Avenged Sevenfold agotaron el aforo para una sala como Razzmatazz con casi dos meses de antelación, un hecho que provocaría el cambio inmediato a una sala con un mayor aforo. Una circunstancia que sorprendió a todo el mundo, incluso a quienes habían confiado desde un principio en el poder de convocatoria de los californianos. Pero han sido diversos los factores que han propiciado ese éxito, como por ejemplo que alcanzarán el número uno en Estados Unidos, el revuelo que se había armado anteriormente tras la muerte de su batería (además de amigo del alma para sus compañeros), mas el enorme caparazón de una obra como “Nightmare” y el atractivo para muchos de ver a Mike Portnoi de Dream Theater tocando la batería con ellos como sustituto de Sullivan. Con todos esos alicientes se presentaba el grupo en su única fecha en España, dispuestos a demostrar que todo lo bueno que se había hablado sobre ellos tenía su razón de ser. Y Avenged Sevenfold salieron a matar a las primeras de cambio con un tema como “Nightmare” que ya es un pequeño clásico. La banda suena compenetrada y con un sonido que es impecable, no hay ni una sola fisura, las guitarras se doblan con naturalidad y su cantante tiene un gran carisma escénico. Los temas cuentan con ese aura más épico que sin embargo consigue engancharte, aunque no seas un devoto de esos sonidos tan grandilocuentes. Se centraron básicamente en los temas de su quinto álbum, pero acabaron con “Bat Country”, una de las canciones que se oían en “City Of Evil”, el tema que les sacó en su día de su particular anonimato. Muy corto (setenta minutos) pero altamente intenso, la actuación del quinteto californiano entra dentro de esa categoría de conciertos que te hará volver a creer en la fortaleza y vigencia del hard-rock y el heavy metal. El futuro en sus manos.