2.– Pablo Und Destruktion

Predación

(Sonido Muchacho)

(ROCK) El trueno y la pasión están aquí, igual que el fuego, excavando hasta el centro de la tierra (Salario Social) y cortando de raíz cualquier posibilidad de aguardar en la superficie para ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Porque Predación es amor, pero no entendido como afecto pasivo, sino como actividad. En El arte de amar (1956), Erich Fromm, uno de los autores clásicos de la Escuela de Frankfurt, mantenía que “en el acto mismo de dar, experimento mi fuerza, mi riqueza, mi poder. […] Me experimento a mí mismo como desbordante”. Esa demoledora vitalidad es la que se manifiesta en estas canciones de barroca exuberancia, tanto en el ardor como en la angustia (no es casual la elección para la portada de El Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini), lanzando incómodas proclamas y dejando que la tormenta se anuncie hasta en los momentos de aparente calma (A la mar fui por naranjas, recuperando el gusto por el cancionero popular, como antes había hecho con El pozo María Luisa).
Años atrás, Pablo Und Destruktion había retratado a la España desdentada que disimula los moratones con maquillaje barato; un país, añade ahora, “de puticlubs, farlopa y jubilados”. Precariedad y conformismo avanzan a la par, como en el Sentido del espectáculo de Biznaga, poniéndonos frente al espejo de nuestras miserias. Las herramientas no son nuevas: rock de maneras turbulentas, teatralidad y folk industrial; pero el incendio se antoja más devastador que nunca, valiéndose de acelerantes (El enemigo está dentro, Conquistarías Europa) para acabar haciendo un postrero llamamiento a la fraternidad (Herejes) como antídoto frente al individualismo. El amor adora la velocidad, vuelve a decir en esta última canción, casi en clave de western; y completa la frase, en medio de las llamas, con unas palabras que, más que a salvación, suenan a epitafio: “El amor es el premio de los temerarios”. Enrique Peñas