Podría parecer otro abuelete inglés jubilado en la soleada Andalucía, pero Richard Dudanski (Isla de Sheppey, 1952) se salta el estereotipo, básicamente porque sigue activo en algo que siempre le ha servido de motor de vida: la música rock. La amistad que compartió con Joe Strummer desde sus años de okupas en el Londres que vio nacer el movimiento punk, las bandas para las que tocó la batería y grabó discos legendarios (The 101ers, PIL, The Raincoats, Basement 5, etc.), y la alegría de vivir con su novia española entre la juventud más transgresora del siglo XX forman parte de las honestas memorias que Richard comparte en Londres, ciudad okupa (Libros.com), un libro ilustrado que nos aproxima a cierta manera de ver la música, la vida y la amistad digna de ser imitada.


Richard, ¿qué te llevó a escribir este libro en forma de memoria musical, de memoria okupa?
Hacia finales de los noventa, Strummer y yo estuvimos hablando con unas discográficas sobre la reedición en CD del disco de The 101’ers, Elgin Avenue Breakdown, que ya estaba descatalogado en vinilo. Pensamos que estaría bien crear una página web de The 101’ers, y comencé a escribir la introducción. Al empezar a escribirla, me di cuenta de que aquí había un historia para contar…

En los años 70, Londres vivía un desequilibrio muy grande en temas de vivienda… Muchos jóvenes encontraban en la “okupación” de casas la única forma para dormir bajo techo. ¿Fue tu caso? ¿Cuándo y por qué empezaste a vivir de okupa?
La verdad es que creo que por entonces la situación no era tan distinta a la actual. ¡Incluso es posible que haya empeorado! En el Londres de hoy los alquileres son una verdadera barbaridad…, y los cambios en la ley hacen que la okupación sea casi imposible.
Empecé a okupar en primavera de 1973. Mi hermano y un amigo habían “abierto” una casa abandonada, y al visitarles me di cuenta de que ahí quería vivir yo. Además de las ventajas económicas, te permitía vivir con amigos y crear un espacio vital a tu manera. Por ejemplo, en nuestro caso, pronto instalamos una sala de ensayo en el sótano. En 1977, Esperanza y yo tuvimos la suerte de encontrar un apartamento en semi-desuso que okupamos. Luego llegamos a un acuerdo con el ayuntamiento para quedarnos pagando un alquiler simbólico.

¿Qué se necesitaba en aquel Londres de los 70 para okupar una casa?
En primer lugar ¡una “pata cabra”! (una palanca). No, en serio, lo que más necesitaba uno era la constancia para “seguir buscando”, unido a la habilidad para conformarse con unos niveles de comodidad muy básicos!

En el libro hablas de los barrios okupas, de varias casas, muchas bandas de rock y de los pubs londinenses que os acogían a los jóvenes okupas (músicos o simplemente para comer y pasar un rato)… ¿Sabes si alguno de estos pubs aún sigue abierto?
Llevo casi treinta años viviendo en España, así que estoy bastante alejado de la realidad actual de Londres. Sin embargo, sé de dos de los pubs importantes para The 101’ers en 75/76 que hoy siguen funcionando: The Hope & Anchor en Islington y The Elgin en Ladbroke Grove.

En las casas okupas que describes, parece que todo el mundo tenía talento o, como mínimo, interés por lo musical, lo creativo. Hasta tal punto, que se llegó a hablar de Rock Okupa (Squat Rock)… ¿Puedes definir a grandes rasgos sus principales señas de identidad?
Si hay una seña de identidad aplicable no sólo al Squat Rock, sino también al movimiento Okupa en general, para mí sin duda es el “Do it yourself” (Hazlo tu mismo).

Strummer y Dudanski Foto: Julian Yewdall

¿En qué se diferenciaba el punk de la música hecha por grupos okupas?
Quizás la etiqueta Squat Rock no se refería a un estilo de música en concreto, mientras que el Punk especialmente en el principio, sí que lo hacía. Había grupos de muchos tipos de música saliendo de casas okupas.

En el libro dejas claras tus preferencias por un estilo sobre otro… ¿Qué es lo que más y lo que menos te gustaba del punk?
No es una preferencia por un estilo sobre otro. Lo que no me gustaba al principio de la revolución punk era el control que los principales managers, Rhodes y MacLaren, ejercían sobre sus respectivos grupos. Esto, y la declaración de lo que terminó siendo una especie de Credo Punk, se me hacía muy poco sincero.                                                Para mí el lado positivo fueron los cambios en la estructura básica de la “industria” pop británica; la apertura a una cultura fresca e irreverente, o la posibilidad para una generación de jóvenes de identificarse con una cultura popular cercana y propia.

Rechazaste sentarte al frente de la batería de The Clash cuando la banda se estaba formando. Años después, ¿hablarías con tu amigo Joe Strummer de aquella decisión?
Sí, por supuesto. Él pensaba que mi decisión fue tomada a base de “acordes y estilo musical”. Como he dicho anteriormente esto no fue un factor importante. Mucho más significativo para mí fue la parte que Bernie Rhodes, el manager, iba a ejercer en el desarrollo y funcionamiento del grupo.

Con Strummer ya habías compartido banda, The 101ers. Mirando el horizonte de la memoria… ¿Qué es lo que encontraste en aquella primera banda?
Supongo que de todos mis grupos, tengo más felices recuerdos de The 101’ers; quizás en parte por ser mi primer grupo con experiencias nuevas, pero especialmente por el hecho de que éramos un grupo de amigos antes de empezar el grupo. También el elemento de “comunidad” era muy importante. Muchos de nuestros primeros bolos fueron “benefits” para las muchas asociaciones de okupas que por entonces existían en Londres.

Más tarde, llegarías a estar vinculado a PIL. ¿Con qué te quedas de aquella experiencia con PIL?
Con su manera de grabación en el estudio…, básicamente una improvisación entre batería y bajo como base para formar las canciones. Con la independencia y rechazo de cualquier interferencia en sus decisiones por managers o discográficas.

PIL en Russell Club Manchester (1979) Foto: Dave Crowe

¿Y qué pasa con The Raincoats? Ya te pilla en los ochenta, con el fenómeno punk asimilado, y hasta nuevas etiquetas… Post punk. ¿Qué recuerdas de aquella etapa? ¿Qué rescatas?
También toqué con ellas en sus principios, en 1977… Pero, principalmente, en la grabación del álbum Moving (1983). Los gustos de las tres chicas, Ana, Gina y Vicky eran muy dispares, pero a mí me pareció muy positivo en el momento de crear música. El álbum se convirtió en una amalgama acertada de distintos estilos, aunque finalmente estas mismas diferencias fueron la causa principal de la desintegración del grupo.

Se lee en el libro que a Granada llegas tras acumular experiencias envidiables de una etapa musical en Inglaterra, tu viaje por Brasil, desengaños… ¿Qué fue lo que aportó Granada a tu gusto por la música y tu manera de entender la música?
Si, empecé a hartarme de la vida y la escena musical en Londres, y en 1988 trasladamos nuestro hogar a Granada. Atraído al principio por el embrujo de la ciudad, donde sin duda la música flamenca formó parte del hechizo, después de un par de años comencé a implicarme en la vida musical de la ciudad. Mi primer grupo aquí fue Por Si Las Moscas, y nos movimos bastante. Eso sí, en una época cuando era relativamente fácil encontrar bolos en un sinfín de bares pequeños de la ciudad. Luego toqué con un grupo de música marroquí: Aljaima, y con varios proyectos esporádicos más.

Cuando viniste a España por primera vez, de visita, viste a una juventud que te agradó sobre todo porque luchaba con pureza… ¿Te atreves a dar consejo a los veinteañeros creativos de hoy, con ansias de volar y libre de ataduras consumistas?
La verdad es que a finales de los setenta, todavía con el “ancien regim” franquista en el poder, era muy fácil ver un camino político-social nuevo y relevante. Hoy en día, la situación es mucho más compleja para los jóvenes…, aunque también hay muchos aspectos positivos para la creación, como las posibilidades de intercambio de información y la facilidad para la creación en sí que ofrecen las nuevas tecnologías. La creación siempre es posible. Sólo faltan ganas.

¿Tienes algún proyecto musical en marcha?
Tengo tres proyectos musicales actuales. Llevo más de diez años tocando con el americano afincado en Granada, Tom Lardner, con nuestro grupo El Doghouse. Además estoy en medio de dos grabaciones con dos antiguos amigos del Londres de los años 70. Estamos a la mitad de grabar un álbum “Tymon Dogg & The Dacoits” con los granadinos Antonio y Juan de Lagartija Nick y J.J. de Lori Meyers, y el mes que viene termino las mezclas de un álbum con Jim Whelton.

Richard, danos algunos títulos de canciones que no menciones en el libro para acompañar a la lectura de tus memorias.
You Are My Angel de Horace Andy, Nature Boy de Nat King Cole, Ain’t Got No, I Got Life de Nina Simone, Tabula Rasa de Arvo Pärt y Inflated Tear de Rahsaan Roland Kirk.