Tres llenos consecutivos y punto final: el adiós definitivo. Antònia Font se despiden de los escenarios de forma abrupta, casi precipitada, dejando con dos palmos de narices a seguidores de ambos lados del charco. Setecientas personas –las mismas que, en poco más de una hora, agotaron las entradas del concierto nada más comunicarse la disolución del quinteto– fueron testigos del último concierto de una de las bandas más influyentes que haya dado la música en catalán a lo largo de esta última década y media.

Repitiendo el mismo set-list de las dos noches anteriores, los mallorquines se mostraron en plena forma: una maratón de cuarenta y ocho canciones concentradas en unas tres horas. Claro que, ojo al dato: doce de ellas –las incluidas en su último trabajo, Vosté és aquí – apenas superaban el minuto y medio. El público pareció olvidarse de la relativa frialdad con la que acogió el disco y, consciente de la envergadura de la ocasión, las aplaudió como cualquier otro clásico de Antònia Font.

Visiblemente emocionados, el grupo capitaneado por Joan Miquel Oliver encadenó tema tras tema de forma limpia, precisa y, a momentos, mecánica: “Tokio m’és igual”, “Vitamina Sol”, “Darrera una revista”, “Bambú”, “Me sobren paraules”, “Focs artificials”, “Alegria”… Así, hasta llegar al clímax final en forma de bis: los tres grandes clásicos de su primera época “S’univers és una festa”, “En s’estiu” i una “Viure sense tu” que, por última vez, sonó dolorosamente profética. Fin del sueño: Antònia Font ponen fin a diecisiete años de éxito para convertirse en aquello que, desde hace tiempo, se podía percibir: en una leyenda con nombre de mujer.