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Rozando ya los cincuenta años, Usamaru Furuya no es precisamente un recién llegado. Sin embargo su obra se introdujo en España de forma bastante tardía y sin la atención que en su momento despertó el trabajo de otros estetas del horror y lo bizarro como Suehiro Maruo o su compañero de generación Shintaro Kago. El resultado de todo esto es que, a pesar del impacto inicial de “El club del suicidio”, con adaptación cinematográfica incluida, no ha sido hasta el pasado año que su obra empezó a publicarse de forma más o menos regular en España vía Milky Way Ediciones. A ese empujón inicial se suma ahora la publicación de otros dos trabajos por parte de la editorial que precisamente hace cosa de una década más hizo por introducir en España un manga de autor y adulto, ajeno a las imposiciones del mercado juvenil. Me refiero, por supuesto, a Ponent Mon.

Lo que ahora se publican son dos obras con prácticamente diez años de diferencia. Por un lado el primer volumen de la reciente “Autasasinofilia ¡Quiero ser asesinado por una colegiala!” (2016) que, si no me equivoco, se cerrará con un segundo volumen de publicación indeterminada (por el momento no aparece en el listado de lanzamientos de Ponent Mon para el segundo semestre de 2017). Con un trazo limpio, algo más claro de lo que nos tiene acostumbrados, y estilizado como de costumbre, desarrolla una historia a tres bandas, suerte de triángulo ¿amoroso? entre Higashi, un profesor obsesionado por ser asesinado a manos de una de sus alumnas que, a su vez, cuenta con desdoblamiento de personalidad y se relaciona con una psicóloga que hace años mantuvo una larga relación con Higashi. El resultado es una espiral de deseos latentes, bajas pasiones y personajes a punto de romperse en pedazos que, como es habitual en el mangaka tokiota, explora los aspectos menos conocidos y amables de la condición humana.

“51 maneras de proteger a tu novia” es una serie bastante más larga que comenzó a publicarse en 2005 y que de aquí a finales de este año verá publicados los siguientes cuatro volúmenes en España. El presupuesto, que se hace explícito en la primera página de este arranque, vuelve a despertar los miedos cervales de la población japonesa, traumatizada por las consecuencias de Hiroshima y Nagasaki y por la naturaleza salvaje del Mar del Este. “Es muy probable que en un futuro cercano la ciudad de Tokio se vea sacudida por un gran terremoto con epicentro en su área metropolitana. ¿Qué consecuencias tendría un gran seísmo en Tokio? Lo que sigue es una narración de lo que podría suceder”. Furuya sitúa la acción en la noche tokiota, lo que da en un estilo mucho más siniestro y barroco de lo habitual, convirtiendo la ciudad en una sombra amenazante por la que los personajes se mueven con maneras similares a la de un postapocalíptico relato de zombies.

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