las bandas más esperadas de la primera jornada. Mumford and Sons se dieron un auténtico baño de masas que acudió a disfrutar de un concierto vibrante por momentos. No podían defraudar pero su set corrió por una cuerda floja que se hacía notar en su rock menos enraizado al ritmo de banjo. Dover no engaño e hizo lo que mejor sabe hacer. Conquisto al público una vez más avisándoles que harían un par de temas nuevos y muchos antiguos. Rock it. Capital Cities por momentos llegaron animar al personal y supieron sacar todo el jugo a un repertorio que en LP debut “In A Tidal Wave Of Mystery” suena menos atractivo. Disclosure con una primera parte algo menos bailable presentó el monstruoso y enérgico espectáculo que ha dado al festival ese salto de calidad en cuanto a electrónica. Nueva Vulcano contundentes y un estado de forma que hace justicia tuvieron buena respuesta del público. Monarchy consiguió enloquecer a la carpa con todos sus éxitos y a dar saltos a los que todavía les quedaban fuerzas.

Viernes 10 de julio
La calurosa segunda jornada arrancaba con el torbellino de Azealia Banks y su equipo de baile – megáfono incluido – como principal entretenimiento del escenario grande. Ofreció un gran espectáculo con solo recurso de un dj. El público de su parte bailando en un delirio colectivo y su éxito “212” fue el momento culmen. Grises muy efectivos con su trabajo “Animal” consiguió la atención de los asistentes de la entrada al recinto sacando un potente sonido al escenario del bus. James Bay presentó “Hold Back The River” convenciendo a fans y parte del público. Entre ese medio punto folk, pop respaldado por rock añejo no mostró muchos más argumentos. El hit se hizo de esperar no sin antes una versión de Alicia Keys un tanto almibarada que hizo las delicias de las primeras filas. The Jesus & Mary Chain ocuparon el escenario principal con sus pintas de “anti estrellas” para trasladar al directo de manera magistral su histórico trabajo “Psychocandy” que recientemente cumplía la treintena. Excelente sonido y decente actitud demostraron lo imperecederos que son sus éxitos para los que no pasa el tiempo, aunque su tiempo evidentemente haya pasado. Alt-J saben que tecla tocar para que estalle la emoción generalizada en un repertorio muy estudiado predominado por su trabajo más reciente “This Is All Yours”. El juego de luces creó una atmosfera que hizo un concierto rodado y redondo. “Breezeblocks” dio cierre para dejar una audiencia satisfecha y menos acalorada como en su visita de hace dos años bajo aquel sol abrasador. Ben Harper & The Innocent Criminals mostró todo su repertorio buenrollista rock/folk/soul que pierde fuelle en los escenarios grandes a pesar del reencuentro su banda Innocent Criminals después de 8 años. Peligro contagioso que obtuvo como resultado parte del público sentado a orillas del escenario principal por la propuesta arriesgada en el horario. Arizona Baby la liaron como es habitual y conquistaron al público que hacía temblar el suelo de la carpa a base de taconazos y resistió hasta el final. Jupiter Lion dieron inicio a sonidos densos y claroscuros en loop que provenían del escenario del bosque pero más propios del espacio exterior que acercaron a buen grupo de público para cerrar la segunda jornada. (Texto de Alex Castrillo)

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Sábado 11 de julio
La última jornada del BBK Live nos traía al que sin duda era el cabeza de cartel y plato fuerte esperado de esta edición, Muse. Es indiscutible, tras lo visto el sábado, que la banda encabezada por Matt Bellamy ofrece a día de hoy uno de los mejores directos de épica para las grandes masas, a pesar de haber perdido fuelle rock en favor de un estilo más accesible y grandilocuente.Esa capacidad de atraer a una gran muchedumbre se revelaba ya en las primeras horas de festival por medio de un buen gentío equipado con todo tipo de camisetas y complementos en referencia a la banda británica que aguardaba desde horas atrás a la apertura de puertas. Poco que envidiar a Beliebers y esos temas raros. Todos ellos tuvieron que esperar unas pocas horas más el gran momento porque aún quedaba mucha tela que cortar en el último día de música en Kobetamendi.

Una oferta variada en la que servidor picoteó un poco de todo empezando por los autóctonos Señores, que hicieron valer su verbena musical por medio de un rock envuelto en letras reivindicativas y cotidianas. Agradecidos por la oportunidad y por la gente que se acercó a verlos, sirvieron una vez más de testigo de que algo se mueve en la escena musical norteña. Tras ellos, Vintage Trouble empezaron a calentar el motor de un festival que ya reunía una entrada de asistentes envidiable. Con Ty Taylor como maestro de ceremonias, los estadounidenses desplegaron un recital de rock&roll, funky, que de buen seguro sorprendió a más de uno que se dejó caer por ahí de casualidad. Algo parecido le sucedería a The Cat Empire que reunió en las primeras filas a una buena legión de incondicionales, que sin lugar a dudas formaban parte del cupo de público internacional del festival. “Still Young” sonó enorme. Tras ellos, Kodaline, con una propuesta que navega entre el pop más directo y el folk rock del estilo Mumford and Sons, no logró conmover a un público que solo se animó en el momento “High hopes”. Uno se pregunta qué estarían pensando los fans de Muse que formaban barrera en primera fila aguardando el cada vez más cercano desenlace.

Pero no todo fueron bandas internacionales este sábado. Neuman, aunque cantando en inglés, aportaron de forma contundente el ingrediente nacional y demostraron por qué son una de las bandas revelación del pasado año. El escenario Red Bull se les quedó pequeño por momentos a los murcianos con un público que disfrutó de lo lindo. Temas como “Tell you” y “Turn it” fueron los más representativos de una fórmula muy poco complicada pero efectiva: guitarras y melodías pop al más puro estilo británico. Que vuelvan. Una de las grandes sorpresas de la jornada llegaría después de los murcianos ¡Cuánto ha cambiado la música de The Ting Tings! El reclamo sigue siendo el mismo con éxitos festivos de siempre como “Great Dj”, “That’s not my name” o “Shut up and let me go”, pero donde antes había un riff o un golpe de guitarra, ahora tenemos unos bajos que nos hacen preguntarnos por qué no actuaron de madrugada. La jugada, aunque pueda ser discutible para los más puristas, les salió redonda. La gente vibró, bailó y cantó, que eso es principalmente de lo que se trata en un festival.

Lo de Of Monsters and Men fue todo un desastre. No se les puede reprochar las ganas que le pusieron ni el sonido, ni tampoco el hecho de que acortaran su actuación por enfermedad de uno de sus integrantes, pero no era ni el momento ni el lugar (tocaron en el escenario principal). Como ellos mismos mencionaron, el público esperaba a Muse y ni siquiera temas como “King and Lionheart” o su hit “Little Talks” lograron levantar a una audiencia que estaba disfrutando del bocadillo, el sushi o simplemente a otra cosa. El impás estuvo marcado por Zoot Woman en una de las carpas. La banda de electrónica-pop era una de las actuaciones esperadas del día, y a pesar de los problemas de sonido que tuvieron durante toda su actuación, el poquito público que lograron reunir respondió bailando. Una pena verles y escucharles así.

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Y llegó el momento. Con unos minutos de retraso e histeria colectiva, aparecieron las primeras proyecciones, si se me permite militaroconspiranoicas, de lo que ya por fin era la primera andadura de Muse en el festival bilbaíno. Abrieron con “Psycho”, de su nuevo trabajo, que posiblemente fue el single que mejor sonó de sus recientemente estrenados. Lo demás, ya se lo imaginan, hit tras hit. Golpe tras golpe. Con un Matt Bellamy entregado a la causa festivalera, derrochando riffs y punteos a diestro y siniestro, en perfecta sintonía con el resto de la banda. No sabría decir si la fórmula está a punto de agotarse y está claro que la crítica no perdona desde hace unos discos, pero  Muse es una de las mejores bandas de rock para la masa que uno puede disfrutar en la actualidad, quizás con el permiso de Foo Fighters, otros que también han bajado el listón. Pero es innegable que con un repertorio de canciones como “Time is running out”, “Plug in baby”, “Supermassive Black Hole” o “Uprising”, que fue coreada hasta extasiar, no hay posibilidad de fallo. A destacar la explosión confeti-festiva en “Mercy” que sirvió al menos para reventar Instagram de colorines. Muse, triunfadores sin duda de la décima edición del festival, a los que solo les faltó “New Born” para acabar de redondear una prueba tan esperada como bien superada en Kobetamendi.

Lo de SBTRKT, después de la locura, estuvo bastante a la altura de lo que se espera de una banda tan polifacética como bien coordinada en el escenario. “Hold on” o “New dorp, new york” hicieron las delicias de sus más incondicionales y seguro que de aquellos que los eligieron por encima de Delorean.

Para cerrar, opciones varias como Marc Piñol, Trajano!, El y Ella Dj’s o Julio Bashmore, pero aquí uno ya andaba pidiendo tregua. Que la oferta del BBK ha variado desde sus inicios está más claro que el agua. No hay más que echarle un vistazo a la evolución de los carteles desde su primera edición. Posiblemente algunos se hayan perdido por el camino, aquél público más apegado al rock, pero los 144.000 asistentes de esta edición reflejan que, donde se pudo haber perdido, se abrió un hueco para un mayor crecimiento. Esto se refleja en una oferta mucho más heterogénea y también en unos tapones de gente que la organización tendrá que solucionar. A pesar todo, larga vida al BBK. Por diez o veinte años más. (Texto de Alberto Bonilla)