Suena la última nota de “Is There A Ghost” y con ella finaliza toda una lección de dedicación, pero sobre todo entrega. Valores que se le supone a todo concierto de rock que aspire a ser apreciado por cualquiera que quiera vivir una experiencia que vaya más allá de lo que un grupo ofrece en sus discos. Porque si hay algo que han dejado bien clarito Band Of Horses esta misma noche en la abarrotada sala Apolo de Barcelona, es que una cosa son sus grabaciones y otra muy diferente su puesta en escena. Mientras en el estudio canciones como “Laredo”, “No One’s Gonna Love You”, “Ode To LRC”, “Wicked Girl” o “The Funeral” suena más vaporosas y etéreas, encadenadas en directo en el que resulta ser el mejor tramo de su concierto, suenan rocosas, crudas y veraces. Tan reales como una dolorosa patada en los morros. Tan auténticas como el esfuerzo infra-humano de Ben Bridwell desgañitándose para no llegar a esa última nota. Poco importa. Lo único realmente importante es que barriendo cualquier etiqueta de un plumazo, Band Of Horses dejaron una única huella en el escenario. La pisada profunda del rock ejecutado con sudor y mucha fe. El rock de raíz americana que sacrifica la belleza de los arreglos, la floritura de los coros y de los efectos de estudio, sacando a relucir la magia de un directo sin edulcorantes ni artificios. Dedicación y oficio. En eso los grupos estadounidenses nos ganan por auténtica goleada y no hay más que hablar.
Ahora solo cabe especular porqué ese mismo músculo que exhiben en directo no lo aplican en mayor grado en sus grabaciones. Estoy convencido de que subirían un par de peldaños en ese competitivo escalafón de la “americana” actual. Y sino que se lo pregunten a Wilco que con “A Ghost Is Born” pegaron ese salto cuantitativo que Band Of Horses podría o incluso debería perseguir. Mimbres han demostrado que tienen.