De vez en cuando nos gusta montar charlas entre músicos para compartir puntos de vista y descubrir qué opinan más allá de las habituales entrevistas promocionales. Esta vez hemos decidido reunir a Lolo González (Hazte Lapón) con Genís Segarra (Hidrogenesse). Y este texto es parte del resultado de la conversación moderada por Joan S. Luna.

Empezaremos por algo sencillo. Obviamente, ambos creáis música y lleváis muchos años creándola, así que vamos a acudir a un tópico. Necesitáis hacer música para vivir en equilibrio. ¿Qué tiene esta frase de cierto?
(Genís) Empezamos bien…
(Lolo) No sé si lo definiría como una necesidad…
(Genís) A ver, yo empecé a pensar en crear música de niño, o sea que sí, es vocacional, si es eso lo que preguntas.

Sí, en cierta manera sí. Yo empecé a escribir vocacionalmente porque me gusta comunicar…
(Lolo) En mi caso es algo similar, sí. Siempre he fantaseado con tener un grupo, mucho antes de tenerlo. Y luego, desde los dieciocho años, he estado formando parte de grupos. Supongo que la idea de contar cosas es incluso anterior. La asociación de esa idea narrativa con una melodía surge después.
(Genís) Yo no formé grupos hasta mucho más tarde. Antes hacía música solo, pero no canciones enteras. Me dedicaba a programar ritmos, a aprender a usar la tecnología, a hacer arreglos…
(Lolo) ¿Y contar cosas?…

Genís, es una pregunta para tí.
(Genís) Lo sé, lo sé… Pues primero estaba el placer de la música en sí, pero no hacía canciones porque no sabía juntar lo de contar cosas (que había ensayado ya, escribiendo mucho de adolescente) con lo de las melodías.

Cuando yo te conocí, Genís, pensaba que eras una especie de clubber, pero no me encajabas en la idea de músico a la que estaba acostumbrado. Hasta que un día nos dijiste a mí y a otros amigos… “oh, vamos a tocar en el Apolo”… ¿Ahí ya tenías claro lo que querías hacer o era pura diversión?
(Genís) La música me transtornaba, no sabía organizar todo eso, era algo más tumultuoso y sin dirección. ¿Clubber? Qué risa. ¡Si fui a clubes fue por la música! Nunca hice amigos ahí, ni otra cosa que no fuera escuchar música.
(Lolo) ¿Ibas a clubes de electrónica sólo a escuchar música?
(Genís) Lo intenté. Por edad me tocó eso: el Sónar y tal. Eran sonidos nuevos, me parecía excitante. Luego me aburrí
(Lolo) Yo es que todo eso lo revisité, pero tarde. Soy un chico de provincias
(Genís) Yo también…
(Lolo) Escuché electrónica empujado por las revistas de tendencias…
(Genís) Yo leía revistas de música. Leía mucho sobre música.
(Lolo) En Málaga lo que funcionaba era el breakbeat. Pegó mucho, pero aunque iba a fiestas, realmente ya en esa época estaba en otras cosas.
(Genís) En Lérida había una escena mod, con sus singles de los sesenta y sus conciertos de grupos mod. Yo cumplí dieciocho años en el año noventa. En los ochenta, de pequeño, escuché los discos que me hicieron tener ganas de hacer música, de tener un grupo. Entre 1989 y 1991 salieron los discos que me hicieron creer que sí, que podía hacer música, y cómo. Tardé años todavía en hacerla, claro.
(Lolo) En mi caso eso ocurrió a finales de los noventa, o ya en 2000. Yo en el noventa tenía solamente ocho años. De hecho, todo el indie y el grunge lo pillamos a posteriori. Fuimos hacia atrás. Lo que yo vi nacer, propiamente, fue el inicio de The Strokes, pero, como ya me gustaba The Velvet Underground, me parecían un rollo y no me los tragaba. ¿Cuáles fueron esos discos, Genís?
(Genís) Pues los debuts de Saint Etienne, Dee-Lite… cosas así, medio electrónicas, medio retro, muy 1991. 1991 es mi año favorito de la historia del pop.
(Lolo) Hombre, es un año muy bestia, sí. En 1991 pasaron muchas cosas, “Nevermind” aparte… Massive Attack, My Bloody Valentine, Screamadelica

Genís, ¿qué pensaste tú de Nirvana en 1991?
(Genís) No pensé mucho sobre ellos, la verdad. La portada era muy fea, por todas partes. Las canciones eran pegadizas y atractivas, pero no escuché el álbum.


¿Y te interesaba lo que se hacía por aquí?
(Genís) Sí, lo que se hacía aquí me interesaba también, claro. Entonces y ahora. En 1991 salió el “Salto mortal” de Fangoria.
(Lolo) ¿En ese momento había poco techno-pop hecho por aquí, no?
(Genís) Techno-pop había, pero algo así tan moderno y tan contemporáneo de su año, nada.
(Lolo) Hombre, en mi caso lo que ya viví fue todo el boom del indie de los noventa. Creo que con dieciséis años me compré el recopilatorio aquel de Pepsi. Me pilló todo el boom de Dover. Mi primera novia era muy fan de Dover… Fue el primer concierto al que fui en mi vida, pero ya iba en actitud descreída, para hacerme el interesante, dispuesto a decir que cantaban muy mal. ¿En el 91 que te interesaba de lo que se hacía aquí?
(Genís) Claustrofobia, por ejemplo, me fascinaban. Su disco “Un chien andaluz” es de 1989 y me encantaba.
(Lolo) Claustrofobia… soy incapaz de situarlos en un contexto. Me parece que están fuera de todo contexto posible. No imagino como os llegaba algo así, por qué vía os llegaba…
(Genís) Bueno, antes del indie, toda la música “no mainstream” llegaba a la vez…
(Lolo) En el 91 en España más que indies había unos pocos heterodoxos, ¿no?
(Genís) Eso era.
(Lolo) Y lo que te decía… ¿Cómo llegábais a esa música?
(Genís) Revistas como Rockdelux; radio también, claro, pero yo soy más de leer sobre música que de escucharla. ¡Surfin’ Bichos salían por la tele! Me acuerdo perfectamente.
(Lolo) Tengo amigos de Málaga mayores que yo que llegaron a Surfin’ Bichos porque estaban suscritos a catálogos, pero yo pasé de las tiendas de CD y los mix en cinta a investigar bajando cosas con el Napster.

¿Y cómo llegas al trabajo de Genís?
(Lolo) Pues llegué a Astrud a través de un CD que regalaban…
(Genís) Ah…
(Lolo) Salía “Cambio de idea”, pero en su momento no me gustó nada porque yo estaba muy del rollo guitarras distorsionadas, frías. Por esa época también descubrí en un recopilatorio que tenía un primo mío a The Smiths. Luego un día escuché en la radio “Hay un hombre en España” y me quedé muy impactado.
(Genís) Yo también quedé muy impactado cuando se nos ocurrió.
(Lolo) Entonces empecé a revisar la obra de Astrud y cuando oí “Miedo a la muerte estilo imperio” ya no había marcha atrás. Estuve obsesionado con esa canción. Supongo que inventarla es aún más impactante, es como idear un suicidio.
(Genís) Destruir, crear… cuando coinciden las dos cosas es genial.
(Lolo) Bueno, yo es que a vosotros, a Austrohúngaro en general, siempre os concibo –si me pongo un poco estructuralista- como los primeros post-indies. Ya ahí parecía que había tanto de crear como de destruir.
(Genís) ¿Los primeros? No sé. Desde luego, indies no éramos.
(Lolo) No sé si los primeros. Ten en cuenta que yo me hago una figuración a posteriori. Pero el primer movimiento significativo anti-indie.
(Genís) Ya, pues digamos entonces que “los mejores”.
(Lolo) Los más relevantes, si atendemos a los criterios de “la prensa”.

Perdonad, pero voy añadir una elipsis temporal muy cinematográfica… Yo creo que Genís e Hidrogenesse mantienen esa llama viva y que Hazte Lapón han bebido algo de ahí… ¿Os veis como seres alejados del mundanal ruido que supone lo que os rodea, musicalmente hablando?
(Genís) Hay un esfuerzo por alejarnos, claro.
(Lolo) Bueno, evidentemente Astrud nos han influido mucho, y también Hidrogenesse, aunque en menor medida. Pero siempre hay que intentar aportar algo singular.
(Genís) Si no, ¿pa qué?
(Lolo) Bueno, hay gente que no lo ve así, que lo que quieren es hacer una copia perfecta del sonido que les gusta, que quieren que las cosas suenen exactamente como los grupos que les gustan. Y hay un público que tolera perfectamente una copia más. A mí me resulta muy sorprendente, pero entiendo que no es un criterio más valioso que el mío. Es decir, el arte se construye siempre a partir de dos elementos. Uno es copiar lo previo, otro es aportar algo nuevo.
(Genís) Ah, sí. Eso me irrita. Pero he aprendido que la música puede ser mil cosas y tener mil usos, y que hay gente para todo y bla bla…
(Lolo) Claro, a ti y a mí nos irrita, quizás porque nos aburrimos con facilidad.
(Genís) Es más un tema de vergüenza ajena. No solamente en la música, eh…
(Lolo) Al menos eso es lo que me pasa a mí. Escucho un grupo y tiene unos pocos minutos para sorprenderme, al menos un poco. Ya sea por el uso de las frases, por la melodía, por la estructura, pero si no me mueve nada pronto, no hago grandes esfuerzos. Como decía el crítico literario Harold Bloom en El canon occidental, “nuestro tiempo es limitado como para perderlo en mala literatura solo para poder decir que es mala”.
(Genís) Aplicable a la música, sin duda.
(Lolo) Mucho mejor centrarnos en lo bueno. Es una cuestión de economía de recursos. Pero claro, no digo lo bueno en un sentido canónico, sino lo bueno para mí. Lo que a mí me gusta o me sorprende.
(Genís) También se aprende de las cosas malas, feas. Quizás no sea la palabra justa “aprender”. Yo siempre he disfrutado de “odiar”, por ejemplo. Como vuestra canción. Quizás no sea la palabra justa “disfrutar”.
(Lolo) Claro, pero a la música desagradable siempre estamos expuestos. A un libro malo no, pero a la música sí. Es decir, que “ella te llega a ti”. No requiere un sobreesfuerzo. Claro, “odiar” en realidad no va de odiar, sino de permitirse odiar. Es justo eso.
(Genís) Por eso, permitirse ese placer malsano de disfrutar odiando.
(Lolo) Entre mis amigos soy conocido precisamente por mi escasa diplomacia para con lo que no me gusta. Pero es que esforzarse en que algo te guste, eso sí que es perverso. Es un acto de virtuosismo atroz. Yo antes lo hacía, pero es una de las cosas que felizmente he dejado atrás con la “madurez”.
(Genís) A mí me intentaron convencer de que es más práctico disfrutar con lo que te gusta, y no hacerlo con lo que no te gusta.
(Lolo) Además, es que burlarse de lo que no te gusta es muy divertido. Es decir, el humor básicamente tiene ahí su origen. Si no, ¿para qué querríamos el humor?

Imagino que, cuando habláis de mala música para vosotros, tiene mucho que ver con el hecho de que no tenga personalidad propia…
(Lolo) Cuando hablo de mala música, hablo de algo que no aporta nada por ninguna vía. Pero hay muchas vías, hay instrumentistas espantosos con gran capacidad para conmover.

Genís, vamos a complicar la cosa. ¿Te gustan Hazte Lapón?
(Lolo) ¡Oh! ¡No me hagas esto!

Hombre, esta os la esperábais (risas)
(Genís) Me parece muy violento esto. Soy tímido.
(Lolo) …más a mí (risas). Pero contesta sin tapujos. Soy un hombre fuerte.
(Genís) Me gustan y no. Me gustan cosas que han hecho y otras no. Me gusta cómo hacen algunas cosas, otras no. O sea, hacen algo que no me gusta, pero haciendo eso han hecho cosas que me gustan. He aprendido que hay mil maneras de disfrutar una (mi) música, algunas que se escapan, otras que entiendo pero no comparto y otras que me sorprenden. Sería ideal que gustara por los motivos por los que la haces, pero ay, qué difícil. Por ejemplo, he aprendido a no ofenderme cuando me dicen elogiosamente que hago pop de Casiotone.
(Lolo) Bueno, es que efectivamente a la gente puede gustarle algo que haces por los motivos más estrafalarios. Lo que emociona más, supongo, es que alguien cace algo de tu intención. Pero con ese público que lo pilla no se puede vivir. Porque por otro lado, nadie quiere hacer música para un público reducido. Aunque hay gente que lo diga, o incluso que se lo crea, no es verdad.

¿Entonces sois de los que hacen música para vosotros o para la gente?
(Lolo) Yo hago música para la gente, claro.
(Genís) “Para nosotros” no procede aquí y lo sabes.
(Lolo) Si las canciones fueran para mí, no las publicaría. Mi escritor favorito es Vladimir Nabokov; él escribía libros para sentirse malinterpretado. Es decir, los escribía para luego decir que nadie había entendido nada. Bueno, más o menos. Pero escribió un éxito como Lolita que le permitió vivir holgadamente toda su vida. Con todas sus contradicciones internas, creo que esta anécdota lo explica todo.
(Genís) “Para la gente”, me uno a eso. Lo mejor es cuando la gente usa las canciones que haces. Les da un uso propio, para recordar un asunto, para celebrar algo, para insultar a alguien, para casarse, para cocinar acelgas…

Yo he estado en una boda en la que sonó Astrud, así que es prueba suficiente y contrastada de que eso ocurre (risas).
(Genís) Ah sí, lo sé. Como además de grabar música también la edito en Austrohúngaro, he conocido muchos usos de canciones de Chico y Chica, Astrud, etcétera.
(Lolo) Y yo estoy de acuerdo en eso. Quizás suene a populismo barato, sin ser yo nada de eso, pero una vez sacas una canción, pertenece ya a quien la escucha. La puede usar como quiera. Ya no tienes el control. Y eso es, en el fondo, lo mejor. La cura definitiva al narcisismo.

¿Es lo mejor que puede sucederle a un músico?
(Genís) Lo mejor que puede sucederle a un músico es tener público. A partir de ahí, ya cada uno con sus cosas.
(Lolo) Lo suscribo.
(Genís) ¿Puedo irme ya a cenar?…