Continuamos nuestra serie sobre los estudios de grabación del mundo, dedicándole una parte entera al estudio de Steve Albini en Chicago, uno de los más influyentes de los últimos veinte años.


Este 2017 que acaba de terminar se han cumplido dos décadas desde que el músico e ingeniero Steve Albini levantó su propio estudio en una vieja fábrica de Pinball en el 2621 de West Belmont Avenue, Chicago. En sus salas ha grabado a centenares de bandas y este espacio ha adquirido una reputación cuasi mítica, que se mantiene o acrecienta: Ty Segall, The Cribs, Ben Frost, Metz… el trabajo se ha acumulado últimamente en Electrical, que sigue haciendo honor al indomable espíritu laborioso de la ciudad norteamericana. Una de las más musicales del país, por cierto, y por tanto, del mundo.

Aunque el ingeniero de sonido y músico “anti-productor” se había labrado una sólida reputación desde mediados de los ochenta capturando la esencia de bandas del underground, filosofía frontalmente opuesta a la sobreproducción clínica que se puso de moda entonces, no fue hasta 1997 cuando levantó su propio estudio. Hasta entonces, había trabajado en lugares como Pachyderm, referencia clave para la escena alternativa seminal de finales de los ochenta y primeros noventa. O en su propia casa, donde la situación se hizo insostenible.

En estos cuatro lustros de frenética actividad, Electrical se ha convertido en referencia planetaria de lo que debe ser un estudio de grabación, al margen de modas y tonterías varias. Probablemente, sólo los venerables Abbey Road de Londres (ver especial anterior de esta serie) han sido tan influyentes. Albini y su equipo tardaron seis meses en construir su nuevo hogar, poniendo atención obsesiva a la acústica natural desde los mismos cimientos. Capturar el ambiente de las salas para enriquecer el sonido, en lugar de editarlo intensivamente a posteriori, es una de las máximas del ingeniero, que sigue grabando exclusivamente en cinta magnética. El mismo sistema que revolucionó las técnicas de grabación en los últimos años cuarenta, y que ha llegado hasta nuestros días.

Lo mejor a precios asequibles

Siguiendo la estela de calidad de los grandes estudios históricos pero a precios sorprendentemente bajos (filosofía que le ha permitido vadear la formidable crisis que afectó a la música grabada), Electrical cuenta con dos grandes espacios (Studio A y Studio B), además de habitaciones residenciales. Studio A, el más conocido, cuenta con una gran sala de 110 metros cuadrados bautizada como Center Field y una mesa Neotek de 48 canales en el control, y otros dos espacios, bautizados con el humor habitual de la casa: Alcatraz suena muy seca, mientras que Kentucky es viva. La colección de micrófonos y el equipo que alberga es, como se puede ver en su web, de primer nivel. Pero la diferencia, como siempre sucede, la marcan los humanos que trabajan allí. Sobre todo, Albini y su segundo de a bordo, Greg Norman.

La huella de Albini (y desde el 97, su estudio) sobre gran parte de la música alternativa que se ha grabado en la últimas décadas es muy profunda. Especialmente la de su país. Incluso cuando las cosas no salen bien. Es casi legendario el fiasco con Fugazi, en la fase preliminar de In All The Kill Taker de 1993, que la mítica banda de Washington acabó grabando con su habitual técnico Don Zientara; las maquetas circulan por Internet y Albini recuerda hoy sonriendo que a McKaye y compañía, de camino a la Costa Este, lo que había grabado no les gustó nada; en su opinión, se implicó demasiado emocionalmente, lo que afectó al resultado.

En muchos otros casos se ha producido una relación simbiótica entre el artista y el ingeniero, de manera que forma y fondo se confunden en un todo indivisible. Pensemos, por ejemplo, en Surfer´Rosa de Pixies, que se mantiene fresco como cuando se estrenó hace ya treinta años. La estética austera y realista de sus grabaciones, sus técnicas clásicas y el énfasis en la interpretación por encima de efectismos varios y demasiados recordings (detalles grabados a posteriori), envejecen mucho mejor que las producciones a la moda. En una palabra: por los discos grabados en Electrical Audio no pasan los años, o pasan mucho mejor. Y ése fue uno de los objetivos primordiales que se marcó el ingeniero (y periodista) de Montana, que sigue despreciando el volátil e impredecible mundo digital. En sus propias palabras, “en el entorno digital no hay equivalente a un máster en cinta que puedas guardar en una estantería, y que pueda reproducirse en veinte, cincuenta o cien años. En un sentido muy real, en una sesión digital todo se considera un producto con fecha de caducidad. No hay una cosa final que pueda ser almacenada y a la que te puedas referir en el futuro”.

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