No hicieron falta ni saludos ni presentaciones. A la hora convenida apareció Greg Graffin en el escenario, empezó a recitar “I can’t believe it, the way you look sometimes” y el público enloqueció mientras coreaba y bailaba “21st Century Digital Boy”. El mismo público que apenas había pestañeado durante la actuación de los teloneros Yawn, una banda de pop-punk de Manresa que sigue los pasos lógicos de su evolución musical pero que se sitúa en las antípodas de Bad Religion en cuanto a trayectoria. Una trayectoria musical que los de California repasaron de la A a la Z, ya que sonaron temas casi prehistóricos (“Fuck Armaggedon… This Is Hell”, “Suffer”, “No Control”), otros de su etapa de consolidación (“Recipe For Hate”, “American Jesus”, “Stranger Than Fiction”, “Struck A Nerve”, “News From The Front”, “Punk Rock Song”) y alguno de sus discos más recientes (“Social Suicide”, “New Dark Ages”). Para los bises reservaron una terna que puso los pelos de punta: “Generator”, “Infected” y “Sorrow”. La excusa de esta nueva visita a Barcelona era la presentación de su último álbum, “New Maps Of Hell”, pero cuando más vibraba el público era cuando repasaban los himnos legendarios, como era de esperar. Respecto a la banda, pues está claro que los años no pasan en balde a pesar de que Greg Graffin se mostró muy comunicativo (incluso en castellano, demostrando que para eso es profesor) y que Greg Hetson es puro nervio (aunque haya llovido mucho desde los tiempos de Circle Jerks). A Jay Bentley se le notaba contento y a Brian Baker un poco fondón (también ha llovido bastante desde la época de Minor Threat). Aún así fue un buen concierto y hay que disfrutar de Bad Religion mientras dure, pues parece que la banda lleva camino de convertirse en los Rolling Stones del punk-rock.