Gracias a su constancia y tesón, Borja Laudo y sus secuaces (esta vez sin Paco Loco), consiguieron un notable aforo (variopinto, por cierto) en un domingo lluvioso en el que un grupo nuevo se habría arriesgado a quedarse solo en el escenario. La gente esperaba al inicio del concierto y las miradas empezaron a dirigirse a la parte superior de la sala donde Bigott bailaba al compás de ninguna música: el espectáculo había comenzado.

Una vez ya en el escenario, arrancó la banda con “She´s my man”, canción de su album de 2009 “Fin”. Atrás quedaron los ritmos cálidos y latinos, la guitarra española, los coros sesenteros y todo vestigio del sonido de los vinilos de guateque de tus padres que caracterizaron sus primeros álbumes. Todo pasa ahora por un tamiz eléctrico con influencias mucho más oscuras: vestigios de Velvet Underground, Television, The Cure o Gang of Four se entreven en sus nuevas creaciones que sin embargo no han ensombrecido para nada su espectáculo. Borja sigue creando un universo absurdo en el que interactúa con el público, se mueve cual bailarín contemporáneo y hace pasar a todos un buen rato, que de eso se trata.

Fue intercalando canciones de su nuevo álbum “My friends are dead” como “Happy flan”, “Apple Girl” o la punky “Hairy moon” con sus ya clásicos “God is gay”, “Cannibal dinner” o “Dead mum walking”. El público disfrutaba y escuchaba guardando el silencio (buena señal). Entre tanta canción, cayeron una de The Cure y otra de The Feelies.

Es mi cumpleaños”-suelta una chica. “Deja de celebrar tus cumpleaños. Sal del tiempo”-contesta Bigott sin que le tiemble el pulso. “Qué canción más corta”- espeta alguien. “Como yo”-responde Borja. Así es él. Con una voz que envidiaría mucho indie, una creatividad desbordante, una cultura musical de enciclopedia y una banda compenetrada y sólida que sabe salirse de la estructura cuatro por cuatro, el zaragozano puede hacer lo que le apetece: canciones que rara vez llegan a los 3 minutos, escribir letras absurdas en inglés, invitar al público a seguirle en instagram y terminar con una versión surf de “Poupée de cire, poupée de son”. Nosotros compraremos o no compraremos sus álbumes, chapas o camisetas, pero seguro que seguiremos asistiendo a sus conciertos.