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Hace años fue sonado el caso del secuestro de la obra de Miguel Ángel Martín en Italia. Un juez había estimado que sus fantasías inspiradas en el “Psychopathia sexualis” de Richard von Krafft-Ebing y a las que había dado un frío barniz futurista resultaban demasiado extremas y peligrosas como para que pudieran cogerse con las manos desnudas. De nuevo el viejísimo debate sobre la apología de la violencia y bla bla bla…

El nuevo trabajo del (precisamente) autor italiano Igort no tendrá problema alguno para distribuirse libremente en su país –aunque sí en Rusia-, y eso a pesar de que su tratamiento de la violencia es bastante más explícito e impactante que el que puso en el disparadero al autor de “Snuff 2000”. Por desgracia esta obra -que de algún modo continúa la seie que arrancó con “Cuadernos ucranianos”–  documenta una serie de hechos reales acaecidos no demasiado lejos de nuestras casas, y por su cercanía en el tiempo y en el espacio, por producirse en una sociedad en esencia muy similar a la nuestra, y también por la galería de los horrores que muestra sin rodeos en sus páginas, “Cuadernos rusos (la guerra olvidada del Cáucaso)” es posiblemente el cómic más espeluznante que servidor recuerda.

Igort lo plantea como un diario de viaje en el que el asesinato de la activista rusa Anna Politkóvskaya en 2006 sirve de hilo conductor a una serie de relatos que nos sitúan indistintamente en Chechenia y en un Moscú dominado por el miedo y la corrupción. A partir de diversos recursos gráficos y también narrativos, el volumen funciona por igual como relato de investigación periodística y poético alegato de denuncia antibelicista, situado en el contexto de la guerra de Chechenia y sus consecuencias en la sociedad rusa. Acongojados, a lo largo de las páginas resulta inevitable preguntarnos qué hubiéramos hecho cada uno de nosotros de encontrarnos en la piel de Anna Politkóvskaya, Anastasia Baburova, Stalisnav Markélov y tantos otros que se enfrentaron a una muerte casi segura por defender sus ideales de justicia y denunciar las brutalidades del ejército ruso en connivencia con el Gobierno. Retumba una pregunta en la cabeza: ¿hay remedio posible para tanto mal como es capaz de demostrar el género humano? La lectura de estos “Cuadernos rusos” parece conducirnos a una única y desalentadora respuesta. En cualquier caso ese es un camino que el libro de Igort te invita a hacer por ti mismo.

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