2016, todavía esperando soluciones

El 2015 se cerraba con una gran noticia para la música en directo en nuestra ciudad: la aprobación en la Asamblea de Madrid de una ley que permitía el acceso de menores a conciertos. Y a lo largo de este año se ha hecho efectiva esa normativa, absolutamente necesaria para que los chavales de hoy (los adultos del mañana) se acerquen e incorporen a la música con absoluta normalidad. Esa es la buena noticia para las salas de conciertos en un año que, por lo demás, no ha respondido a las expectativas puestas en el nuevo Ayuntamiento.

La situación jurídica de las salas de conciertos sigue estancada y la parálisis no beneficia ni a vecinos ni a los propietarios, músicos y profesionales del sector. No se ha desarrollado una normativa definitiva sobre los requisitos que una sala debe cumplir para obtener su licencia, lo que provoca casos tan lamentables como el cierre de la mítica El Templo del Gato, un local que ha afrontado reformas periódicas para cumplir con las cambiantes exigencias de la Administración hasta que simplemente no ha podido más. Las normas Mediambientales y Urbanísticas siguen limitando los aforos en el centro a 49 personas, una cifra ridícula. Aquellos que exigen su cumplimiento desde el Ayuntamiento son los mismos que han convertido Madrid Centro en un infierno para los sufridos vecinos de la zona, con peligrosas e incómodas aglomeraciones en espacios públicos y locales comerciales que, de forma inexplicable, no se someten a esas mismas normativas de seguridad, ruido o salubridad. Madrid camina inexorablemente hacia el modelo de ciudad-franquicia.

Y en ese escenario un rayo de luz: la aparición de Mad Cool, ese gran festival que se demandaba en Madrid desde hace años y que con su emplazamiento en La Caja Mágica demuestra que en nuestra ciudad sí hay espacios adecuados y cómodos para el público donde celebrar este tipo de eventos. Lo único que hace falta es voluntad. Luis J. Menéndez