Para ganar la Champions League de la música, uno tiene que presentar la mejor alineación. Y esa parece haber sido la estrategia de un BBK Live 2016 totalmente ambicioso en su planteamiento, y que se ha hecho mayor a pasos agigantados. Bilbao ha sido la capital del mundo de la música una vez más gracias a un elenco de actuaciones capitaneado por los siempre incombustibles Arcade Fire, unos Foals soberbios y, sin duda alguna, unos Tame Impala de sacar a pasear a Kevin Parker en la gabarra por la ría de Bilbao. Todo un lujo de cartel.

Jueves 7 de julio de 2016
Tuvimos que elegir ruta. Quizás sea el único defecto de un lineup tan logrado: algo te vas a tener que perder. Nada más entrar al festival los londinenses Years&Years eran los encargados de recibir a las primeras aglomeraciones de fieles. Con un colorido atrezzo, se lanzaron con el hit “Take Shelter”, porque total, ¿para qué esperar? A la primera descarga de adrenalina le siguieron “Shine”, “Border” y “Worship”, entre otras, que precedieron a una bastante lograda intepretación/mashup del “Hotline bling” de Drake y el “Dark Horse” de Katy Perry. Estuvieron correctos, entregados a un público joven y colorido que pobló las primeras filas, y que se desató con la descarga final compuesta por “Real”, “Desire” y “King”.

Tras ellos, turno para los escoceses Chvrches en el escenario Heineken. Cuánto es en directo o cuánto viene de casa no lo sabemos del todo, pero cierto es que ofrecieron un show enérgico y bien compensado con temas como “Never ending circles”, “Gun” o “Recovery”. Lauren Mayberry, que ha crecido exponencialmente como frontman, lo dejó todo sobre el escenario y seguro que conquistó hasta a sus más escépticos. Hablando de escepticismos, hubo tiempo incluso para el momento reivindicativo en referencia al Brexit: “I guess there are a lot of assholes in our country”. No te preocupes Lauren, aquí a veces también nos pasa. Como cierre, una esperadísima “Clearest Blue” en cuya explosión final podríamos vivir en bucle y aquella “The mother we share” que los situó en la órbita del pop mundial.

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Competían Hinds, la última sensación de la música patria, y los franceses M83 (en la foto) por acaparar la atención tras el final de Chvrches. Vista la posterior anulación en Madrid de estos últimos por “problemas logísticos imprevistos” (?), no fue desacertado acercarse al escenario Bilbao para presenciar el primero de los grandes conciertos que nos deparaba el BBK. Se lanzaron con “Reunion” para acaparar toda la atención del main stage y mostraron las nuevas formas eclécticas de “Junk” con “Do it, try it”; pero no fue hasta “We own the sky” cuando pusieron a prueba toda la capacidad decibélica de una explanada principal entregada a la causa. El impás de temas interpretados por Mai Lan precedió al momento grande de la noche con una “Midnight city” apoteósica con la que para muchos finalizó un show colorido, con altibajos, pero nada facilón.

El único inconveniente para New Order fue quedarse atrapados entre el sandwich electrónico de Chvrches y M83 y unos esperadísimos Arcade Fire. Principalmente porque al lado de los dos primeros sonaron a un nivel de potencia por debajo; seguidamente, porque los canadienses ya se habían llevado a parte del público cuando todavía restaba un setlist con “Blue Monday” o “Love will tear us apart”, entre otras. A destacar una (muy) divertida “Tutti frutti” y el momento karaoke de “Bizarre Love Triangle”.

Medio festival ya andaba más que preparado para cuando estalló “Ready to start”. Lo de Arcade Fire (en la foto inferior) empieza a ser un setlist cuasi ilegal, que además fue creciendo conforme los de Montreal se acomodaban en el escenario. “The Suburbs”, “Sprawl II”, “Reflektor” o “Afterlife” ya se habían revelado cuando apenas se cumplía media hora de directo. Especial mención merecen las guitarras de “Normal person” y una “No cars go” épica, cuasi mística. “Rebellion”, coreadísima, preparó el terreno para un final trepidante acompañado de los pocos kilikis que no se habían pasado por los Sanfermines. “Wake up” echó el resto. Todavía uno no se imagina lo que podría desaparecer de su repertorio cuando estrenen nuevo disco.

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Para servidor, la sorpresa del día la dieron unos Hot Chip con uno de los shows más divertidos y bailables que se pueden presenciar en la actualidad. Al igual que sus predecesores, lo de Goddard y los suyos es un hit tras hit. “One life stand”, “Over and over”, o “Need you now” prepararon el terreno para una “Huarache lights” que, ¡demonios!, suena más legendaria en directo incluso que en estudio. La Santísima Trinidad compuesta por “Ready for the floor”, el chute de “I feel better” y la maravillosa versión de “Dancing in the dark” de el Boss cerraron una performance que ya es una apuesta segura para cualquier festival.

Para entonces, Floating Points ya había finalizado su magistral show en un Basoa, el bosque electrónico de desenfreno que ha ideado el BBK, que contó con cientos de incondicionales durante todo el festival. Four Tet, con el público en el bolsillo y la alegría en las venas, dio la bienvenida a un viernes fresco en Kobetamendi.

Viernes 8 de julio de 2016
C. Tangana nos recibía a las puertas del festival en el Pepsi Stage. Curioso fenómeno que aglutinó a un buen número de los primeros madrugadores. Con continuas referencias a Agorazein (el colectivo que les situó en el mapa del rap en España), el madrileño se despachó por medio de todo tipo de ritmos con bien de bass que encontraron su apogeo en temas como “Bolsas”, “Nada” o “Los chikos de Madriz”, en uno de los beef más sonados del panorama en los últimos años. Hubo tiempo para escuchar la maravillosa voz de su nueva apuesta Rosalía en temas como “Llámame más tarde” e incluso para un final dedicado a la cierva Carlotta Cosials en “C.H.I.T.O.”.

Solo hubo tiempo para ver el final de José González tras el directo del rapero que, sin duda, cuenta con una legión de fans dispuestos a acompañar cada una de sus estrofas, e incluso a echar la lágrima si es necesario. Especial referencia a la versión de “Teardrop” de Massive Attack que hizo las delicias de los incondicionales que copaban el escenario principal.

Tras el sueco eran Ocean Colour Scene los que hacían entrada en el Heineken. Empezaron con el “Day tripper” de los Beatles que a continuación se fundió con otros grandes éxitos “The riverboat song” o “The day we caught the train”. Para cerrar un concierto de los de reconquista fan, “You’ve got it bad” o “Get away”, entre otras, firmando un directo de reconciliación con la música de antaño.

La disyuntiva estaba entre Belako y Love of Lesbian. Quizás por primera vez en la historia de los festivales mundiales agradecimos el solape, ya que la mitad del respetable se lo asignaron los de Mungia y la otra mitad los barceloneses. Hubo tiempo para todo. Para ver cómo los de Santi Balmes siguen teniendo un tirón absoluto y para presenciar la etapa adulta de unos Belako que bloquearon hasta los accesos al festival. Como era de esperar, lo mejor en el escenario principal fue constatar que siguen existiendo fans de John Boy, de algunas plantas y del año 1999; lo peor, ver que los nuevos temas no cuentan con la fuerza especial de los mencionados. Por el Pepsi Stage pasaba un ciclón por entonces con unos Belako entregadísimos, poco dados al charloteo, pero incisivos y rompedores en temas como “Track sei”, “Sea of confusion” o esa versión de “Sinnerman” de Nina Simone.

Posiblemente la gran decepción la protagonizó Grimes y no, no tuvo nada que ver en esto que el sonido se desvaneciese durante casi 20 minutos cuando entonaba la machachona “Go”. Algunos nos confesamos incondicionales de su música, pero no puedes presentarte ante una ansiosa audiencia con un sonido en directo pregrabado. Sí, el show es divertido. Las bailarinas, motivadoras. El apartado vocal, prácticamente impecable. Pero hay que llegar a las teclas antes de que haya un cambio de ritmo porque, si no, se te ve el plumero. A pesar de ello, hubo tiempo para escuchar “Realiti”, “Flesh without blood”, el hit “Oblivion” y una “Kill V. Maim” que, todo hay que decirlo, reventó de saltos el escenario Heineken. Poco más.

Una lástima la elección porque por entonces WAS estaban enloqueciendo a los asistentes en el Pepsi Stage con temas como “Irrintzi”, “Can I count on you?”, “I like you as you are” o el cierre con “On the floor”. Txalaparta, baile y desenfreno. Llegó el momento bocadillo previo a la aparición de Pixies (en la foto superior) que abarrotaron el main stage. 32 temas que valen toda una carrera. Los de Black Francis fueron de menos a más, navegando entre un repertorio que ya es patrimonio de la humanidad, y que cuenta con puñetazos como “Monkey gone to heaven”, “Velouria”, “Hey”, “Tame” o himnos como “Here comes your man”, “Where’s my mind?” y, esta vez sí, “Debaser”. Poco o nada reseñable sobre sus últimas composiciones que fueron protagonizadas por una recién estrenada “Um chagga lagga”.

El tema entonces era elegir entre el show de Underworld, Slaves o morir elegantemente a manos de Tim Sweeney y Erol Alkan en Basoa. Los que escogieron esta última opción no se equivocaron, aunque seguramente pocos puedan citar hoy más de dos temas de los que cayeron a modo de beat en el bosque sombrío.

Sábado 9 de julio de 2016
Último día. Nos recibe Courtney Barnett con un sonido arrollador. Qué mujer, qué espectáculo. “Scotty says”, “Depreston”, “Pedestrian at best” o “Avant Gardener” preceden a un final de infarto con “Nobody really cares if you don’t go to the party”. Como para programarla a medianoche. Se confirma que la crítica no se ha equivocado.

Tras esta maravillosa acogida de sábado en las pantallas se pudo disfrutar del directo de la estrella, showman e icono sexual Father John Misty. Y digo esto porque había golpes en primera fila por alcanzar a acariciar su espléndida melena e incluso plantarle un par de besos como hizo una alocada fan, dejándose llevar por la emoción del momento. Gracias a la divinidad, no solo hubo amor, también música. “Chateau Lobby #4”, “True affection”, “I’m writing a novel” o “I love you, honeybear” guiaron un notable directo completado con “The ideal husband”.

Tame Impala es un tema aparte. Algo digno de ver y sentir una vez en la vida. No son los más empáticos, ni los más movidos, pero crean una atmósfera psicodélica y un trance inimitable. Kevin Parker y los suyos plantaron la bandera en el escenario Bilbao por medio de “Nangs” que anunciaba la apoteosis de “Let it happen”, posiblemente uno de los temas más estelares que se haya escuchado en Kobetamendi. Lo que vino después ya es historia. “Why won’t you wake up your mind?”, Why won’t they talk to me?” o “The moment” desbloqueaban el sendero para la llegada del frenesí de “Elephant”, “The less I know the better” y una “Eventually” a pleno pulmón. Pelos de punta. Hubo tiempo para acordarse de la colaboración con Mark Ronson en “Daffodils” antes de finalizar con el trío compuesto por “Apocalypse Dreams”, “Feels like we only go backwards” y la rihannizada “New person same old mistakes”. Qué puñetera maravilla.

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Tras los australianos, la oferta se debatía entre Jagwar Ma en la carpa y Editors en el escenario Heineken. Apostamos por los de Birmingham y no decepcionaron. “Munich”, “Ocean of night”, “All the kings” o “Papillon” sonaron épicas gracias a un Tom Smith que se dejó el alma sobre el escenario y a un sonido envolvente prácticamente de sobresaliente. Mención especial merecen Foals (en la foto), cuya evolución desde los inicios es digna de alabanza. Les costó arrancar, pero “My number” acabó con todas las dudas a las terceras de cambio. “Total live forever” o “Give it all” nos dejaron en el punto justo para romper con “Spanish Sahara”. Completaron su implacable show algunos temas triunfantes como “Mountain in my gates” o “Late night” antes del bis agitado de “Inhaler”, “What went down” y “Two steps, twice”, pocos incluidos. Muchos entendieron entonces el porqué de la letra grande.

Para acabar de matar el BBK, Soulwax ofrecían un espectáculo ascendente en el Heineken que acabó dejando un agridulce sabor de boca a los que se debatían entre el rock de Wolf Alice o Triángulo de Amor Bizarro. No fue la noche de los hermanos Dewaele, que tras el paso de Bilbadino por la carpa ofreciendo una sesión para todos los públicos, acabaron pinchando para ellos, como si nadie estuviera esperando un arreón final de 2 many dj’s.

Undécima edición del BBK Live, que será recordada como una de las más grandes de su historia. ¿El reto? Mejorar un cartel que este año contaba con oferta de calidad para todos los públicos. No tardaremos en salir de dudas, Kobetamendi ya es religión.