La quinta edición del AMFest, el festival (eminentemente) instrumental de Barcelona, arrancó con el nuevo proyecto de un viejo amigo de la familia Aloud como es Jaime L. Pantaleón. El exAtleta y ex12Twelve, precursores en nuestro país del post-rock instrumental, capitanea ahora al trío Gambardella. Abrieron para los franceses Lost In Kiev y los británicos Yndi Halda, y dejaron el listón muy alto. La banda, apuntalada por el bajista Victor Teller y el batería Óscar Altaba, venía de girar por Italia. Y lejos de mostrarse cansados, rebosaron energía. Los tres dieron una clase magistral de psicodelia y jazz instrumental, de pasarlo bien encima del escenario, de creer en lo que hacen.
Los segundos de la noche, Lost In Kiev, presentaban nuevo trabajo, el fascinante “Nuit Noire”, con la ayuda de unas proyecciones muy bien metidas. Sonaron muy bien, correctos, como cabía esperar de la banda y de La [2] de Apolo, pero resultaron algo lineales. Están unos escalones por debajo de los popes del género instrumental como Russian Circles y Caspian, pero eso ya lo sabíamos. De dinámicas saben un rato Yndi Halda. Ya estuvieron hace un par de años en este mismo festival, pues son una de las confesas debilidades de la organización, pero esta vez se salieron. Bordaron el concierto, apoyado en los larguísimos pero deliciosos temas de su último trabajo, “Under Summer”, de 2015, y algún clásico como la espeluznante “Dash And Blast”, de 2006. Remataron la faena entre el público, con la sala totalmente enmudecida. Piel de gallina.

La programación del viernes tenía dos escenarios. Mientras los valencianos Our Next Movement defendían en la sala pequeña de Apolo su nuevo “112”, un muy buen disco de math rock instrumental publicado recientemente por Aloud, todo estaba listo en la sala grande para los noruegos Leprous. El quinteto de Oslo, con ese rock progresivo impoluto y afectado, atacó temas de su último trabajo, “The Congregation”, como “Third Law”, “The Flood” y “Slave”, pero también otros pretéritos, aclamados por buena parte de los asistentes. La sala grande estaba llena hasta la bandera cuando acabaron el concierto, preparada para el infalible directo de los irlandeses God Is An Astronaut. Antes, unos pocos, volvimos a la sala pequeña, donde nos esperaban Doble Capa. Y nos encontramos una batería sin microfonar (ni falta que hacía) y un buen amplificador en medio de la pista. La banda de Arianne y Mario (exThe Joe K-Plan) tenía apenas treinta minutos, y aprovecharon cada segundo. El ambiente era propicio, casi familiar, con unas sesenta personas, entregadas a la música del dúo madrileño. Mientras ella aporreaba la batería, con fuerza y determinación; él sacaba notas de su guitarra tipo Cigar box, algo así como una Lap Steel. Sonido primitivo, rural y mucha emoción contenida. Y es que Arianne, como su hermano Sergio, impulsor del festival, echaban de menos a alguien en la sala, en el festival. Su padre, su fan número uno, fan incondicional del festival, falleció recientemente. “Es el concierto más difícil”, dijo antes de encarar el último tema. Le dedicó entonces el concierto, visiblemente emocionada, y el público respondió (respondimos) con un abrazo en forma de aplauso eterno. Sin duda, uno de los conciertos más especiales de todo el festival. El otro llegaría el sábado, con Ànteros.

God Is An Astronaut eran el plato fuerte de la noche, y no fallaron. Con un dominio absoluto del medio, con precisión quirúrgica, el cuarteto irlandés ofreció un concierto incontestable. Sonidazo, humo, luces y temazos como “Suicide By Star”, “Echoes” y “All Is Violent, All Is Bright”. Incontestables e insuperables en su género, post-rock a ratos intenso, a ratos ambiental. Como curiosidad, su batería se atrevió con un solo de batería que sonaba más a batucada que otra cosa y amagaron con tocar un tema de Michael Jackson. Luego llegarían The Album Leaf y Arms And Sleepers, con el pop electrónico como denominador común, encargados de poner el punto final a la segunda jornada.
Con La [2] bastante llena empezaron su concierto Mardemarmo, banda de post-rock instrumental efectivo y efectista, deudor de Mogwai y Toundra, entre muchos otras influencias que sobrevolaron el escenario durante su participación. Los temas sonaron bien y entraron mejor, sobre todo cuando subió al escenario un tercer guitarra, Jordi de Syberia, quien participó como uno más de la banda en los tres últimos temas de su setlist.

Una de las revelaciones del año, el súper grupo Ànteros, cogió el relevo con la sala llena. Había muchas ganas de escuchar en directo los temas de su EP presentación, “Lunas”, cinco temas de post-hardcore gritado por Cándido de Viva Belgrado. Cumplieron con creces con todas las expectativas en su primer concierto en casa. Por si fuera poca la emoción que transmiten sus temas, como Doble Capa el día anterior, Mau, en nombre de todos los Ànteros, dedicó la instrumental “Luna (2016)” a Rafael, el padre de Sergio y Arianne. Nunca una pieza sin letra dijo y significó tanto. Precioso homenaje.
Llega entonces el turno del dúo Bala, sin apenas poder probar el sonido. Eso les pasó factura en los dos primeros temas, con un sonido muy sucio y una mezcla apagada. Poco duró ese suplicio y pudimos disfrutar uno de los conciertos con más actitud del festival. Las dos gallegas pusieron la nota stoner a la velada, con una guitarra entregada a los guitarrones de Kyuss y una batería descomunal, la versión femenina de Dave Grohl en “Songs For The Deaf”, como dijo un buen amigo. Y sí, se agradeció algo diferente entre tanto post-rock. Como la inclasificable propuesta de los ingleses Three Trapped Tigers, un trío británico devastador, de ruidera y baile. Como unos Battles pasados de rosca, los tres tigres de Londres nos hicieron mover el culo. Como los putos Za!, que nos hicieron pasar un muy buen rato con sus locas improvisaciones nivel genio. Llevaban cuatro meses sin tocar, y estaba con muchas ganas de participar en este encomiable festival, según explicaron. Con esta pareja y el público totalmente entregado se puso el punto y seguido a la fiesta. El año que viene, más.

za_rosario lopez web