Alondra Bentley visitaba la ciudad de Zamora por primera vez para presentar su última y flamante referencia, en una fecha confirmada el mismo día antes de la actuación. Una premura que, de algún modo, también se trasladó al escenario y terminó por definir el talante irregular de la velada. “Resolutions” (Gran Debry, 15) es el disco más completo de la artista hasta la fecha, y además cuenta con un impresionante acabado a cuenta de Matthew E. White, virtudes todas ellas convertidas en arma de doble filo a la hora de llevar las composiciones al directo.

Acompañada de banda completa, la británica afincada en nuestro país desplegó parte del encanto contenido en temas como “Remedy”, “What Will You Dream”, “Our World” o “Effort And Joy”, pero quedó lejos de alcanzar el espectacular nivel de su versión de estudio. El cuarteto disfrutó despreocupado ante un público que respondió a la llamada de última hora, y que conectó con las bonitas canciones del grupo. Pero lejos quedó el desborde de emociones y la convicción que, dada la calidad de la obra en cuestión, podían intuirse de antemano.

Y es que las referencias salteadas (y respetuosas) a nombres como Stereolab, PJ Harvey, Kate Bush o incluso Teenage Fanclub sólo pueden dejar a su paso sensaciones positivas, pero se echaron de menos niveles adicional de solidez ejecutiva e intensidad, algunos detalles más marcados, o un mayor recorrido interpretativo de la protagonista. Alondra posee una voz bella y seductora, pero en ocasiones arrastra cierta linealidad, aunque (curiosamente) luciese con fuerza contrastada cuando afrontó la soledad sobre el escenario. Aproximadamente una hora de duración que, en definitiva, motivó un concierto con altibajos, satisfactorio pero no entusiasmante.