Se suele no prestar atención a los teloneros, lo cual a veces es un gran error, sobre todo si se trata de Tulsa, quienes ayer fueron los elegidos. El grupo español consiguió, mediante dos guitarras y un bajo, olvidar la necesidad de un batería. Americana, letras personales y una buena voz, la de Miren Iza, para redondear un excelente show. Pero el plato fuerte vendría más tarde, con el artista estadounidense que se acercaba hasta Madrid para presentar las canciones que forman parte de su nuevo disco. Beck demostró que la maniobra hecha en “Modern Guilt”, donde predominan las partes más lisérgicas, no es caprichosa; hubo momentos donde sonaba incluso a noise rock o garage. Arrancar el repertorio con una retahíla de hits, puede verse como una maniobra efectista, pero fue un calentamiento perfecto que puso en bandeja al público para escuchar su nuevo material recién publicado. Entre medias, hubo algunos fallos en el sonido, pero en general, la calidad que transmitió con “Modern Guilt”, “Orphans” y “Chemstrails”, demostró que Beck es un artista único y ecléctico como pocos.