Jueves 12

El jueves empezaba temprano con la coincidencia nacional de Lori Meyers y McEnroe. La oferta de sobra conocida pero efectiva de los de Granada congregó a muchos que se entregaron al coro en un set a golpe de himno de cincuenta minutos. Salieron perdiendo los getxotarras que se rodearon de sus más fieles en la carpa Vodafone para presentar su último disco “Las orillas”, que habría brillado más en la intimidad de una sala. Los terceros en discordia fueron La Habitación Roja, que llenaron y ofrecieron uno de sus mejores directos, apostando por adaptar sus temas antiguos al sonido más contundente y eléctrico de su último trabajo. El trío de canciones de cierre con “El Eje del Mal”, “Voy a hacerte recordar” y “Ayer” fue recibido con botes y bailes. En la emoción, Jorge Martí casi se lanza con una versión del “Boys Don’t Cry” que se quedó en unos primeros acordes y una declaración de amor: “Robert we love you”.

La jornada empezó a desperezarse con The Maccabees que, en su segunda visita al BBK Live, ahondaron en el sonido épico concentrado en su último trabajo del que fueron muy celebradas “Child”, y el single homónimo “Pelican”. La sensación de teloneros constantes se hizo patente con el pop facilón de Snow Patrol, que consiguió un lleno evidente, aunque muchos buscaban ya su sitio para The Cure. Los escoceses tienen una considerable colección de éxitos radiofónicos que intentan hacer sonar potentes en el directo con juegos visuales y percusión, pero uno se pregunta si es solo fuerza lo que les falta para alcanzar a sus ansiados Coldplay. Aún así, “Called Out In The Dark”, “Open Up Your Eyes” y “Chasing Cars” consiguieron sonar convincentes.
Los problemas con los teclados que retrasaron la actuación de The Cure hicieron especial la fecha de Bilbao gracias a las tablas de Robert Smith, que salió a pedir paciencia en persona, y cuando el retraso se acercaba a los tres cuartos de hora volvió al escenario con su acústica para interpretar solo frente a 36.000 personas “Three Imaginary Boys”, “Fire In Cairo” y “Boys Don’t Cry”. Pronto se le acabaron las ganas de telonearse: “Habéis venido a ver a The Cure y no a Robert Smith, para eso necesito a mi banda”. Y casi con una hora de retraso sonó con todos los miembros “Open” y sin descanso treinta y cuatro temas más. Tocaron éxitos ineludibles como “Lovesong”, “In Between Days”, “Just Like Heaven”, “Pictures Of You”, “Lullaby”, “A Forest”, “Friday I’m In Love”, “Why Can’t I Be You” o “Close To Me”, y destacaron otras grandes composiciones menos evidentes como “The Caterpillar” o “The Lovecats”. Pasadas las tres horas acordadas volvió a sonar en Kobetamendi “Boys Don’t Cry”, cerrando una actuación sobresaliente.

Para entonces Bloc Party y James Murphy ya habían comenzado sus sets, que sufrieron la atracción de la mayor parte del público por The Cure. La banda de Kele Okereke repartió su habitual tralla recibiendo a quienes llegaron únicamente al final con la mezcla de “Flux” con “We Found Love” de Rihanna.

Viernes 13

Por días la cifra más alta de asistencia (39.476 personas) pertenece a la jornada de Radiohead. Apenas 264 personas le faltaron a la noche del viernes para emular la gigantesca cita de Metallica en el BBK Live de 2007. El concierto de Bilbao era la segunda cita de la banda de Thom Yorke tras el derrumbe de su escenario en Toronto que acabó con la vida de uno de sus técnicos, además de destrozar el montaje visual previsto para esta gira. La ausencia de estos elementos no llamó la atención en un show en el que la banda de Oxford se presentó con una pared compuesta por doce pantallas cuadradas que captaron todos los detalles del show. Hicieron un concierto perfecto en el que no respondieron a las expectativas de grandes éxitos, si no que defendieron sus dos últimos y discutidos trabajos: “In Rainbows” y “King Of Limbs”. Ello no evitó que sonaran “Idioteque”, “Everything In Its Right Place”, “Kid A” y “Paranoia Android”, estas últimas en los bises. La lluvia que amenazaba el recinto desde mediodía hizo su aparición tímida cuando sonaban los primeros acordes de “Karma Police”, el tema más esperado en ausencia de “Creep”, y que corearon 40.000 voces junto a un Thom Yorke al piano. El vocalista solo salió de su ensimismamiento y sus bailes de trance para abrir la veda de los comentarios políticos que tanto se han estilado en esta edición del BBK Live, aludiendo a los recortes y los bancos, e invitando al público a tomar la calle y reclamar sus derechos.

Kieran Hebden, Four Tet, repitió la experiencia de 2003 de aliarse como telonero de Radiohead y darle la vuelta a la lógica festivalera que relega sus ritmos electrónicos a la madrugada. Hebden se creció apilando capas y más capas para dar lugar a unos ritmos bailables a los que muchos no atendieron por el nerviosismo de lo que vendría.

Un final tardío del jueves y un comienzo flojo del viernes se notaron en las primeras horas que empezaron a despertar durante la actuación de Noah & The Whale, primer nombre de una jornada con clara tríada folk junto a Mumford & Sons y Bigott. Saltaron al escenario perfectamente trajeados con la canción “Life Is Life”, y para el final del tema el viento se había llevado por delante las pantallas laterales, dejándonos el comentario más destacable de una actuación que no recordaremos el mes que viene. En su lugar cabe destacar el directo de Warpaint que en cuarenta minutos escasos presentaron los temas de su disco “The Fool”, con un marcado ritmo a golpe de bajo que es protagonista principal sobre el escenario.
Por su parte, Mumford & Sons desplegaron el country optimista que encierra “Sight No More”, y adelantaron algunos temas de su nuevo álbum que se publicará en septiembre. Las conocidas, “Little Lion Man”, “Winter Winds”, o “The Cave”, con la que cerraron, se crecieron en el escenario con el protagonismo del banjo y la percusión, e hicieron asomarse tímidamente un sol de tormenta.

El pop folk nacional estuvo representado en la carpa Vodafone por Bigott, que llenó, bailó y organizó la fiesta a la que nos tiene acostumbrados. The Kooks merecieron una escucha a su directo de temas de dos minutos, letras fáciles y melodías pegadizas. Sin descanso y de manera monótona sonaron una detrás de otra todas esas canciones que ya dejamos atrás: “Naïve”, “Ohh La”, “She Moves Her Own Way”, “Shine On” o “Sofa Song”.

La propuesta de ruido de Triángulo de Amor Bizarro no era la más aconsejable para la acústica de la carpa. Además de los muy coreados “De la monarquía a la criptocracia”, “Isa vs. El partido humanista” y “El fantasma de la transición”, presentaron un tema nuevo con un título tan delicado como ellos, “Follar”. En el BBK Live de los alegatos, Isabel Cea se metió en un berenjenal al asociar la subida del IVA a la cultura del que mal salió con un “Me cago en el PP”, con lo fácil que habría sido resumirlo auto citándose en un “Lo malo del gobierno es que gobierna”. Su breve setlist permitió aún presenciar el final de Vetusta Morla, que ya no sorprenden, pero que mantienen intacta su tirada. Pucho, quien también tuvo palabras para “quienes luchan en la calle” supo llevar a un público enorme a través de los temas de “Mapas” y de sus canciones más míticas hechas himno como “Valiente”, “Sálvese quién pueda” o “Saharabbey Road”, con la escenografía y los coros más que aprendidos. Repetitivos o no, mantuvieron al público en el salto y la mano levantada aún cuando el chirimiri ya calaba.


Sábado 14

La jornada del sábado era de esos días en los que intuyes que las sorpresas te las van a dar para bien los grupos menores, sobre todo si encabezan el cartel unos soporíferos Keane, aunque fuera de forma compartida. Llevaron hasta el escenario principal los temas de pop preciosista de su último trabajo “Strangeland”, y tal y como se hicieron famosos, se presentaron con piano, batería y bajo. Tom Chaplin y los suyos apostaron por las canciones melosas basadas en los teclados, una fórmula que no emocionó en el directo. Fue un show con los momentos justos de brillo y entrega de banda y público, que fueron sus himnos pop más radiados y conocidos como “Everybody Is Changing”, “Somewhere Only We Know”, “The Last Time” y “Is It Any Wonder”.
La otra parte de esa cabeza de sábado compartida fueron Garbage, un resurgir de los noventa en una buena forma sorprendente del cuarteto y muy especialmente de Shirley Manson y el gigante Butch Vig a la batería. Una espectacular Manson inició el viaje en el tiempo ataviada con camiseta de Patti Smith y entonando “Automatic Systematic Habit” y “I Think I’m Paranoid” seguidas. El hoy y el ayer. Y en ese ir y venir sonaron entre otras “Blood For Poppies”, “Stupid Girl”, “Cherry Lips” o “Big Bright World”, con un nuevo alegato reivindicativo. La fiesta casi se agua cuando el sonido se cortó durante un eterno minuto mientras interpretaban “Push It“, que terminaron con un gesto al backstage y abandonando el escenario. Con tanto compromiso como cabreo, la banda volvió con un escueto “Estas mierdas pasan” para interpretar los bises y cerrar con “I’m Only Happy When It Rains”, dejando en evidencia que ellos solos se bastaban para encabezar la jornada.

Abrían el día Corizonas que animaron al público y metieron en una fiesta de cantina a base de contrabajos, trompetas y guitarras. Por esa patina sureña se atrevieron a pasar grandes clásicos del pop anglosajón de los salieron airosos. También tuvieron palabras de referencia al indignado mundo exterior al festival al introducir “I’m Alive”.

Casi simultáneamente PS I Love You presentaban los temas de su último trabajo “Death Dreams” en el escenario 3, que hace las veces de hall del recinto. Además de la potencia y calidad conseguida por el dúo con solo guitarra y batería, destacó su vibrante cantante Paul Saulnier.

Una de las actuaciones más esperadas, la de Eli “Paperboy” Reed, fue un tanto agridulce. El soulman saltó al escenario con la elegancia de los cantantes de un Las Vegas de los cincuenta, y ofreció un sonido regular culpa de sus excesos vocales, las carencias de una banda ajena al show en la que faltaba una sección de viento, y una corista sin presencia visual ni sonora. Aun así manejó un espectáculo divertido en el que se ganó al público que terminó bailando.

Mientras The View se presentaban como el enésimo grupo pop-folk británico del festival a los que el escenario principal les quedaba enorme, Pure Love firmaban el directo más salvaje de lo visto hasta el momento. Su vocalista comenzó cantando en medio del público entre saltos y manos levantadas, y organizó un pogo de vuelta al escenario en el que participaron los más fieles y que quedó registrado en los móviles de quienes estuvieron cerca.
Otro caso en el que el escenario pequeño ganó al grande fue el de Glasvegas que se presentaron con una actitud demasiado rockera, para un sonido más bien pop oscuro, los escoceses que centraron la atención en la peculiar voz de James Allan y en Jonna Löfgren, quien permaneció de pie todo el show maltratando la batería. Quizás no en cantidad de público, pero sí en calidad se vio sobrepasado por la apuesta de The Big Pink, con un set de doble Dj, guitarra y batería. Dedicaron gran parte del setlist a su último disco, “Future This”, en el que sobresalió la interpretación de “Hit The Ground (Superman)”, dedicada a un amigo de la banda recientemente fallecido, aunque cerraron con su principal éxito, “Dominos”, coreado y bailado con brazos en alto.

La alegría en esta séptima edición del festival nos ha llegado durante sus debilidades más patentes, momento en el que han destacado los argentinos Onda Vaga, que cubrieron el hueco entre Keane y Garbage con su mezcla de folk, rock y tango construido en torno al cajón flamenco y el trombón. Y también cabe mencionar y recomendar a los ingleses Jonquil, incorporación suplente de última hora ante la caída de The Black Belles, que con su coqueteo con el tropicalismo cerraron el apartado de conciertos del Bilbao BBK Live 2012.