Sexta edición del AMFest; el último AMFest tal y como lo conocemos, dijeron sus responsables en las redes sociales para darle un plus de emoción y épica al asunto. Este aviso podría guardar alguna relación con el eclecticismo del cartel de este año, con bandas de stoner como Truckfighters, indie rock guitarrero como Mourn, post-hardcore como The Wax y hasta una pianista de formación clásica como es Marina Herlop. Merece la pena recordar que detrás de este festival originalmente enfocado al post-rock e instrumental se esconde una asociación con una docena de miembros, entre los cuales hay miembros destacados del sello barcelonés Aloud Music.

¿Vivimos entonces una edición de transición? Eso parece. Sea como sea, disfrutamos una de las mejores ediciones, con un cartel tan variado como compensado. Los primeros en salir al nuevo escenario de La [2] de Apolo, que ha ganado en visibilidad y capacidad, fueron Degraey, que presentaban su primer trabajo, “Chrysalis”, publicado el año pasado. Su post-metal de la escuela Isis, con partes instrumentales que podían recordar a los primeros Syberia, arrancó muchos aplausos entre el público. Y es que daba gusto verles tan metidos en el concierto, tan seguros, tan compactos.

Degraey se entregaron al máximo, muy agradecidos, sabedores de la oportunidad que suponía tocar en un escaparate como el AMFest y compartir cartel con primeras espadas del post-rock como Lite, unos genios con cinco largos en su currículo. Los japoneses dieron un clase magistral de su especialidad, el math-rock juguetón, con toneladas de virtuosismo y energía bien canalizada. Dejaron para el final las piezas más bailables con ese punto naïf que les hace únicos. Es el caso de “Bond”, el tema que puso patas arriba la sala.

Minutos antes, los australianos Sleepmakeswaves, viejos conocidos por estas tierras, habían firmado un concierto apabullante. Empezaron con mucha fuerza, exhibiendo músculo, sudando la camiseta, recuperando temazos de álbumes pretéritos, sobre todo del genial “Love Of Cartography”, de 2014, sin olvidar trallazos de nuevo cuño como “Tundra”, incluido en su nuevo trabajo, “Made Of Breath Only”. Cada día más grandes, cada día más cerca de los grandes popes del género, Sleepmakeswaves se guardaron un par de ases en la manga, dos temas accesibles e infalibles, para rematar su participación: su versión del “Children” de Robert Miles y “Something Like Avalanche”, con unos tintes electrónicos alucinantes.

La segunda jornada, la del viernes, empezó con Marina Herlop sobre las siete de la tarde. Había poca gente, pero se metió en el bolsillo a todas y a todos con su clase y personalidad frente al piano. Tras el embelesamiento producido por la protegida de James Rhodes, llegaban los post-rockeros PG.Lost, que superados ciertos problemas técnicos con las pantallas de uno de los guitarras, consiguieron dar un buen concierto. Arrancaron y remataron con mucha energía -uno de los guitarras acabó el bolo tocando entre el público, un recurso que nunca falla cuando se trata de agitar al personal-, con melodías enormes y un sonido agradablemente embrutecido, pero también tuvieron momentos de dispersión. Nada que ver con Truck Fighters, otros suecos, que salieron a por todas como un rodillo con su stoner rock punkerizado. Niklas Källgren, más conocido por su nombre de guerra, Dango, es un espectáculo. Sudor, saltos y más saltos. Y no, no faltaron himnos como “Desert Cruiser”, del 2005, como tampoco faltó el crowdsurfing. Una locura.

El trío de Örebro dejaron el listón muy alto, pero detrás venían unos auténticos fieras como son And So I Watch You From Afar, que ya sabían lo que era un AMFest porque habían tocado hace un par de años. La nueva sala “pequeña” de la Apolo, cosas de los estrenos, no les favoreció en exceso. El sonido resultaba algo apelotonado en un primer momento, y hasta el guitarra Niall tuvo algún problema técnico con su equipo, como PG.Lost, pero los de Belfast acabaron dando el bolazo que todos esperábamos. El cuarteto está de gira, inmerso en la presentación de su último trabajo, el oscuro y violento “The Endless Shimmering”, pero su repertorio incluía un buen repaso a sus cinco álbumes. Así, la potente “Search:party:animal”, de su aclamado “Gangs”, fue el encargado de abrir su concierto, cerrado por la ya clásica “The Voiceless”, del 2009, y con el guitar hero Rory llevado en volandas por el público. Por ponerles una pega, aunque es ridículo ante semejante derroche de energía y emoción, se echó de menos alguna joya de su debut como mi favorita “A Little Bit Of Solidarity…” o “S Is For Salamander”. Los mejores del festival, como era de esperar, porque tienen uno de los directos más explosivos del universo.

Los más juerguistas siguieron la fiesta en la sala grande de la Apolo con el dúo de electrónica Playback Maracas comandado por Álex Pérez y Eloi Martínez, una formación inclasificable que ha sido definida por la prensa especializada como una banda de rock-disco-latina-house-french touch-electrónica. Casi nada. Bromas aparte, en directo ganan muchos enteros. Como The Suicide Of Western Culture, encargados de cerrar la noche del sábado. Estos últimos se quitaron una espina importante, y es que en la anterior edición causaron baja por enfermedad.

El sábado por la tarde todavía se comentaba, con algo de afonía, el concierto de And So I Watch You From Afar. El otro tema estrella, dejando al margen la República Catalana, era el retorno de My Vitriol. Y siento mucho decir que Som Wardner y compañía decepcionaron, que no estuvieron a la altura de la leyenda, la de los autores de “Finelines”, publicado en el 2001. Me explicaré: a la banda, en formato trío, con dos guitarras y batería, sin bajista, sustituida por una sosa base de ritmos, se les fue un poco la mano con el shoegazing. La pegada de temas grunge pop como “Always: Your Way” solo se intuía bajo capas y capas de delays. El uso de una batería electrónica, sin matices, tampoco ayudó demasiado. Nada que ver con los barceloneses Blak -¡su primer concierto!- y The Last 3 Lines, la banda franquicia del sello Aloud Music, que sonaron imponentes y sublimes respectivamente. Las comparaciones son odiosas, pero entre los británicos y sus dos “teloneros” locales no hubo color.

Los jovencísimos Mourn, con una propuesta que precisamente sonaba a los noventas como los mejores My Vitriol, salieron victoriosos. El cuarteto de Cabrils, con tres chicas al frente y un chico a la batería, como The Breeders pero sonando mucho mejor, repasaron sus dos trabajos, el homónimo y el controvertido “Ha, Ha, He!”, un disco lanzado en el 2016 pero que todavía “no ha llegado” a nuestro país de forma oficial por una disputa legal entre discográfica nacional y grupo. Del segundo interpretaron un buen puñado de temas: “Evil Dead”, “Flee”, “Storyteller”, “Gertrudis, Get Through This!”, “Seconds Sage” y “Fry Me”, entre otros. Para los puretas del público, Mourn añadieron una versión muy suya del “Color Me Impressed” de los míticos The Replacements. Parece increíble pero un mes antes estaban tocando en una docena de fechas por Estados Unidos y Canadá.

A los catalanes The Wax tampoco les va nada mal desde que publicaron “Don’t Belong”, su primer largo después de un par de ep’s prometedores. Los de Navarcles comienzan a tener una pequeña legión de fieles seguidores, y liaron una buena en el pit, el primero del festival. La entrega en las primeras filas fue máxima desde el primer tema, “Dead City”. La comunión entre la banda y los asistentes ponía los pelos de punta, y como no podía ser de otro modo su carismático cantante acabó levantado por el público mientras se desgallitaba con “Don’t Belong”.

Hace tres o cuatro años era impensable ver una banda de post-hardcore gritón como The Wax en este festival, algo así como nuestro Arc Tangent o Dunk! Festival, como también costaba imaginar en su cartel a Mourn o Truck Fighters. El festival ha evolucionado y seguirá evolucionando, como todos nosotros. En cualquier caso, seguro que nos depara muchas y bonitas sorpresas en el futuro. Estaremos muy atentos.