Una de las anomalías más curiosas del ecosistema punk, Stiff Little Fingers cumplen cuarenta años de trayectoria. Para dar significación especial a una fecha tan señalada, se lanzan a la carretera para empezar una gira de la que habrá que estar pendiente de su, más que posible, paso por tierras españolas.

Siempre comandados por Jake Burns, único miembro que queda de la formación original, Stiff Little Fingers vivieron su cosecha más recordada entre 1977 y 1982. En todo ese tiempo, Burns, Henry Cluney y Ali McMordie fueron la columna vertebral de una formación que, eso sí, tuvieron bastante trabajo para encontrar candidato para el puesto de batería, que iba rotando casi disco por disco. A pesar de la falta de estabilidad en la base rítmica, los cuatro álbumes gestados en aquella temporada son algunos de los más sembrados de la generación punk. Léase “Inflammable Material” (79), “Nobody’s Heroes” (80), “Go For It” (81) y “Now Then…” (82).

Y si ya nos centramos en su procedencia, desde el corazón de Belfast, la única banda irlandesa que podía hacerles sombra eran The Undertones. Pero, a diferencia de estos últimos, los Burns y compañía partían de una ambivalencia entre inmediatez punk y ortodoxia rock dispuesta por el propio Burns en: “The Clash, por la honestidad que transmitían en cada canción, y Thin Lizzy, por las melodías”. Pero Stiff Little Fingers también apuntaban a The Doors e, incluso, Deep Purple. No en vano, la banda anterior de Burns se llamaba Highway Star, toda una referencia al mítico tema de los Ritchie Blackmore y compañía.

Al igual que Radio Birdman, los Fingers representaban todos los afluentes del punk en una versión aún sin cuajar del todo, en bruto. Pero, lejos de ser una definición del “proto-punk”, se destaparon como una anomalía que, en realidad, abogaba por fundir géneros, en principio, antagónicos en un collage punk macerado como el buen whisky de cazalla, atemporal. Así fue en “Inflammable Material” (Rough Trade, 79), su debut en largo. En este trabajo, los irlandeses pagan el peaje con su descronización con la estampida punk mediante “Johnny Was”, ocho minutos a lo largo de los cuales son capaces de levantar puentes entre el post-punk, el hard rock de vieja escuela y el reggae tribal sin morir en el intento. Sólo por semejante demostración queda más que ratificada la habilidad de Stiff Little Fingers para crear un solvente nicho intergeneracional.

Ya sea tirando de bola de cristal, como en el cow-punk de “White Noise” y el hardcore en “Suspect Device”, como en su tozudez por no disfrazar el peso de sus influencias reñidas con los preceptos punk, Burns y los suyos se construyeron una puerta de entrada y salida hacia el pasado y el futuro como ninguna otra banda de su generación. Tal riqueza de posibilidades en su discurso fue menguando en sus siguientes discos, que ya no estarían distribuidos por Rough Trade. Curiosamente, su debut se convirtió en el primer larga duración distribuido por esta casa. No en vano, incluye una canción titulada como el nombre del sello que versa sobre la deshonestidad de la industria musical. Ellos siempre han negado la relación entre este corte y el mítico sello indie… Sin embargo, ya para su siguiente trabajo, “Nobody’s Heroes” (Chrysalis, 80) fichaban por una major. En este segundo álbum, la esencia cromática del grupo mengua, pero por el lado positivo: enfocando sus necesidades en captar la intensidad demencial de sus directos. Sobre las tablas, Stiff Little Fingers tiraban de típico fuego irlandés. Punk de acoso y derribo. Famosas fueron sus apariciones en el Ulster, donde se ganaron el título de “los The Clash irlandeses”. A la variedad tan característica de estos últimos apelaron en el sobresaliente “Go For It” (Chrysalis, 81), continuado por “Now Then…” (Chrysalis, 82), un intento más que estimable por ir redirigiendo sus pasos hacia la materia pop. Pero poco entendieron esta maniobra; a la postre, el canto del cisne de un grupo que resucitaba un lustro más tarde.

Desde aquellos momentos hasta ahora, Stiff Little Fingers ha sido la nave de un patrón, Jake Burns, que, a pesar de no poder reverdecer viejos gritos de insurgencia, ha seguido ampliando su repertorio con discos tan reivindicables como “Tinderbox” (Spit Fire, 97) y “Guitar And Drum” (Kung Fu Records, 03), muestras de fondo de armario que mantienen inflamado el recuerdo de estos viejos zorros irlandeses.

El próximo 26 de agosto celebrarán estos cuarenta años por todo lo alto en su propia ciudad, Belfast, concretamente en Custom House Square, acompañados por The Stranglers, Ruts DC y Outcasts.