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Con “Scott Pilgrim” un joven canadiense llamado Bryan Lee O’Malley consiguió el pleno al quince: las aventuras de Ramona Flowers se convirtieron en su particular milagro de los panes y los peces, concretados en millares de fans en todo el mundo y una sorprendente adaptación al cine protagonizada por el nuevo rey de la comedia pseudo-indie, Michael Cera. Hoy a aquel chaval se le conoce de usted y su nuevo libro cuenta con una imponente advertencia en la portada: “Por el autor de la serie ‘Scott Pilgrim’”. Además, en la contra declaran su admiración Guillermo Del Toro y Scott McCloud.

Con estos referentes en mi contra, admito que no me gustó su -hasta hoy- obra de referencia, una sensación que posteriormente fue matizada por la locura technicolor y chillona del filme que, en efecto, cuanto menos resultaba divertida. En ningún momento llegué a conectar con una narración dislocada que suponía al género superheroico lo que el twitter a la literatura y en la que se hacía exaltación del pajillerismo juvenil -y me refiero al real, no a la pelea de gallos cultural-. Algo parecido me pasa con “Seconds”, su primer trabajo tras el fenómeno Pilgrim.

Se presenta este grueso volumen -más de 300 páginas- como una obra más madura y matizada por cierta melancolía, en parte por esa nevada eterna que cubre las calles por las que se mueven su protagonista, una joven emprendedora que afronta el desafío de echar a andar un restaurante. Pero a fin de cuentas las motivaciones de Katie tampoco son tan distintas de los jóvenes con las hormonas revolucionadas que aparecían en “Scott Pilgrim”; en esencia, poner orden en su caótica vida amorosa. Y en ese contexto, representado con el ya característico estilo neo-manga de Oni-Press -y por extensión del autor- sucede lo imprevisto: la intervención de un duende que le permite retroceder en el tiempo para enmendar errores del pasado. Un viejo truco de guión a partir del que se han construido historias memorables, pero que O’Malley se empeña en convertir en absurdo cuento de hadas con moraleja.

No sé, tal vez me pilla mayor, tal vez carezca la sensibilidad para los relatos de naturaleza fantástica “porquesí”, pero para ser sincero… sigo sin pillarle el punto.

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