Con todas las entradas agotadas -más una fecha adicional en la Sala Salamandra hace unas semanas con el mismo resultado en taquilla-, Aspencat se despidieron de Barcelona y de los escenarios por todo lo alto poniendo punto indefinido -no sabemos si definitivo- a sus doce años de trayectoria.

La barcelonesa sala Razzmatazz fue testigo del último concierto de los valencianos después de anunciar hace unos meses un parón indefinido y de pasar por ciudades como Bilbao, Palma de Mallorca, Madrid, Santiago de Compostela, Xaló, Valencia y Barcelona. De la rabia provocada por unas condiciones políticas estrictas y represivas nació la esencia más popular de la música de Aspencat. Como no podía ser de otra forma, llevaron esa rabia la noche del sábado a Barcelona para transformarla en fiesta. Pero no fue para nada fácil ya que la situación en Catalunya es la que es y el protagonismo estos días se lo llevan otros temas. A pesar de que la banda, capitaneada por los micros de Kiko Tur e Iván Gosp, intentó crear una atmósfera cálida, de nostalgia y despedida, el público —eso sí, entregadísimo a la hora de cantar— aprovechó cualquier oportunidad para entonar los cánticos de moda de estos días, dejando en segundo plano el adiós de los de la Marina Alta.

De todos modos, y sin esperar que fuera de otra manera, la noche fue de protesta, resistencia y con el grupo alternando recordatorios de sus raíces con la ya típica fraternidad con los “hermanos del norte”. El show empezó fuerte con “Música naix de la ràbia” para calentar al público, de su último disco “Tot és ara” (Halley, 15). De este trabajo sonaron himnos como “Trencar els miralls” con la colaboración de Mai (La Revenge), “Vull brindar” y “Sense por”. Uno de los “momentos mechero” de la noche fue para “Trinxeres en la foscor”, también de “Tot és ara”, en versión acústica para alzar al público cantando versos perfectos para la ocasión “No perdamos la dirección/hagamos juntos la revolución/para cambiar este mundo”. Por otro lado, repasaron los éxitos de “Essència” (Autoeditado, 13) y “Naixen primaveres” (Autoeditado, 11), los dos álbumes que catapultaron al grupo a lo más alto de la escena y a indagar más allá de sus fronteras territoriales y de sonido. Sin parar de manifestar sus intenciones, la locura se desató con “Revolucionari”, ensalzada con comentarios de los frontmen para enloquecer aún más el sentimiento de revolución del público: “Tenemos la conciencia de no ser nada si no somos libres”.

Otra de las colaboraciones de la noche fue la de Feliu Ventura, que interpretó “L’herència” y terminó de conmover a los seguidores que cantaron con él los versos que pusieron letra perfectamente encontrada —y buscada— a los días que se viven en Barcelona: “Somos vuestras voces y no nos harán callar/Porque nunca perderemos nuestra dignidad”.

Cerraron la noche “Xiqueta dolça”, canción del 2009 que pocos en la sala recordaban pero que los más mayores entonaron junto al grupo; “L’últim segon” y la más esperada, “Quan caminàvem” interpretada por última vez.
A pesar de que no supo a despedida, se bajan de los escenarios y entran en el selecto club de grupos valencianos que permanecen en la memoria de varias generaciones y que, en principio, ya no veremos más en directo: Obrint Pas, Orxata Sound System, La Gossa Sorda y, ahora, Aspencat.