Miércoles 15 de mayo de 2002. Glasgow. Algo grande ocurrió en la ciudad esa noche, mientras la lluvia característica de la zona caía fuertemente desde los cielos. Para los aficionados al fútbol fue otra cosa la que cayó desde arriba en forma de balón del pie de Roberto Carlos, un balón que disparó un tal Zinedine Zidane para dar la novena Copa de Europa al Madrid. Fue en el lado sur de la ciudad, en el estadio de Hampden Park, aunque nos interesa más lo que ocurrió a poco más de cuatro kilómetros al noreste de la ciudad. En un pequeño apartamento de dos dormitorios por encima de Nice N Sleazys –uno de los bares más míticos de Glasgow-, cuatro hombres vestidos de negro iban a sellar su paso hacia la historia de una forma completamente distinta, pero igual de potente, que los once tíos de blanco que correteaban por el césped.

En realidad, ninguno de los cuatro era de la ciudad, sino que llegaron juntos por primera vez para actuar en una fiesta organizada por dos amigas estudiantes de la famosa Escuela de Arte de Glasgow. Para darle nombre al grupo, tomaron el del archiduque de Austria-Este asesinado en Sarajevo en 1914, cuya muerte provocó la Primera Guerra Mundial, Franz Ferdinand. Las estudiantes fueron Celia Hempton, artista londinense famosa por sus pinturas de genitales, y Jo Robertson. Eligieron el miércoles por la noche para realizar una exposición para mostrar sus trabajos y el de otras compañeras bajo el nombre de “Girl Art”. Según Hempton era “una especie de broma feminista en cierto sentido. Era una exposición de obras hechas por mujeres con la música de Franz Ferdinand como banda sonora. En realidad no sabíamos hacerlo como nos hubiera gustado, pero supongo que funcionó bien. Como no había un lugar en la ciudad para nuestra exposición, nosotros creamos nuestro propio espacio, y lo mismo para un concierto. El resultado fue una divertida noche irreverente. Sacamos todos los muebles y ellos tocaron de espaldas a las ventanas”. El cuarto de Jo fue utilizado como espacio expositivo, mientras la de Celia fue el lugar elegido como escenario para acoger la actuación de Franz Ferdinand. “Bob (Hardy) estaba en nuestro año haciendo el mismo curso en GSA, mientras Manuela, la novia de Nick (McCarthy) estudiaba un curso por debajo nuestro”, recuerda. “Conoci a Paul (Thomson) por su otra banda, Pro Forma. Y Alex (Kapranos) era un amigo. Solíamos quedar juntos todos”, apunta Hempton. Paul Thomson recuerda aquella noche con claridad. “Fue la noche de la final de la Liga de Campeones, lo que hizo que la gente viniera tarde. Solamente hicimos cuatro canciones y volvimos a repetirlas otra vez para que nos escuchase la gente que llegó tarde. Esos cuatro temas acabaron en el primer disco. Fueron Michael, Auf Asche, Jacqueline y Tell Her Tonight.

Celia Hampton

Dos años más tarde, en 2004, vería la luz Franz Ferdinand, un disco que vendió 3.600.000 copias de la mano de Domino en todo el mundo, 1.270.000 de ellas en el Reino Unido. “Nosotros solamente sabíamos que teníamos un buen grupo. Yo antes había tocado en grupos como Pro Forma y Yummy Fur, así que sabía que lo que suele suceder cuando sacas un disco es que te vayas de gira durante una semana para darle vida por ahí. Tratas de escaparte de la cita del paro durante esos días para acabar durmiendo en suelos y emborrachándote en distintos lugares”, comenta Thomson al respecto. Ahora bien, el batería le da todo el crédito a Alex Kapranos, puesto que fue él quien realmente motivo al resto de miembros del grupo de que algo podría ocurrir con Franz Ferdinand. “En aquel momento, Alex daba clase de informática a refugiados y ancianos. Cuando empezamos con esto él era el único que tenía un buen puesto de trabajo, un piso, una hipoteca y todo ese rollo. Había renunciado a sus ganas de ser músico porque creía que nunca iba a suceder, por eso nos empujó tanto cuando nos juntamos los cuatro. En cuanto a mí, vivía al día. Yo estaba sin techo y dormía en el salón de casa de Alex, sin ningún plan de vida a largo plazo. Cuando todo empezó a moverse se puso en plan ‘esta es mi última oportunidad con esto’. Así que puedo decirte que nada de esto hubiera ocurrido si no fuera por su determinación y su espíritu de unidad”.
El hecho de tocar continuamente en lugar de buscar activamente un contrato discográfico como hacían muchas otras bandas sirvió para no obstaculizar su evolución en la forma en la que les ocurría a otros, tan obcecados por conseguir el éxito. “Queríamos sacar el máximo dinero posible de los conciertos para pagar la grabación de un single y venderlo nosotros mismos. Hacer una tirada de quinientas copias en vinilo de siete pulgadas, ese era el plan. Supongo que por eso nos fuimos con Domino, porque era un sello independiente”.

Thomson recuerda como, con la banda generando la atención de los principales sellos discográficos, Domino llegó a ficharles. “Serge, su gerente, se reunió conmigo y me dijo que estábamos al mismo nivel que Pulp o The Stone Roses. Yo pensé ‘jódete, tonto del culo de Londres”. Vino a vernos al local de ensayo y estábamos todos bastante nerviosos. Ya sabes, tener que tocar nuestras canciones a una persona que había venido desde Londres para vernos”. Aunque no todo fue un camino de rosas. “Recuerdo que nos dijo en plan ‘chulo’. Luego vamos a tomar unas copas, que Alan McGee (el jefe de Creation Records y el hombre que descubrió a Oasis) pincha en el 13th Note Cafe y os he puesto en la lista’. En ese momento le respondí ‘ah, pues Alex y yo estuvimos trabajando allí durante seis años, así que no necesitamos estar en la lista, ni hostias (risas)”.