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Pongámonos en situación. Recordemos algunos de los más populares ejemplos cinematográficos del terror japonés sobrenatural de finales de los noventa y principios de los dos mil como “The Ring” (1998) y “Dark Water” (2002) de Hideo Nakata, o “La maldición” (2002) de Takashi Shimizu, entre otras. Todas ellas, éxitos de taquilla y películas de degustación obligada en grupo para mejores resultados, se cimentaban sobre guiones casi esqueléticos en las que los sustos y la ambientación tenían mucho más valor que la solidez de lo que se nos estaba contando. A la gente le encanta pasar unos minutos agarrando su butaca con fuerza, arañando el antebrazo de sus compañeros de visionado y tapándose los ojos de vez en cuando. Bien, pues pasemos ahora a “Semillas de ansiedad”, un manga en tres volúmenes que llega a nuestro país como obra más representativa de Masaaki Nakayama, responsable también del guión de la película de imagen real filmada a partir de estos cómics.

Heredero de los grandes del manga de terror más por las situaciones que plantea que por su dibujo, Nakayama se plantea una obra creada a base de brevísimas historias en las que todo gira alrededor de un único flash terrorífico (de ahí lo de “semillas”). Cada una de ellas busca el impacto directo, como aquellas escenas fílmicas en las que un espectro se nos aparece de repente y por sorpresa, creando un momento aterrador que bien podría ser el principio de una historia más larga. Lo que ocurre es que Nakayama no buscaba con este manga otra cosa que esa, la de crear flashes que se sucediesen uno tras otro sin más nexo de unión que su espíritu terrorífico y el enfrentar el mundo cotidiano en el que vivimos con los espectros, los fantasmas y demás criaturas extrañísimas surgidas de su imaginación y de las leyendas urbanas japonesas. En muchas historias consigue crear desasosiego en el lector, en otras algo de incomodidad y algunas, las menos, nos deja ante la sensación de que la historia se queda a medio camino de conseguir su objetivo. Pero lo cierto es que “Semillas de ansiedad” no pretende más que lo que consigue (hacernos pasar un buen rato y generarnos algo de miedo a través del trayecto), así que el objetivo queda cumplido. No esperen una gran obra maestra, ni un manga que les haga pensar demasiado, pero si tienen un rato muerto échenle un vistazo y paséense por el mundo de Nakayama y sus pobres japoneses aterrorizados.

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