Dos discos -el segundo recién salido, Wild World (2016)- y “llenar el 02 Arena de Londres” ya no es una asignatura pendiente para Bastille. Su paso por Mad Cool no fue más que un aperitivo de lo que acabarían preparando para la gira mundial que el sábado llevó al grupo directo a la pista del WiZink en su primera visita a Madrid como titulares. Entonces no contaban con todo el despliegue audiovisual exhibido este fin de semana, una pieza más del puzzle que no trata de suplir carencias -sus primeras visitas a festivales de nuestro país ya habían dado fe de su popularidad- sino de sumar puntos a la más que disfrutable ceremonia de pop épico que es un recital de Bastille.

Con las conocidas figuras de la portada del disco observando a los asistentes desde las alturas, Bastille llevaron más allá el universo distópico y cinematográfico que han desarrollado en torno a Wild World. Y lo hicieron con unas pantallas desde las cuales el desagradable político/presentador (inevitable no pensar en Trump), de WWCOMMS, su propia agencia de noticias, realizaría la retransmisión del concierto. Este arrancó con la cita que introduce Send Them Off!, desatando el griterío que no cesó con Laura Palmer, uno de los títulos que ha acabado llevando al grupo a recintos como este.

Dos canciones y ya tenían a un homogéneo público (no sólo de adolescentes iba el juego) en el bolsillo. Cierto es que los stormers -así se autodenominan sus fans- estaban motivados desde que compraron la entrada, pero hasta aquellos que acompañaban al amigo o a la amiga para ver si lo de Bastille era para tanto ya habían caído. Buena parte de la culpa la tiene Dan Smith, todo un frontman que dirige al personal con gran facilidad. Un aforo encantado de oír a su ídolo chapurrear castellano y de que este se aventurase a bajar a la pista, a riesgo de ser engullido por la multitud, para terminar Flaws. Haría un segundo viaje para llegar a la plataforma central y organizar desde allí la coreografía de Of The Night. Había Dan para todos.

Sin embargo, Dan es la voz de un cuarteto que de gira se convierte en un quinteto muy bien compenetrado tanto en los momentos épicos (Good Grief, Fake It o la infalible Things We Lost In The Fire) como en los más guitarreros (el final de The Draw). Kyle Simmons como amo y señor de los teclados, Chris Wood “Woody” a las baquetas, Will Farquarson alternando cuatro y seis cuerdas y el chico para todo, Charles Barnes, quien a pesar de estar en segundo plano no se salvó de la cámara de WWCOMMS que registraba todos sus movimientos (sí, todo muy 1984). Y, como guinda, tres coristas y portadores de metales.

Los audiovisuales cobraron gran protagonismo en su guiño más político, The Currents, con una apabullante pantalla multicanal que después se teñiría de rojo para Bad Blood. Aunque todo esfuerzo visual no podía sustituir a la inagotable energía de Smith, cuyo registro vocal no se resintió a pesar de su hiperactividad sobre el escenario. Así quedo demostrado tras un breve receso (en el setlist figura como Fake News Interlude, ¿les suena?) en su ascenso al gallinero del recinto. Allá se fueron Dan y Will con la guitarra, para calmar los ánimos antes del cierre con Two Evils. Con el arranque de Icarus, que por un momento sonó (salvando las distancias, no se me alarmen) al de Knights of Cydonia de Muse, comenzó la traca final. Los “eo eo eo” de Pompeii coreados a placer por el público marcaron los últimos minutos de gloria de Bastille, que tuvieron el detalle de compartirlos con las dos bandas teloneras, Frenship y Rationale.

Dan Smith y compañía afianzaron su idilio con España con una noche de épica pop y de buenas vibraciones, a pesar de la deprimente realidad que reflejaban sus pantallas y que en el fondo encierran buena parte de sus letras. ¿Otros Coldplay? Quizás, pero los de antes de que sus canciones se rindieran por completo al espectáculo fácil. Así fueron las cosas y así se las contaron desde Wild World Communications.