En algunos sectores se considera al power metal la oveja negra dentro del mundo del metal. Las cosas claras. Incluso los aficionados al género menosprecian a cierto tipo de bandas al considerar que los temas que tratan o su virtuosismo carecen de interés a día de hoy. Es cierto que hay mucho dragones y mazmorras y mucha fantasía, pero ese es solamente uno de los aspectos del género en toda su amplitud. Quizás deberíamos entender que la velocidad a la que tocan los músicos o el registro de sus voces no son un lastre, sino simples señas de un estilo que tiene mucho mérito hacer bien. Téngamoslo claro: no es nada sencillo hacer buen power metal.

Pero, ¿cómo ha evolucionado este subgénero del heavy metal desde que comenzó en los años ochenta hasta hoy? ¿Cuáles son los discos más representativos? ¿Qué discos importantes se han publicado en nuestro país? Para poder responder a estas preguntas le hemos dado forma a este pequeño dossier en el que destacamos las obras referenciales del power metal. Para ello hemos creado una división por etapas que nos descubrirá poco a poco la evolución del género, sus clásicos e incluso los nombres fundamentales en el ámbito nacional. Al final del especial –o haciendo click aquí– tenéis también una playlist con todos los temas y discos que comentamos.

Los clásicos (1980-1990)

Helloween
Keeper Of The Seven Keys Part II
(1988)

Tercer disco de estudio de los alemanes capitaneados por Kai Hansen y con el gran Michael Kiske a las voces. El nivel del disco es tan alto que cuesta elegir un tema de entre los diez que incluye. La primera, “Invitation”, es una pequeña introducción que deja paso a una de las mejores canciones del disco, “Eagle Fly Free”. También incluye la mítica “I Want Out”, un verdadero himno del género. La composición que da título al disco es una suerte de ópera rock en la que la banda se explaya a gusto.

Manowar
Kings Of Metal
(1988)

A Manowar les amas o les odias. Sin embargo, sus primeros trabajos son referentes innegables para el power metal. En este sexto disco (el último con Ross The Boss a las guitarras), los estadounidenses firman una obra redonda que compite con otros clásicos de su discografía. Una vez más también destacan sus piruetas instrumentales y los temas lentos, como “Heart Of Steel” o una “The Crown And The Ring (Lament Of The Kings)” interpretada en una catedral con más de cien voces masculinas.

Running Wild
Port Royal
(1988)

Continuamos en el 1988, esta vez con el cuarto disco de Running Wild. La banda se fue dirigiendo sin pausa hacia el pirate metal, dejando un poco de lado el power clásico, pero ahí queda esta obra maestra del género. Pese a considerarse uno de los discos básicos del movimiento, la banda jamás ha alcanzado la fama y el reconocimiento de sus vecinos Helloween.

X Japan
Blue Blood
(1989)

Es posible que los seguidores del power metal consideren un error que X Japan (por entonces conocidos como X a secas) estén dentro de esta lista, puesto que no son un grupo “clásico” (a pesar de su larga carrera) y también porque se les suele enmarcar en otros estilos. Tanto da. A nosotros nos parece buena opción incluirles a modo de reivindicación. Solemos fijarnos en el power estadounidense y europeo, dejando a un lado otras escenas. “Blue Blood” fue el segundo disco de estudio de los japoneses y el que les lanzó a la fama al ficharles Sony. En él se incluyen versiones de “Kurenai” y “Unfinished”, que ya se encontraban en su álbum debut y la balada “Endless Rain”, con el batería Yoshiki al piano.

Rage
Perfect Man
(1988)

Lo que más me impresionó de este disco cuando lo escuché por primera vez fue lo directo que suena. Los alemanes pisan fuerte desde el primer minuto. Nos encontramos a un Peavy excelente en las voces, alcanzando notas altísimas, y con un sonido de grupo francamente potente. Quizás no todos los temas estén al mismo nivel, pero el resultado global dejó para la posteridad un álbum casi redondo.

Discos internacionales primera etapa (1990-2000)

Iced Earth
Something Wicked This Way Comes
(1998)

Los estadounidenses Iced Earth lograron cotas excelentes en este quinto trabajo. Escuchándolo podemos entender ya los cambios que el género fue adaptando a lo largo de una década. En “Something Wicked This Way Comes” no hay ni dragones, ni mazmorras, pero sí la balada de rigor: “Melancholy”, una pieza ascendente que atrapa. De todos modos, la caña gana la partida gracias a la favorita “My Own Savior”.

Blind Guardian
Nightfall In Middle-Earth
(1998)

Los alemanes Blind Guardian firmaron con este sexto largo (once canciones y once interludios narrados) un trabajo inspirado en la épica de las batallas en la Tierra Media de la novela El Silmarillion de J.R.R. Tolkien. Un ejemplo perfecto de la conexión entre power metal, libros de fantasía, películas o juegos.

Symphony X
The Divine Wings Of Tragedy
(1997)

Más cambios para el género. El tercer disco de la banda se mueve entre el metal progresivo y el power metal, sin canciones de relleno ni tropiezos. Los elementos encajan a la perfección y el resultado –sobre todo en la combinación entre guitarras y teclados- es excelente. A eso hay que sumarle el potencial de la voz de Russell Allen y la pieza que le da nombre al disco, de más de veinte minutos de duración.

Gamma Ray
Land Of The Free Part I
(1995)

Si hay alguien que se pueda permitir empezar un disco con un tema de casi nueve minutos, esos son Gamma Ray. Desde luego, agallas no les faltan. Encima, “Rebellion In Dreamland” no se hace nada pesada, más bien al contrario, es una pieza increíble con infinidad de cambios de ritmo. También se atreven con los medios tiempos como “Farewell” para dar algo de tregua al oyente. Para redondear, Michael Kiske se animó a participar en los coros del tema que le da título al disco. Les quedó un álbum redondo, el primero tras la salida de Ralf Scheepers y la vuelta de Kai Hansen a las voces.

Stratovarius
Visions
(1997)

Fue este sexto álbum el que colocó a los finlandeses en lo más alto del género, llegando a estar al mismo nivel que bandas ya consagradas como Helloween o Blind Guardian. Además del típico sonido power metalero (doble bombo, voces agudas y guitarras imposibles), en “Visions” tienen un papel muy importante los teclados, con los que Stratovarius dotan de un sonido original a todas las composiciones.