Origen: París, Francia. Nacida en 1944

Una radio o una guitarra. Incluso todavía hoy, Françoise Hardy no sabría decir por qué se decantó por el instrumento cuando sus padres le quisieron recompensar por aprobar el bachillerato. Su elección podía haber sido el inicio de otra vocación frustrada como la de ser trapecista, bailarina o actriz (algo que años más tarde probaría), pero la joven Françoise no tardó en encontrar en la música un lugar en el que encajar las añoranzas y penas que le acompañarían desde su infancia. Por un lado, su relación obsesiva con su madre y por otro la insistencia de su abuela en la idea de que terminaría sola por su físico acabarían por gestar una personalidad introvertida y de baja autoestima que encontraba en la canción su medio de escape. Esta visión atormentada y sentimental de la vida se plasmó en su canción más icónica “Tous Les Garçons Et Les Filles”, lanzada en 1962 en un EP debut bajo el sello Vogue. Pese a las directrices de la casa de discos y las emisoras de radio, Françoise insistió en que tendría que ser este tema y no “Je Suis D’accord” el que debía ser promocionado. A día de hoy no hace falta decir que aquel acto de rebeldía e intuición por parte de la compositora fue la segunda mejor decisión de su vida. No tardó en vender 2.000 copias a las pocos meses, pero no fue hasta octubre de 1962, en plena noche electoral, cuando se convertiría en el estandarte de la canción ye-yé francesa tras su actuación en televisión. Las puertas del mundo de la música se habían abierto ante ella para una vez dentro cerrarse y convertirse en una prisión dorada en la que pasaría el resto de sus días, tal y como confesaría. Comenzó así una década, los sesenta, en la que encarriló los mayores éxitos de su carrera junto a su descubridor y editor Jaques Wolfsohn.

Durante estos años compartió listas con iconos de la chanson francesa, como Sylvie Vartan, France Gall o Jacques Dutronc, con quien se casaría después de una larga e inestable relación que dio fruto, en 1973, a su hijo Thomas. A su vez, no paraba de visitar países alrededor del mundo para interpretar sus temas, pero debido a su crónico miedo al escenario, cuando en 1968 con motivo de volver al estudio a grabar un nuevo álbum decidió poner fin a las interpretaciones en directo, sintió un gran alivio. El disco en cuestión fue “Françoise Hardy”, el único largo que recuerda con cariño de aquella década. El hermoso álbum contenía “Comment Te Dire Adieu”, compuesto por Serge Gainsbourg. A raíz de esta colaboración, el enfant terrible, así lo llamaba ella, se convirtió en uno de los grandes apoyos de su vida (y viceversa) hasta su muerte en 1991.

Con el sonido ye-yé agonizando a principios de los setenta, Hardy apostó por un salto creativo que llegó de la mano de la artista brasileña Tuca y con la que llevó a cabo “La Question”. Aún hoy, para muchos sigue siendo su disco más maduro e incomprendido. Su fracaso en ventas no desanimó a la parisina pues era consciente de su evolución en el aspecto artístico. Con “Star”, álbum que graba junto Gabriel Yared en 1977, vuelve a recuperar, aunque de forma ocasional, la aclamación popular. A partir de los ochenta, compagina las grabaciones y sus esporádicas funciones como productora, con su otra gran pasión la Astrología. Su colaboración en los años noventa con Blur e Iggy Pop volvió a poner a Françoise Hardy en primera plana de la prensa musical. Con motivo del lanzamiento de sus memorias en castellano, la Sala Siroco ofrecerá el día 11 de marzo una serie de actuaciones para rendir homenaje a este icono del pop.

 

Destacamos:

“Comment Te Dire Adieu?”

(Vogue – 1968)
“Grabamos Comment Te Dire Adieu? en los estudios CBE, cuyo ingeniero de sonido era Bernard Estardy. Era el mejor ajustando los auriculares, por lo que el balance de la orquesta y el retorno se volvía algo mágico. Fue la primera vez que disfrutaba cantando”.

 

“Une Balle Au Coeur”

(Jean-Daniel Pollet, 1966)

“Pollet pertenecía a esa categoría típicamente francesa de directores intelectuales que manejan la palabra mejor que la cámara, lo que da lugar a un cine descarnado de una gran mediocridad visual”.

 

“La desesperación de los simios… y otras bagatelas”

Françoise Hardy
(Expediciones Polares)

“A través de este libro no trato de hacerme entender o apreciar, sólo trato de ser lo más verdadera, lo más auténtica posible”. Como la propia Hardy afirma: “una historia conmociona más cuando, siendo universal, desarrolla una problemática personal”.