Lázaro, el personaje bíblico al que Jesús resucita en su lecho de muerte, bien podría ser una metáfora autobiográfica de la capacidad innata de David Bowie para revivir una y otra vez. “Lazarus” es precisamente el título del segundo adelanto de su nuevo álbum “★” (RCA, 16), que se pone a la venta en todo el mundo hoy día 8 de enero, coincidiendo con su 69 cumpleaños.

A lo largo de sus más de cuatro décadas de dilatada carrera, muchos han sido los momentos en que Bowie se ha inmolado a sí mismo para volver a renacer al poco tiempo con una nueva identidad. Major Tom, Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el delgado Duque Blanco… múltiples alter-egos que el artista ha ido sacrificando en su particular altar inconformista. Un proceso de renovación constante que hace de su obra una de las más interesantes, influyentes y extraordinarias de cuantas ha dado la historia de la música pop/rock.

En este estado de perpetua muerte y resurrección, Bowie ha conseguido convertirse en un enigma en sí mismo. Una construcción artificial que esconde un portentosa fuerza creativa que nos obliga a preguntarnos continuamente quién es en realidad el hombre detrás de todas esas máscaras.

Probablemente nunca llegaremos a conocer la respuesta exacta, pero con motivo de su nuevo trabajo hemos decidido hacer un repaso histórico a todas esas muertes simbólicas (y sus posteriores renacimientos) de las que Bowie ha sido protagonista desde que comenzara su carrera, allá por 1967.