Origen: California, Estados Unidos.  En activo: 1967-actualidad

Hablar de Stevie Nicks es hacerlo de una de las voces que dan sentido a la teoría de que la potencia vocal y el gorgorito ornamental no son las características que proporcionan personalidad a una manera de cantar. Así como Kristin Hersh o Kate Bush, Nicks siempre ha contado con una gama de inflexiones vocales directamente proporcional al caudal de tonos y emociones que, en su caso, destilan cortes como “Sara”, “Rhiannon” y “Landslide”, el corpus central de su bagaje al frente de Fleetwood Mac. Fue con la gran banda anglo-americana, con la que Nicks trufó de agudos de terciopelo y el vibrato magnético de su voz quebrada obras imprescindibles del soft-rock como “Rumours” (Warner Bros, 77), “Tusk” (Warner Bros, 79) y “Mirage” (82). Su aportación a la banda ideada por Mick Fleetwood siempre estuvo presente desde que, en 1975, entró como parte de un “paquete indivisible” del que Lindsay Buckingham, su pareja de entonces, era el fichaje requerido. Dos años antes, fue con Buckingham con quien publicaba “Buckingham Nicks” (Polydor, 1973), el gran meridiano entre sus comienzos a finales de los sesenta como solista de la banda de psych-rock Fritz y su época dorada como vértice más estimulante de Fleetwood Mac.

1981 fue el año en el que Stevie Nicks desplegó sus alas en solitario. Haber alcanzado las cotas intimidantes de repercusión con Fleetwood Mac no era suficiente para soterrar el tapón a su creatividad, limitada a tres o cuatro canciones de su cosecha por disco. Adiós a la democracia, hola al autoritarismo absoluto. En cuanto Nicks se lanzó en solitario, su impacto fue un acto reflejo expandido de su reinado como gran dama del soft-rock. No era para menos, con esfuerzos del calado de “Bella Dona” (Modern, 81) y “The Wild Heart” (Modern, 83), ambos discos con la participación de Tom Petty y una cohorte de invitados de lujo: de Prince a Roy Bittan, pianista de la E. Street Band. Precisamente, entre los polos de la redefinición sintetizada del pop y el gesto de la épica springsteeniana, Nicks reubicó el meridiano de su estilo. El éxito abrumador cosechado con ambos largos certificó un hecho: su capacidad para marcar el paso de los tiempos. Aquella niña que empezó a tocar la guitarra con dieciséis años mientras soñaba con ser profesora se había convertido en el paradigma de estrella de la MTV. Su monumental irrupción en solitario, esa fijación en la estética del videoclip, su imagen, entre gótica y sensual, abrió las puertas a figuras femeninas como Cyndi Lauper y Madonna; no hay más que ver esos guantes de encaje de la que tantas (y tantos) tomaron buena nota. De hecho, nadie más que ella representó con tanta fidelidad el sonido y la estética desinhibida de los ochenta, corroborada en “Rock A Little” (Modern, 85), su fabuloso tercer álbum en solitario, y su participación en “Tango In The Night” (Warner Bros, 87), el canto del cisne de la inspiración para los Mac.

Después de vivir sus años imperiales, los noventa arrinconaron a Stevie Nicks al trastero de los recuerdos olvidados. Cada nuevo disco suyo o con Fleetwood Mac parecía dar la razón a los que la habían enterrado en vida. Su único álbum de estudio en esa década fue “Street Angel” (Modern, 94), el punto más bajo de su discografía, una que volvió a coger impulso en estos últimos años gracias a muestras tan honrosas como “In Your Dreams” (Reprise, 11) y “24 Karat Gold: Songs From The Vault” (Reprise, 14). A esta inesperada resurrección hay que sumar la reevaluación de su legado, tanto en solitario como junto a Fleetwood Mac, impulsado por la idealización de los ochenta como estado mental que, desde comienzos de la década, están promulgando figuras como Chromatics, Ariel Pink, Destroyer o Sean Nicholas Savage. Definitivamente, herederos disfuncionales de la que en 1981 llegó a ser bautizada por Rolling Stone como “la reina actual del rock & roll”. Así era y así se le recordará por siempre.

 

Disco recomendado: The Wild Heart (Modern, 83)
Más allá de que sus grandes aportaciones se encuentran en Fleetwood Mac y que “Bella Donna” siempre será el referente básico de su obra en solitario, ningún otro disco como este capta su abanico de variantes. Del pop sintetizado de If Anyone Falls a la artesanía barroca en Beauty And The Beast, Nicks ofrece una decena de ganchos ideales tanto para neófitos como para entendidos.

Stevie Nicks está de actualidad por:
La imparable sucesión de reediciones tanto de Fleetwood Mac como de su obra en solitario. Así, si hace pocos meses eran sus dos primeros discos bajo su firma los devueltos a la vida, más tarde lo ha sido “Tango In The Night”. Por otro lado, se encuentra en plena gira de su tour “24 Karat Gold”, una de las últimas expresiones de lo que eran los megatours en grandes superficies de los ochenta. Como guinda, su carrera en activo cumple medio siglo este año. A propósito, en junio se ha publicado el primer disco conjunto de Lindsey Buckingham y Christine McVie.