Lo reconozco: un cartel a priori insuficiente para celebrar el décimo aniversario del mejor festival de rock español ha ido ganando solo el estatus que merecía. Y no por fichar estrellas de postín, sino por aglutinar a una masa que se ha sentido cómoda los tres días, casi temáticos en sí y suficientemente heterogéneos sin resultar difusos.

Jueves 23

Los navarros Bizardunak abrieron la jornada inaugural más masiva de la historia del Azkena Rock cagándose en el 15 M, reivindicando la lucha de clases y pendulando la mala ostia de Pogues y el jolgorio de Dubliners con la misma intensidad. Eels aparecieron en formato de semi big band, y Mark Oliver Everett no frunció ni un segundo el ceño a pesar del cartel de día al que le tocó sumarse. Con su bipolaridad dirigida hacia el lado optimista, Everett y sus uniformados (e hirsutos) músicos dejaron corto el manido adjetivo ecléctico. Un diez. Black Country Communion es un supergrupo sin sinergias, como suele ocurrir en estos casos, que construyen un muro de sonido demasiado, ejem, enladrillado. The Cult mostró a un Ian Astbury encortisonado que, al grito de campeones, oe oe oe (¿?) gozó de decibelios pero de poca efectividad. Lavadoras con un centrifugado más rítmico que el de un Rob Zombie fagotizado por su personaje las hay, que las he escuchado, y Alaska, digo Ozzy Osbourne se respaldó en su leyenda para no caer en la caricatura. Aunque ni tan mal. Pero peor que Kyuss Lives! Sorprendieron hasta a los más alejados estéticamente del stoner, y su formación casi original no dilapidó tan importante legado.

Viernes 24

La resaca del día anterior se empalmó con The Riff Truckers, la gran esperanza del rock and roll sureño del sur de Euskadi, valga la redundancia. Nerds bizkainos, de polvorientas y etílicas guitarras, merecen llegar alto. Blue Rodeo tienen un gusto excepcional construyendo canciones, dosificando los cambios, y aunque se decantaron por los temas más largos y atmosféricos, tienen en la melodía otro de sus fuertes, aunque no lo demostraron, y aquí se les podría achacar el pero. Reverend Horton Heat se sigue quedando a medio gas, al contrario de unos Atom Rhumba cada vez más sexualmente agresivos y crecidos ante la masa. Cheap Trick eran plato muy esperado de degustar, y supieron añejos y actuales, a cuenta de unos himnos imperecederos (desde “Surrender” a “Dream Police”) que se defienden solos. Guitarras de cinco mástiles y bromas aparte, se han sabido mantener al paso de los años. De lo mejor de la jornada. Bad Brains aguantaron como pudieron el tipo, Primus pecaron de analíticos y por ende, monocordes, y al directo (y a su técnico de sonido) de Queens of the Stone Age no le tose nadie en la actualidad.
El adjetivo de inefable del día se le adjudica al blues metal de Clutch.

Sábado 25

New Bomb Turks tuvieron un horario demasiado temprano para llegar a más gente (culpa en parte del calor) y por tanto, comprobar colectivamente que el estado mental de Eric Davidson sigue siendo preocupante. Avett Brothers fueron aplaudidos y vitoreados gracias al encanto de los propios hermanos, a rasgar el folk como si fuera rock duro, encandilar con medios tiempos sublimes, empalmar el country con el rock and roll y salir airosos en cada una de las canciones. En derredor la gente sonreía y a mi lado, una chica lloraba. Si los conservadores hermanos de Carolina del Norte fueron la sorpresa, el público de Band of Horses iba sobre seguro, y así transcurrió el recital. Sobrios pero no tanto, cumplieron trámite con “Laredo” para dejar claro que “Is The a Ghost” o “Funeral” te ponen la piel de gallina, como en el disco. Gregg Allman atrapó por momentos la magia de los ambientes del blues rock folk de su pasado, Bright Eyes pudieron mejorar un show que no llegó a las expectativas creadas por el genio de Conor Oberst, muy al pesar de quien esto firma, Brian Setzer´s Rockabilly Riot rozó el notable, sobre todo en la segunda parte con Slim Jim Phantom aporreando temas de Stray Cats y Paul Weller, flemático y contenido, metiéndose cada vez más en sí mismo, se va sumergiendo con más facilidad en las pantanosas aguas del AOR. Mejores ocasiones para verle ya ha habido, sobre todo cuando no está en piloto automático.