El concierto de Arctic Monkeys del pasado sábado en el Pavelló Olímpic de Badalona sirvió para confirmar de entrada unas cuantas cosas. En primer lugar, destacar la gran confianza que el grupo parece haber depositado en su último trabajo, el excelente “AM”. No deja de ser curioso que los temas que eligieron en su set list tanto para abrir como para cerrar la velada sean por orden los dos primeros trallazos que abren su quinto largo. Una confianza correspondida por la reacción del público que los celebró con gran algarabía, al igual que cuando cayeron “Why’d You Only Call Me When You’re High?”, la apocada “I Wanna Be Yours”, pero sobre todo una sinuosa y chulesca “Arabella” en la que Alex Turner se despoja de su guitarra, se peina el tupé y arranca por primera y única vez el micro de su soporte para andar con cierto porte mayestático por el escenario, momento que la banda aprovecha para realizar su guiño homenaje a unos Black Sabbath que, junto a The Clash, se encuentran entre las referencias de los de Sheffield.

Y aquí llegamos a la segunda de las evidencias que nos deparó el concierto, que no es otra que lo mucho que ha crecido su frontman tanto a la hora de cantar, como de mostrarse al exterior, con ese look heredero de un Joe Strummer, con el que comparte también el regusto por la música de los cincuenta y un porte vacilón que estalla en canciones como una “Dancing Shoes” muy celebrada o una “Teddy Picker” que fue de lo mejor de la noche. Alex Turner ha crecido mucho, se muestra seguro y rotundo en su interpretación y se lanza a ejercer de cantante al contar el grupo en algunos de los temas con la ayuda de hasta tres músicos de apoyo (guitarra, teclados y percusiones), algo impensable cuando empezaron con aquel lejano “Whatever People Say I Am…” del que nos regalaron la ya mencionada “Dancing Shoes” y una “I Bet You Look Good On The Dancefloor” con dedicatoria especial en catalán “a totes les noies”. Lástima que “Fake Tales Of San Francisco” se quedara en el tintero al igual que una “Brick By Brick” que en la gira anterior se mostraba como la más rotunda de su penúltimo álbum.

Ausencias al margen, me gustaría destacar también que su actual visita a nuestros escenarios nos mostró a una banda que va ganado enteros con cada nueva gira, pero que naufragó un poco desde el punto de vista escenográfico. Un escenario basado en un correcto juego de luces y en las dos iniciales del grupo dispuestas en dos torres de bombillas blancas que no fueron suficientes para dotar de mayor fuerza a la parte visual adecuada a las dimensiones de un pabellón. Si a eso le sumas cierta sensación de que todo resulta demasiado medido y calculado, te encuentras ante un concierto correcto, quizás incluso demasiado.