John Maus la ha liado todo lo que puede liarla un minúsculo hype de la música alternativa cuando habla de un colectivo que se encuentra cerca de la desaparición, el tendero de discos. En una entrevista en Pitchfork Maus dijo que… “No te imaginas lo feliz que me hace que haya llegado el día en que las tiendas de discos desaparezcan. ¿20 $ por un disco? […] Ahora lo tenemos todo gratis y eso es maravilloso. Para mí hay algo bastante deprimente en las tiendas de discos y también en las de equipos de sonido. Había algo opresivo en ellas, como el tipo que te mira arriba y abajo y examina lo que estás comprando”. Luego ha matizado estos comentarios en un texto largo que puedes leer aquí. Supongo que enfrascado como estaba en la polémica le faltaba tiempo y por eso nos dio plantón telefónico a los medios españoles el día que tenía entrevistas telefónicas concertadas. Esto último, por si alguien no se ha dado cuenta, es pura ironía…

 

Reconozco que me decepciona un poco Maus. Sin conocerle de nada y ciñéndome exclusivamente a su música y a los escasos datos biográficos que se conocen sobre él (profesor universitario de Ciencias Políticas, licenciado en Filosofía) le hacía menos inocente. Sobre todo cuando rematando ese texto aclaratorio concluye “el que alguien reaccione ante algo que yo he dicho es una novedad para mí , y me preocupa el que pueda haber hecho un mal uso de esa novedad”.

 

Precisamente leo esto cuando dejándome llevar por la nostalgia y tras investigar un poco por la red encuentro un grupo de homenaje en Facebook a Oven Ready Records (sí, soy un puto snob al hablar de una tienda perdida en una ciudad inglesa que para colmo era tan poca cosa como Aylesbury. Qué pasa…). Para mí aquel rincón que he podido rememorar gracias a las fotos del grupo y dándome un pirulo por el Google Street (ahora su lugar lo ocupa una inmobiliaria), es el paradigma de todo lo que durante un tiempo representó una tienda de discos: la ilusión de ir a dejarse allí el sueldo y no poder llevarte más que una centésima parte de los discos que deseas con pasión; estar pendiente en el Melody Maker de la fecha de un lanzamiento para salir corriendo ese día en busca él –eso, concretamente, ocurrió allí con el “Dirty” de Sonic Youth-; encontrar un disco que nunca habías tenido entre las manos y ni siquiera sabías del todo cómo iba a sonar –por ejemplo aquella edición pirata del segundo de Neu! a un precio digamos que subidito…-; darle la matraca a un confundido dependiente para que escuchara una cinta con ese grupo indie de tu país del que eras fan fatal – Penélope Trip, cómo no…-. Todo eso que pone de los nervios a Maus de sólo pensar en ello, escenas retratadas con más o menos fortuna en “Alta fidelidad”, todavía forma parte del paraíso perdido…